Patio interior

Los garabatos de la crueldad

“En el principio fue el garabato”, dice el autor, y dedica su artículo a examinar el tema, recordando además el teatro de la crueldad de Artaud.
domingo, 14 de abril de 2019 · 00:03

Juan Cristóbal Maclean E. Poeta


La definición de garabato puede ir desde lo más decepcionante: “letras y rasgos mal formados”, “escritura mal trazada”, (Larousse) hasta algo más educado, como “rasgo irregular hecho con un instrumento para escribir o dibujar” (RAE). 

Pero, de todas formas, ¿acaso se puede esperar algo de un garabato, o qué más de sí puede dar nada más que un garabato, un garrapateo? ¿Y qué crueldad encima puede  achacársele, a algo tan inane? 

En todo caso, desde lo impropiamente escrito a mano, es decir lo i-legible, desde lo trazado en el grafiti de una pared o garrapateado al borde de un cuaderno, hasta los cuadros de Wols, Antoni Tapies,  o CyTowmbly*, el garabato ha recorrido  un camino tan largo como el de la pintura misma. Cuenta entre sus honores, o desdichas, el de ser el antónimo de la caligrafía, con la que sin embargo está fuertemente emparentado. La letra, en efecto, nunca dejó de acecharlo. De ahí, también, su relación con el lenguaje –aunque no le ceda sitio, aunque ocupe entonces y correspondientemente, la posición del tartamudeo y de la afasia.

En cuanto a su relación con la crueldad, ésta se suscita  allá donde el garabato se cruza o colisiona con la letra (por tanto con el lenguaje) y, justamente, no resuelve nada a favor de ésta. Más bien lo que hace es abandonar la representación (clausurándola) y funda, en la página o el lienzo, un nuevo espacio reacio a su determinación,  más próximo al silencio y al vacío.

El proyecto de un teatro de la crueldad que imagina y esboza Antonin Artaud, a su vez, pasa por alejarse del guión y del texto, es decir de la letra (“Renunciaremos a la superstición teatral del texto…”), o las instancias que determinan su carácter representativo, al que se trata justamente de ‘clausurar’,  para otra vez retomar la expresión de Derrida, cuando aclara que “EI teatro de la crueldad no es una representación. Es la vida misma en cuanto ella tiene de irrepresentable. La vida es el origen no representable de la representación”. Y cita a Artaud:  “He dicho ‘crueldad’ como habría podido decir ‘vida’”**. 

En sus cartas a Jean Paulhan de 1931-32, Artaud vuelve a exponer y propugnar ese teatro en el que “la literatura se impondrá sobre la representación” (habría que establecer qué se entiende aquí por ‘literatura’, pero de momento dejémoslo pasar) y en el que, sin atenerse a ningún texto-guión o autoría original, acogerá palabras ya no sumisas a su sola  definición, llegará a “un estado más o menos alucinatorio”, propio de un antiguo “teatro sagrado” en que el lenguaje ya no se limita nada más que al lenguaje articulado y de palabras definidas. Quiere extender el lenguaje al espacio y “hacerlo hablar” tomando objetos y cosas como palabras, incluyendo  “ideogramas de la China o viejos  jeroglíficos egipcios”,  añadiéndole al lenguaje otro lenguaje, buscando devolverle su “eficacia mágica”.

Del nuevo lenguaje que así surja “aún hay que encontrar la gramática. El gesto es su materia y la cabeza (…)”.  Este lenguaje “Parte de la necesidad de la palabra mucho antes de que la palabra se haya formado”. De tal manera, “Rehace poéticamente el trayecto que desembocó en la creación del lenguaje” o se trata, en el teatro de la crueldad,  de abrirse a “un impulso psíquico secreto que es la Palabra anterior a los vocablos”.

De la misma forma el garabato, cruel, es anterior a las letras, las precede. Está antes de que la palabra se haya formado, es anterior a los vocablos escritos, a las codificaciones y pertenece a ese mismo “impulso psíquico secreto” en que se guarece todo aquello que no responde al lenguaje articulado, no alcanza a expresarlo y late en los sueños, los mitos, o los espacios “sagrados” a los que quiere volver el teatro de la crueldad.  También dice, de sus dibujos, que estos son parte de “la investigación de un mundo perdido”.

Y los primeros garabatos se habrán trazado, también, en las primeras arcillas de esos mundos perdidos, a punto de perderse. O en la arena de las playas. O en la palma de la mano. O en el tronco de algún árbol.

En todo caso, puede decirse, con toda propiedad: en el principio fue el garabato.

Para ceder a la letra, para dar paso a la escritura, hacia el lenguaje articulado y el alfabeto, el garabato también hubo de perder en el camino, necesariamente, toda esa secreta oscuridad primordial, prelingüística y mágica en que signos y garabatos danzaban cogidos en una respiración mayor y sideral, telúrica. El largo y lento abandono de los dioses empezó, quien sabe, con la primera letra –aunque lo primero que ésta haya hecho fuera dedicarles himnos.

Ahora, en relación al desempeño y la exaltación del garabato a manos de la pintura, a partir de cierto momento, éste fue ampliamente recuperado, con toda su dolorosa crueldad, por ejemplo en los decisivos garabatos  (y nunca fue más justa la palabra) de Wols. Wols. Alfred Otto Wolfgang Schulz de nombre jurídico. Nacido en 1913, fallecido en 1956, lo vio todo y a veces la pasó muy mal en vida, entre tanta matanza. Pintor muy extraño y muy glorioso, practicó el garabato como nadie y lo llevó a su gloria, ya sin vuelta. Algunos de sus garabatos son tan bellos que, por ejemplo, uno de ellos le arrancó este poema a Alejandra Pizarnik:

estos hilos aprisionan a las sombras

y las obligan a rendir cuentas del silencio

estos hilos unen la mirada al sollozo

 

La suerte actual del garabato hallo su culminación (admito que pueda ser una apreciación muy personal) en dos grandes pintores de fines del siglo pasado y principios de éste: Antoni Tápies y CyTwombly. Si el garabato estuvo en el origen del arte, ahora campea en lo que para algunos es su final ¿Pero es realmente así? Otro gran tema…

*  La función de las notas al pie y las referencias, bibliografías, son ahora diferentes. Cuando se trata de pintura, por ejemplo, simplemente se le pide al lector interesado que busque los nombres propios en Internet y mire algunos cuadros… pensar que hasta en su teléfono lo puede hacer…!!

** “El teatro de la crueldad y la clausura de la rerpesentación”. J.Derrida, Anagrama Cuadernos Anagrama, 1976. Para las citas de Artaud: “Le theatr et son doublé” Gallimard 1964.

 

 

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