El Caníbal Inconsecuente

Retratos de la galantería

Kurmi Soto escribe sobre la serie de fotografías conservadas en el archivo histórico de la Fundación Flavio Machicado Viscarra y recién restaurada el 2018 gracias a los fondos del Focuart.
domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00

 Kurmi Soto Literata e investigadora

A Cristina Machicado, por su invaluable amistad

La historia del siglo XIX es inseparable de un cierto número de invenciones tecnológicas que marcaron indeleblemente la cultura del momento. De todas ellas, la fotografía fue, tal vez, la más representativa, pues dejó una profunda impronta en las dinámicas sociales. 

En este sentido, las cartes de visite constituyen un ejemplo maravilloso de cómo los nuevos dispositivos modelaron los hábitos de la burguesía. En efecto, la aparición de fotografías en pequeño formato permitió que el retrato ya no constituyera más un privilegio aristocrático, sino que se difundiera en otros círculos, deseos de reproducir, a su vez, los usos y costumbres de las antiguas elites. No por nada fue la imagen de Napoleón III la que popularizó esta práctica. De pie, vestido con un traje simple y con la mano en el bolsillo, el oscuro sobrino del famoso emperador francés inauguraba, en la década de 1850, el comienzo de una época. El Segundo Imperio, con sus esplendores y miserias, sería el escenario perfecto para el nacimiento de este tipo de galanterías, no solamente reservadas a aquellos que portaban títulos nobiliarios, sino también destinadas a políticos, abogados o médicos.

 Su rotundo éxito en Europa fue indiscutible y, a los pocos años, comenzaron a comercializarse en América Latina. En Bolivia, existen numerosas colecciones como la del Archivo de La Paz o la del INIAM-Museo Arqueológico de la Universidad Mayor de San Simón en Cochabamba. Esta última mereció una magnífica exposición el año 2013 y su variedad muestra lo requeridas que fueron las cartes de visite por el público local, que apostó desde la década de 1860 y 1870 por primorosos retratos realizados, en su gran mayoría, por fotógrafos franceses instalados en el país. Para esta ocasión, quisiera, sin embargo, concentrarme específicamente en la serie conservada en el archivo histórico de la Fundación Flavio Machicado Viscarra, recién restaurada el 2018 gracias a los fondos del Focuart.

La FFMV posee más de una treintena de fotografías de este tipo (cuyo tamaño es de 10x6 cm) y unas cuantas cartas de cabinet, un formato ligeramente más grande y aparecido más tarde en el mercado. La particularidad de esta colección es que podemos apreciar en acción el funcionamiento de la carte de visite, entendida como un dispositivo social complejo. Es decir que este conjunto nos permite interrogarnos acerca de los varios ejes que lo componen: primero la identificación de los personajes, luego el establecimiento de relaciones familiares o de amistad entre las imágenes de esta serie y, por último, el descubrimiento de afinidades  políticas o culturales que le dan el verdadero sentido a la compilación. La fotografía más antigua es de 1848 (es decir, particularmente temprana) y la más reciente data de 1920, y a lo largo de estas más de siete décadas, vemos la historia de una familia que, a su vez, revela los profundos cambios de la sociedad local. 

De todas las estampas, sobresale una sección dedicada a los franciscanos, cuyo lazo, muy fuerte, es encarnado por fray Jesús Viscarra Fabre, misterioso personaje de finales del siglo XIX, miembro de la Academia Aymara (a la cual volveremos en los próximos meses) y autor del críptico libro Copacabana de los incas, aymaru o aymara, reeditado por la fundación el año 2010. Su retrato en sepia con traje talar y cruz pectoral corona una serie de cartes de visite que fueron dedicadas a él y a su hermana. En efecto, a esta se suman varias imágenes de dignatarios eclesiásticos: José Company, José María Egüiz, Juan Peñaranda, Pedro Berenga, junto a muchos otros que fueron inmortalizados con sus mejores galas y en poses solemnes; además de un llamativo collage de la virgen de Lourdes, debajo de cuya estampa se lucen dos retratos de clérigos y, a los lados, se leen varias anotaciones: “Francia”, “Sorata” y el año 1888. Al reverso lleva una dedicatoria a Jesús Viscarra con tinta clara y, en tinta oscura, la leyenda “Rosa, y María Jesús”.

Asimismo, no hay que olvidar uno de los tesoros del archivo de la FFMV: una imagen pintada delicadamente a mano de Hilarión Daza, vestido de militar, que lleva al reverso la dedicatoria siguiente: “Viva expresión del distinguido afecto y profunda estima que al cumplido jóven Flabio [sic] Machicado te profesa sinceramente su amigo y general. H. Daza. La Paz, mayo 24 del 1878”. 

Esta carte de visite, destinada a su secretario personal, muestra al presidente un poco antes de la trágica campaña del Pacífico, justo cuando acababa de asumir el cargo, confirmado por la Asamblea Constituyente de ese año. 

La colección nos permite también rastrear los vínculos que tuvieron los distintos estudios fotográficos de la región entre ellos. Como siempre, no pueden faltar los clichés de los hermanos Courret que, sin embargo, no hacen sombra a los fotógrafos de Tacna, Arequipa, Valparaíso, Alemania y Francia que se especializaron en las populares cartes de visite y cuyos trabajos nos han llegado gracias al impetuoso trabajo de conservación de la fundación. La fiebre también se hizo sentir en La Paz y descubrimos los rastros de un mercado en plena ebullición, en el que sobresalen Auguste Sterlin y Juan Poli Murillo y Hermanos. El primero, de nacionalidad francesa, llegó en 1872, mientras que los segundos, de origen orureño, se instalaron en la ciudad a principios de la década de 1890 y, en 1893, fueron merecedores de una “medalla de oro y [un] honor diploma de honor”, como dejaron consignado en el reverso de sus imágenes a lo largo de estos años. 

Sin embargo, las cartes de visite de la FFMV todavía guardan muchos enigmas y gran parte de los personajes femeninos queda sin identificar, a pesar de que estos ocupen un lugar primordial dentro de la colección. Las pocas que podemos reconocer son todas integrantes de la familia Machicado Viscarra y los abundantes retratos que les fueron dedicados nos obligan a considerar que el lugar que ocuparon en la sociedad paceña fue privilegiado. Por eso, detrás de esos rostros sin nombre, queda aún una historia por escribir.

 

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