Para verte mejor

El simulacro venezolano o la construcción visual de la realidad

Para Lucía Querejazu estamos inevitablemente sometidos a la dictadura de las imágenes y poco es lo que podemos hacer para informarnos de manera responsable cuando nuestras fuentes de información son las redes sociales.
domingo, 12 de mayo de 2019 · 00:00

Lucía Querejazu Historiadora de Arte

Fue en la Edad Media cuando el sentido de la vista se convirtió en el sentido privilegio para dar legitimidad a un conocimiento. La responsabilidad de la transición de lo oído a lo visto se lo debemos a los viajeros y exploradores que aportaron a construir un mundo maravilloso a partir de lo que veían y podía traducirse en dibujos e imágenes. Desde el dominio de la técnica de la pintura hasta la creación de la fotografía hemos avanzado un largo camino para lograr que este proceso sea lo más fiel posible. Poner nuestra confianza en lo que nuestros ojos ven parece algo lógico, incluso elemental hoy en día porque si lo ves, no solo existe si no que lo hace en la forma en la que lo percibimos.

La fotografía, por su capacidad de materializar lo que está ante el lente de la cámara (y los ojos del fotógrafo) ha construido culturalmente la idea de que lo que vemos en una foto es real y además, que es una imagen objetiva de la realidad. Sin embargo, desde hace varias décadas que las fotos se trucan y se editan para construir una realidad deseada. Pensemos en la foto del Putch de Munich de 1923 en la que Hitler aparece delante del grupo de choque cuando en realidad no se acercó a la línea de peligro para no arriesgarse o tal vez la icónica imagen del izado de la bandera en la isla de IwoJima  en 1945 que fue “actuada” emulando los hechos acaecidos pocos momentos antes.

Lo cierto es que la fotografía es técnicamente objetiva pero sólo retrata lo que él o la fotógrafa quieren mostrarnos y desde el ángulo que ellos miran.  A veces esto se nos olvida y confiamos en ellas sin mediar nuestro sentido crítico. Se utilizan como pruebas legales tanto como decoraciones y somos cada día más capaces de tomar fotografías de buena calidad gracias a la tecnología que va automatizando pasos y facilitando decisiones que los fotógrafos profesionales toman pero de las que nosotros no tenemos idea.

La foto como reflejo de la realidad ha llegado al punto de ser una suplantación de ella. Jean Baudrillard teorizó sobre esto en la Precesión de los simulacros donde propone que la imagen que construimos de una realidad se superpone a ésta y que de hecho procesos o acontecimientos como la Guerra del Golfo no sucedieron en realidad de la manera en que nos la mostraron. Después del impacto político que generaron las imágenes de Vietnam, los conflictos han sido relatados por valientes periodistas y fotógrafos que arriesgan sus vidas para informar sobre los hechos para evitar que se falseara la realidad pero el poder y el acceso a los medios masivos suelen tomar otras decisiones. Ahí es donde se encuentra el simulacro y de donde proviene la polémica afirmación de Baudrillard.

Pienso que un poco de esto nos está sucediendo con los acontecimientos en Venezuela. Toda la información que obtenemos está limitada por el lente de cámaras de fotos o video que muestran lo que  éste permite. Por supuesto existen también los reportajes escritos pero son siempre muchos menos los que leen que los que ven. El problema ahora radica en que ambos bandos del conflicto venezolano tienen tanto imágenes como textos que respaldan su versión de los hechos. Que si hubo miles de manifestantes o si sólo fueron unos pocos, lo dicen ambos bandos y por lo tanto es muy difícil para uno a la distancia saber qué es lo que realmente pasa y sospecho que esto incluso sucede al interior de la misma Venezuela. 

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo saber qué es lo que realmente pasa? Es innegable que existe una realidad, pero esa no solo es percibida de manera distinta por cada actor (que la interpreta desde su postura) si no que es de muy difícil acceso para nosotros, los que dependemos de la información por medios masivos. ¿Cómo saber si Juan Guaidó tiene muchos seguidores? Hemos visto muchas imágenes esta semana pero si, como dijimos, son construcciones de quién las mira ¿Cómo  determinamos qué es lo que pasa a partir de ellas? Sin son tan fáciles de manipular por el otro lado entonces ¿Por qué no vimos a Nicolás Maduro o a Diosdado Cabello durante el caos del 30 de abril? ¿Estaban en Caracas? ¿Estaban siquiera en Venezuela? 

Las imágenes del uno de mayo son aún más desconcertantes. Manifestaciones masivas de ambos lados y represión de un bando sobre el otro. Con una cámara en un dron el gobierno chavista mostró calles inundadas de militantes, pero nosotros sabemos que las calles se llenan cuando repartes ficha o que las calles que nos muestran con el dron pueden ser de hace un año, o dos, o diez. Estamos inevitablemente sometidos a la dictadura de las imágenes y poco es lo que podemos hacer para informarnos de manera responsable cuando nuestras fuentes de información son las redes sociales. Sin embargo, no podemos de ninguna manera dejar de preguntarnos si lo que vemos es una imagen que refleja lo que está sucediendo y si esta imagen además puede dar pie a una generalización del tipo: esta realidad es ineludible o esto es sólo un simulacro.

 

 

 

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