Poesía

Simulacro de mudanza de Anuar Elias Pérez

Christian Jiménez Kanahuaty escribe sobre el poemario coronado con el Premio de Poesía Yolanda Bedregal.
domingo, 21 de abril de 2019 · 00:00

Christian Jiménez Kanahuaty Escritor

El reciente premio de poesía Yolanda Bedregal, Simulacro de mudanza está dividido en tres partes; 1) Como una enfermedad incurable, 2) El aleteo de una especie extinta y 3) La esperanza de un brote. Y es básicamente la historia de un desencuentro. Quisiera decir que me recordó a Las cosas de George Perec y a Mudanza de Alejandro Zambra; quería decir que me pareció que es una poesía tan depurada y tan narrativa que se parece mucho a la novela. 

Hubiera dicho que es de esos libros que se quedan guardados dentro de uno y que sus imágenes emergen de tanto en tanto en los lugares menos esperados. Todo eso podría decirse a lo largo de varios párrafos, pero algo es cierto en todo eso, escribir y hacer ese tipo de referencias no es suficiente. El libro merece más. 

No hablo de que merece ser leído, compartido, comprado, alquilado, o cualquier forma de adquisición; por qué es clave meterse en él y no sólo leerlo. Recorrer con la voz esas palabras no es suficiente. 

Quizás haya que tener el álbum de fotos cerca y diagramar en las imágenes nuestras historias a través de las palabras de Anuar Elías Pérez. 

El terreno de lo doméstico a plena luz del día, sin miedo, sin romanticismo, sin idealizaciones. La vida cotidiana de las parejas tal y como sucede. Altas y bajas. Pasiones y desilusiones, pero también, y para no rayar en el dolor o en la autocompasión y la acusación, que siempre son tan fáciles de enunciar cuando todo sale mal en la convivencia, el libro nos pone de frente a un hecho palpable: todo lo malo pasa. Todo lo terrible se olvida. 

El amor, a veces es tan fuerte como el olvido y las personas que se amaron en la juventud encuentran que también el amor envejece con los años y las cosas compradas y rotas. 

Acá quizá la idea pueda parecer forzada, pero el asunto es que el amor a veces se parece a esa colcha vieja y rota que no se quiere tirar a la basura porque está cargada de recuerdos. Y en épocas donde todo es descartable, cada recuerdo vale sus lágrimas y risas en algo más importante que todo el oro del Perú: en tiempo. 

Sólo el tiempo es el artífice de por qué el libro es un simulacro y no la mudanza en sí. Es cuestión de tiempo. Simuladores del afecto. Simuladores del miedo y del engaño, porque todo se puede simular si lo que hay que salvar es más grande que la suma de todos los recuerdos. Es tiempo compartido. Es tiempo que respira y tiempo que se niega a decir las últimas palabras. El libro nos propone ese tipo de vida. 

Cada parte nos presenta un ejercicio de resolución del conflicto de estar dentro de una convivencia que por momentos pareciera no dar más de sí. 

Cualquier cosa, desde la compra de unos cuchillos hasta un accidente de auto puede servir para simular de nuevo la necesidad de estar juntos. Pretextos que indican que puede ser salvado el amor o la relación o la convivencia o lo que haya entre dos personas que ya han visto el lado menos amable de la persona a quien decidieron amar en algún momento. 

No se trata de un libro que pueda reducirse sólo al lamento del acto de la pérdida o a las interrogantes ¿qué pasará si se va? ¿Cómo encontrarme de nuevo en soledad? ¿Quién terminé siendo después de todos estos años? Las preguntas podrían remontarse en el tiempo e interrogar sobre el motivo del amor y las circunstancias de la convivencia. Podría explorarse eso. Pero son justamente esos momentos preliminares los que no cuentan porque ya todo está dicho en los versos que leemos. El pasado es sólo el espejo por el que se mira esa especie en extinción que es el amor y es aquel plural que forma el nosotros de toda convivencia. 

Simulacro de mudanza podría ser el libro de cabecera de los nuevos matrimonios, de las nuevas uniones que realizan el traslado de las pequeñas y grandes cosas individuales a un solo lugar donde perderán su identidad y serán identificadas como cosas de ambos de ahí en más. Quizá el libro dé pautas para decir lo que haya que decir en el momento indicado. Por más lluvias, cafés, cuentas por pagar y muebles por arreglar que llenen lo cotidiano de preocupaciones mundanas y desechables. 

Las mudanzas no siempre son fáciles. Los departamentos vacíos no siempre son agradables y las personas no siempre son las mismas tras las separaciones. Pero creo que el libro no apunta a esa secuencia de daños que deja la separación de bienes. Me parece lo contrario, es una alerta. Es una forma preventiva de prefigurar el futuro, conjurarlo para que no ocurra. 

Y como alguien más sabio lo dijo: el poeta es un fingidor, finge aquellos sentimientos que de verdad no siente y ¿por qué finge? Para ponerse en el lugar del dolor. Para sentir lo que otros sintieron. Para poner un alto al juego de lo doméstico y proponer una ruta de escape. Un vaso comunicante con el pasado amoroso o con los espacios de la casa que en otro tiempo estuvieron nuevos y limpios. Estamos realmente dispuestos a perdonar cuando nos colocamos en el lugar del otro. Y cuando ese otro no es abstracto, sino que es la persona con la que nos despertamos día a día y a la que hemos visto enferma y alegre, enojada y a punto de tirar todo por la venta o incapaz de guardar un secreto o que se frota los pies tras sacarse los zapatos después de un día largo de caminatas buscando empleo o que se cancele un trabajo realizado, las mudanzas no son tan fáciles. Las cajas de cartón claramente no están hechas para soportar tanta vida y tanta muerte en su interior. 

La vida social de las cosas también indica qué es lo que simulamos cuando compramos las cosas que no se rompen ni se pierden para la nueva casa. Las cosas están vivas porque están vivos quienes las usan. 

Y esta es quizá una de las metáforas más lindas y emotivas del libro. La vida conyugal, la vida en pareja, la convivencia vale más por cómo se unieron las piezas tras una dura pelea. Pudo ser la mudanza, pero sólo fue el simulacro. Un ¿qué pasaría si de verdad nos dejamos ir?
 

 

 

Confidencial

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