El Chicuelo dice

Gusano de luz

Wilmer Urrelo evoca la figura del Zambo Salvito para mostrarnos que el mítico personaje paceño podría estar en cada uno.
domingo, 28 de abril de 2019 · 00:00

Wilmer Urrelo  Zárate Escritor

Porque el Zambo Salvito ruge, sangra, grita. Porque también pela los dientes. Porque el Zambo Salvito muestra el mítico dedal: yo me lo tiré siendo wawita. Porque el Zambo Salvito también levanta la mano derecha y recorre con el dedo índice la cara. 

Esta cicatriz fue un accidente, nada que ver con un robo o algo así. Porque el Zambo Salvito pudo haber sido un perseguido, un proscrito, tal vez en el fondo el Zambo Salvito pudo haber sido un explotado: ¿sabes cómo se comienza a ser un ladrón, ah?, nos advertían nuestras mamás. Se empieza cuando robas una cosa chiquita y ahí comienza todo. No importa el tamaño de esa cosa chiquita. No importa si es así o quizá de este tamaño, ¿entiendes? Después serán cosas más grandes. Una tijera, por ejemplo. Una máquina de coser, por decirte. Y después una tele. Una radio. ¿O quieres terminar como el Zambo Salvito, dime? 

O tal vez a nuestras mamás ni se les ocurrió que podíamos chorearnos un árbol. O tal vez a nuestras mamás no se les pasó por la cabeza que podíamos tirarnos un libro, un mapamundi, las obras completas de Colette, solo por decir: porque el Zambo Salvito pudo haber sido un desventurado, un te veré de nuevo, un afilador de cuchillos, un átomo, un agujero negro en el Universo. Porque cuando se robó ese dedal comenzó todo. Porque tal vez ahí, ese rato, se le ocurrió voy a treparme a la cueva de los Cinco Dedos y desde ahí voy a asaltar a los que pasen. Porque a lo mejor el Zambo Salvito era un tranvía lleno de gente, un tren descarrilándose, un travesti enamorado, el tongo de un caballero de levita, porque tal vez

—Este ponchito me lo hallé abandonado, en serio —dice—. Estaba tirado en medio de un montón de piedras, Chicuelo.

Porque a lo mejor el Zambo Salvito pudo haber sido un fantasma, un riachuelo en invierno, no: porque el Zambo Salvito pudo haber sido un poeta, un poeta a quien se le ocurrió la siguiente creación: “En medio de las nubes el sol gris y pálido / El pajarito llama el pájaro canta / La isla la montaña los árboles el mar/ Nielado tibio hermoso”. Porque el Zambo Salvito pudo haber sido un grito de horror, una nube gris, una matanza sangrienta. Porque el Zambo Salvito pudo haber sido todo eso, porque ese poema

—Ese poema se titula De lo mismo a lo mismo —le digo—. Y es de César Moro. Uno que ya se murió.

 Porque al Zambo Salvito eso no le interesa. ¿Un tal César Moro? ¿Y con qué se come eso? Ese poema se me ocurrió a mí cuando estaba allá en las laderas de La Paz, esperando a los viajeros. Se me vino a la mente al sentir el frío y la soledad de ser un ladrón: se me ocurrió a mí al ver los cabellos ensangrentados de un don cuando le quitamos dos costales de coca, un puñado de billetes y un atadito de oro. 

Porque el Zambo Salvito resucitaba de entre los muertos cuando nuestras mamás nos decían así que me devuelves este lápiz, así que mañana mismo me devuelves esta goma, así que ahora mismo llamá al Pablito y dile me he traído tus obras completas de Colette sin querer, ¿te lo llevaré mañana al colegio, por fa? 

 Porque el Zambo Salvito también pudo haber sido una niña católica rezando todas las noches o quizá un aplicado alumno del Ayacucho. Porque incluso el Zambo Salvito pudo haber sido una aldea incendiada, a lo mejor pudo haber sido un César Moro, o quizá pudo haber sido un pajarito cantando: última vez que me traes una cosa que no es tuya a la casa, última vez que me haces pasar una vergüenza así, última vez que

—Si supieras en qué te convirtieron nuestras mamás —le digo—. Si supieras, cuate. Si supieras a lo mejor te fusilarían de nuevo.

 Porque el Zambo Salvito pudo haber sido un huracán, tal vez cinco minutos de una granizada aterradora, pudo quizá una riada arrasando con los paceños y sus miserias espirituales. Tal vez el Zambo Salvito pudo haber sido un anciano, un brujo que te leyera la suerte en la ceniza de un cigarrito. Porque el Zambo Salvito a lo mejor pudo haber sido un obrero gritando en las calles de La Paz o un niño lavándote el parabrisas del coche. Porque incluso pudo haber sido un hocico de perro husmeando entre la basura paceña, porque a lo mejor 

—Mejor un gusano de luz —sonríe—. Como esos que hay en los Yungas y que parecen una lumbre. ¿Has visto alguna vez?

Porque el Zambo Salvito pudo haber sido un viajante, un corredor de bolsa, porque el Zambo Salvito pudo haber sido el dueño de la Salvietti.O quizá pudo el Zambo Salvito haber sido el amor imposible de Colette: todo eso podría haber sido, Chicuelo, pero a mí me hubiera gustado ser un gusanito de luz, mejor. Un gusanito así de chiquito para escaparme de la policía. Porque el Zambo Salvito pudo haber sido nuestras mamás diciéndonos con un dedal se comienza y no sabes cómo se termina, porque

 —Un gusano de luz —ríe a carcajadas—. Para así meterme en los cañones de las escopetas de esos que me fusilaron. Para asustar a los uniformados y escaparme a las montañas nevadas esasque hay en la Cumbre, Chicuelo.

 

 

 

 

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