Sombras nada más

Desde una rama frágil

Esta semana, Letra Siete reproduce parte del prólogo de la antología Sólo aquello que se vive, del premiado poeta mexicano Marco Antonio Campos, que estuvo de paso por Bolivia.
domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00

Gabriel Chávez Poeta

Con penetrante y pausada pronunciación que dibuja moradas, ciudades, paisajes, siluetas que alguna vez frecuentó, que alguna vez fueron, la voz de Marco Antonio Campos (1949) hace reverberar a las sombras de tiempo que, desde su mirada somos, y con esa mirada las torna, nos torna, sombras en movimiento, presencias que cobran corporeidad en la neblina de la página, allí donde nos internamos, logrando recobrar –en la duración del poema y su estela– una luminosidad perdida.

Pasad y decid que a la tierra / fui fiel, y viví la experiencia / de la tierra. Que a la tierra ahora / vuelvo, pero que aun bajo tierra / entre polvo, cenizas y humo, / oiré a la luna, / a la luz, el sol en alto grito, / ramaje de muchachas quebrándose / como árboles, flores como frutos, / la poesía que cae en el cántaro, / y alzo y bebo, y frescura. Y vi tanto, / oh Dios, vi tanto.

Es verdad que en sus poemas casi podemos sentir el peso (un peso grave a momentos, pero no abrumador) de ese su haber visto tanto. Visto –el poeta elige el verbo cuidadosamente–, no vivido. O vivido –sentimos– como quien siempre hubiera sido un forastero, alguien que pasa o que huye, desertor de la felicidad; que apenas contempla y, desencantado, al cabo vuelca la espalda y se pregunta (y se contesta) ya para qué. Y ese tanto, ese ya, parecieran ser la medida exacta de la resistencia de la memoria antes de vencer los resortes de la romana en que la pesamos.  De la rama en que se posa el pájaro de su voz, una rama siempre punto de quebrarse: (…) con luz dura / como rabia azul, quemado el rostro, / destrozada el alma, desde una rama / frágil al borde del precipicio, / Se escribe.

Allí, en el pináculo de la memoria, que es a la vez inminencia de su sima; en el punto (exacto e inexacto) de tan precario equilibrio, escribe su poesía Marco Antonio Campos, serenísimo funámbulo, como si la memoria, de no ser escrita, pudiera inundarle; cual si escribir poesía fuera un impostergable desbordarse: Se escribe abriéndose las venas / hasta que el grito calla, con llanto ácido / que nace de pronto pues imposible / nos era contenerlo (…)

Hay una estética y una cadencia singulares en sus poemas. Ellos son frutos que se nos ofrecen propicios en la copa, mas cuelgan de árboles que hunden sus raíces en una profundidad a la que nos van guiando como en un plano inclinado; son cantos pulidos con minucioso arte que lima (y al hacerlo realza sutilmente) lo atroz y, al mismo tiempo, es capaz de restituir belleza a la belleza ida. 

A ráfagas hay una poética explícita también, cuando la voz de Campos se vuelve sobre el propio acto de escritura para afirmar y reafirmar que la poesía existe más allá de si misma, que no es un artificio narcisista (repitamos: se escribe abriéndose las venas) y no puede saciarse ni autosatisfacerse de palabras hueras: Se escribe contra toda inocencia / del clavel o el lirio, contra el aire / inane del jardín, contra palabras / que hacen juegos vacíos (…)

Es más, la poesía —postula— debe estar fundada en la vida y además en la vida verdadera, no de postureo intelectualista ni de académica torre de marfil, porque / sólo aquello que se vive, sin mira ni propósito literario / (Cesare Pavese dixit), puede convertirse en un poema—. Para este forastero en la tierra –como tituló hace algunos años Campos su obra reunida–, la poesía está hecha (o debería estarlo) con carne y sangre y sentido, ser escrita con el grito doloroso del tigre lanceado / en el momento de fallar la red, / con gotas de sangre del pecho de las golondrinas / que no lograron completar el vuelo.

Y aunque sabe que la poesía no transforma el mundo material del modo en que algunos quisieran: Las páginas no sirven. / La poesía no cambia / sino la forma de una página (…) La poesía no hace nada. / Y yo escribo estas páginas sabiéndolo; y así esté atribulado por la duda que acaso ronda o carcome a todo poeta, a todo aquel que contempla o huye o está de paso:(…) Pero en serio, es una pregunta en serio para uno mismo o para cualquier poeta / a cierta altura de su edad: ¿valió la pena el sacrificio, valió la pena abandonar / la apuesta de la acción para entregarle la vida a la inutilidad de la poesía?, Campos conoce bien que ella ha podido transformarlo como individuo, transmutar su mirada y otorgarle sentido a su voz que es esa sombra que dibuja otras sombras, otras presencias, dándoles sentido también a ellas cuando ya lo han perdido, si es que alguna vez alcanzaron a tenerlo.

Por si esto fuera poco, sabe también que la poesía puede tocar, conmover al lector, a sus lectores (que somos sombras de tiempo, sombras en movimiento, engranajes de un reloj que se alimenta de aquello que lo desgasta), y que aquella poesía que es capaz de hacerlo resistirá la prueba de la romana del olvido, del verterse de la clepsidra de sangre o de agua, del torrente de la vida gastada, de las vidas gastadas, y podrá de alguna manera secreta hacer al mundo ligeramente más bello / y acaso / también / menos / cruel, como he escrito alguna vez. 

No en vano se pregunta y nos pregunta: ¿Y qué quedó de las experimentaciones, / del “gran estreno de la modernidad”, / del “enfrentamiento con la página en blanco”, / de la rítmica pirueta y del / contrángulo de la palabra, / de ultraístas y pájaros concretos, / de surrealizantes con sueños de / náufrago en vez de tierra firme, / cuántos versos te revelaron un mundo, / cuántos versos quedaron en tu corazón, /dime, cuántos versos quedaron en tu corazón?

Yo también me he hecho la misma pregunta muchas veces, y aunque no sé si esto sirva o importe, puedo decir que hay versos, racimos de versos de Marco Antonio Campos –notabilísimo poeta mexicano, pero más que eso: ya una voz esencial de la poesía contemporánea–, que son moradores (y no forasteros) de mi ajetreado corazón, y que allí quedarán mientras transite esa sombra en movimiento que todavía soy.

 

 

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete. 

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día. 

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

Otras Noticias