Obituario

Un artífice de sueños y abrazos

Iván Nogales, el impulsor de Teatro Trono y de fundación COMPA, demostró a lo largo de su vida que sin sueños es imposible cambiar una realidad. Su partida, el pasado jueves, dejó todo un legado que será resguardado por los jóvenes del elenco que llevó adelante por tres décadas.
domingo, 24 de marzo de 2019 · 00:00

Carla A. Hannover V.  Periodista

—Buenos días, doña Mercedes 
—Buen día, Iván, quiero contarle algo sobre Jasmani… 
Sonrío celebrando mi clarividencia.
—Es –dice pausada–, es que él hace tiempo ha cambiado mucho, y, ¿sabe?,  poco a poco nos está cambiando a todos en la familia, usted sabe, Iván, cómo somos de piedras en el altiplano, nunca nos tocamos, no nos acercamos. No se qué hacen ustedes en su teatro… sé que hacen ejercicios raros, pero el Jasmani vino a abrazarnos de golpe, y poooco a poco en la familia nos abrazamos harto ahora… sólo quería agradecerle, Iván, porque usted, ustedes, nos han regalado tantos abrazos.

Iván Nogales Bazán 
(1963-2019)

   
  La historia de Iván Nogales, el  director, el artífice y el  ajayu  de lo que hoy es  Teatro Trono y la Fundación COMPA, puede resumirse en dos imágenes: la del abrazo y la del soñador. Como todo ser humano excepcional, Iván abrazó sueños, abrazó  el teatro y desde ahí abrazó  a  decenas de jóvenes –algunos de la calle, otros del barrio y otros de más allá de nuestras fronteras– para transformar sus vidas a través de la experiencia teatral.

Iván  dejó este mundo a sus 55 años. Según cuenta Luis Montoya,  uno de los jóvenes que es parte del elenco, un fulminante  infarto le visitó la madrugada del 21 de marzo, en vísperas del estreno de La Plaga, obra con la que celebraban 30 años  de incansable trabajo.

 

La chispa que detonó sus sueños

En   1982 Iván aún  era  estudiante de sociología. “Un día quedé  cautivado al ver  un elenco de teatro callejero. Me impresionó ver cómo  las cosas escritas en tremendos compendios filosóficos o sociológicos se condensaban –en pocos minutos– en  objetos, en  gestos, en el lenguaje corporal”, recordó el director de Teatro Trono una semana antes de su partida en conversación con Página Siete. 

Esa escena fue la chispa que encendió quizá su principal sueño: hacer de la práctica teatral una experiencia liberadora, pero ante todo transformadora. Esa escena fue también la primera de muchas lecciones que tomaría, pues  desde ese momento se convirtió en un  autodidacta de las artes escénicas. “En los tiempos en los que había decidido iniciar mi  cruzada no habían escuelas de teatro en el país. Durante  años aprendí viendo”, contó.

 Años después, en 1989 vio que todo ese conocimiento recogido podía ser compartido con otros. 

 De esa forma fue que entró a trabajar a Centro de Diagnóstico de Varones (CDTV), donde  encontró a siete muchachos de la calle con los que más adelante fundaría Teatro Trono. “Cuando el grupo de teatro empezó conmigo nunca me imaginé el efecto que iba a tener este experimento. Pero los chicos, quizá porque no tenían nada que perder, agarraron el teatro y lo llevaron a un nivel que no había imaginado”. 

 A lo largo de su vida, Iván  demostró “que sin sueños no se puede vivir bien, no se puede cambiar una realidad adversa  como la que él enfrentó con los jóvenes de su alrededor”, contó la periodista cultural Mabel Franco.  

  Tiempo después de iniciar su cruzada teatral en el  centro de rehabilitación de jóvenes, Iván  tomó la decisión de llevárselos. De esa forma una noche de 1989 en las entrañas de un barrio minero de  El Alto  nacía Teatro Trono, cuyo centro de operaciones era un  cuarto de  seis por tres  metros  donde había colocado ocho payasas. En ese cuarto  él había vivido  casi toda  su vida junto a su  madre y su hermana. “Las tuve que exiliar  a la casa de mi tío”, recuerda entre sonrisas. “No tenía dónde llevarlos, así que le dije a mi mamá que me preste el cuarto por  unas semanas”. 

Esas semanas se convirtieron  en meses y esos meses en años. Ese frío cuarto con el tiempo se convirtió en  un colorido y original  edificio de siete pisos, que es quizá el testimonio de que los sueños se hacen realidad.  “Te aseguro que este edificio es más visitado que los cholets”, dijo  Iván orgulloso y es que la sede de la  Fundación COMPA  resulta ser una experiencia para los sentidos.

Iván fundó un teatro con siete jóvenes  y hoy ese elenco reúne  a más de medio centenar de niños, adolescentes y jóvenes que sin duda van trabajar por hacer realidad los  sueños que deja.  “Tenemos una puesta en escena sobre Warisata, tenemos un viaje a Argentina en el marco del Encuentro Cultura Viva y Comunitaria y tenemos la construcción del pueblo de creadores”, contó  Sergio Luis Mamani, otro miembro del elenco de teatro Trono. “Ahora toca tarbajar para no dejar esos sueños en el olvido”.      

El rey de los abrazos

Al inicio del libro Teatro Trono, búsqueda hacia  y desde la descolonización del cuerpo. Arte que se hace abrazo, Iván daba cuenta sobre   los abrazos de Jasmani que transformaron su cotidianidad  y la  de su familia.  “Queremos ahora ampliar el significado de la transformación de ‘ser piedras’, a ser piedras que abrazan, y ser abrazos permanentes”, escribió el director de Teatro Trono  en  ese texto. Y es que si  hay algo en lo que Iván era un experto era en abrazar y quizá el abrazo fue uno de los pilares sobre el que construyó su discurso sobre la descolonización del cuerpo. “Descolonizar el cuerpo pasa por el contacto con el otro y probablemente el abrazo es la sensación más próxima que tenemos y la más calurosa”, comentó Sergio.

 Por ello es que  cada actividad del Teatro Trono  no iniciaba sin antes darse  un abrazo, contó el joven actor. “Sin el Ivancho ahora vamos a tener que abrazarnos mucho más fuerte para seguir avanzando juntos”.

 

 

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