Pensamiento

Sobreinterpretación de Adela Zamudio

Reseña del libro El pensamiento de Adela Zamudio, de Virginia Ayllón. Molina reprocha a la autora el que lea en la obra de Zamudio algo “que no se encuentra en ella”.
domingo, 14 de abril de 2019 · 00:00

Fernando Molina Periodista 

Uno de los grandes desafíos de la historia intelectual consiste en interpretar a los autores y pensadores antiguos con cabalidad y sutileza, y el cuidado de no “hacerles decir” lo que en ningún caso pudieron decir –por su época, el enfoque de su obra u otras razones similares– y mucho menos lo que el historiador quisiera que hubieran dicho. 

Y es que la historia intelectual puede ser invadida fácilmente de anacronismos, que en algunos casos sacan las ideas fuera de la época en que fueron producidas, en otros las juzgan conforme a los valores de un tiempo distinto o, lo que es más solapado, traducen la codificación que históricamente les corresponde a otra más moderna. 

Por otra parte, la historia intelectual es proclive a la parcialidad, ya que ningún historiador puede absorber por completo el bagaje que tuvo, o conocer totalmente el contexto en el que un pensador del pasado se movió. Por esta razón, el historiador no debe convertir la parte que conoce en “el todo” del pensador. Sin embargo, en la práctica resulta difícil que no lo haga. Todo aquel que ha intentado hacer historia intelectual entiende en qué consiste esta dificultad, que es a la vez expositiva y psicológica.

Si el ideal es que el historiador intelectual se aproxime al pensamiento ajeno con intuición, con empatía, que no incurra en desplazamientos temporales o lógicos muy violentos, la última publicación de Virginia Ayllón, El pensamiento de Adela Zamudio (Plural/Cides), no ha logrado este ideal. Ayllón peca por sobreinterpretar a la pionera del feminismo boliviano. Lee en la obra de Zamudio más de lo que esta dice, estrictamente hablando; antepone sus conjeturas a la letra de los textos con los que trabaja…

Con esto no quiero decir que el libro de Ayllón sea falso, solo que se halla descentrado, como un guion que se actúa de forma exagerada, esto es, que se sobreactúa… Trataré de justificar lo que digo. En uno de sus ensayos. Zamudio pasa revista a los cambios que ha sufrido la mujer desde la antigüedad. Dice que en el tiempo del paganismo, a diferencia de lo que luego pasaría con el cristianismo, la mujer “se educaba para el hombre, no para sí misma”. En cambio, el cristianismo le dio a la mujer “un destino personal, como criatura racional llamada a conquistar una vida superior por la perfección del espíritu”. Ayllón, pasando por alto este contexto, usa la cita “la mujer se educaba para el hombre, no para sí misma” como si Zamudio la hubiera pensado en una forma general e irrestricta, valida en todos los casos.

Otro ejemplo. Zamudio dice que frente a los ataques combinados de la iglesia, los sabios y legisladores, la mujer “bien pudo defenderse con argumentos incontestables; pero no discutió. Obró. La lógica de los hechos le señaló el camino”. En su interpretación, Ayllón usa solamente la primera parte de esta idea (“la mujer bien pudo defenderse con argumentos incontestables; pero no discutió”), para afirmar que con ella la poeta estableció un tipo de mujeres (de los tres que, según ella, Zamudio definió), el tipo de las mujeres que callan su opresión. Callan pero… obran. Algo que Ayllón olvida, distorsionando así el texto zamudiano. 

Por otra parte, me parece que interpretar el trabajo de una autora de principios de siglo XX en términos de denuncia al “patriarcado”, como hace la autora que estamos analizando, es impreciso y confusionista. Y algo más. Zamudio creía que las mujeres que no poseían familia propia podían en cambio amar y proteger maternalmente a otras personas. Probablemente racionalizaba así su propio cuadro existencial. Ahora bien, sacar de esto la conclusión, como hace Ayllón, de que Zamudio se opuso al “amor romántico” –esta categoría un poco rara con la que el feminismo se refiere al amor despersonalizante y tóxico– es suponer demasiado. Me parece que carecemos del suficiente conocimiento biográfico sobre la escritora para llegar a esta conclusión; o, si este existe, Ayllón no presenta las evidencias. 

Los pioneros suelen ser usados por los modernos para establecer su identidad y su tradición. No es casual que René-Moreno sea el boliviano del siglo XIX más biografiado y estudiado: este interés revela un esfuerzo de las élites por crear una literatura nacional. De la misma manera, los estudios sobre Zamudio se han incrementado en las últimas décadas, conforme el feminismo boliviano ha ido, por así decirlo, “echando cuerpo”. Estas apropiaciones  son normales, como también es normal que sean procesos conflictivos, disputas entre  saberes  y en torno a la verdad. Pese a ello, tratar de recuperar con cuidado y precisión las voces intelectuales del pasado nunca dejará de tener importancia para la cultura nacional.
 

 

 

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