Gestión cultural

Emprender: la muerte del artista

Gabriela Gemio escribe sobre el reciente fondo lanzado por el Ministerio de Planificación para artistas, deportistas e innovadores.
domingo, 12 de mayo de 2019 · 00:00

Gabriela Gemio Zumaran Productora y gestora cultural

Sentado sobre su maleta, con su traje gastado, su nariz roja y su sonrisa dibujada el actor contiene sus lágrimas. Detrás de la imagen un padre gobierno y una madre ministra sonríen para la foto junto a tres sacos de dinero con 140 millones de bolivianos.

Así me imagino la escena después de leer el artículo publicado la semana pasada por Antonio Peredo sobre los Fondos concursables lanzados por el Ministerio de Planificación del Desarrollo dirigido a artistas, emprendedores, innovadores y deportistas.

Siempre que se habla de dinero junto a la palabra arte y cultura se abren los ojos un poco más de lo habitual y se siente inevitablemente un presentimiento de “conflicto”. ¿No les pasa? Y es que detrás de todo pensamiento cotidiano y lógico se encuentran imágenes antiguas de cultura y arte.

Ideas fijamente posicionadas sobre las que hemos construido nuestro mundo actual: El artista como un ser inmaculado o dotado de algún don especial. La cultura como una expresión intocable de la tradición humana que hay que resguardar, proteger y mantener intacta porque cada objeto que la representa guarda nuestra historia y si ésta se ve afectada es el peligro eminente de la extinción humana. Y en función a estas imágenes se han desarrollado políticas públicas para promover las expresiones artísticas y resguardar los patrimonios hasta ahora. 

Hace ya varios años existen también otras maneras de concebir el arte y la cultura. La corriente más poderosa y que ha sabido utilizar las viejas ideas del arte para su propio beneficio es la “industrial”. En las economías liberales y optimistas el artista y toda expresión cultural es potencial para la inversión y su posterior transformación en entretenimiento para las masas. ¿Y por qué no? Es completamente lógico. Si el artista es único y lo que hace es excepcional ¿por qué no mostrarlo a todo el mundo y hacer mucho dinero con ello? 

El uso del término “Industrias Culturales” es reciente en Bolivia, apareció de pronto en las bases de los fondos concursables para el sector cultural y parece ponerse de moda. Lo curioso de ésta, al parecer “nueva política pública”, es que viene sin antecedentes y casi sin memoria. Pidiendo que todos sus actores hagan su actualización de sistema casi como un dispositivo móvil. 

Suena divertido y hasta podría ser real si te planteas un par de días de navegación por internet y empiezas a buscar en google palabras como: emprender, economía creativa o ¿cómo ganar dinero siendo artista? Se puede uno actualizar rápidamente en sus nuevos retos como profesional creativo.  La pregunta es: ¿Es esa la muerte del artista? Comenzar a ver un trabajo creativo ya no solo como una “obra de arte” y un proyecto artístico como una innovación social que involucre la participación de otros para fines comerciales o educativos ¿representa la muerte?

Emprender es el término actualizado de la palabra desempleo. Termino por demás conocido por los que trabajamos en arte y cultura. Los primeros emprendedores han sido siempre los artistas. Trabajadores sin jefes, sin horarios y autoexplotados. ¿Por qué de pronto esta denominación es tan ofensiva? Hablar de sector creativo en vez de hablar solo de artistas, utilizar conceptos como economías culturales y creativas ha permitido valorizar el trabajo intelectual, intangible e intelectual dentro de la economía global y tradicional. Es lo que dice la nueva economía mundial, la Unesco, el Banco Interamericano para el Desarrollo. ¿Pero qué pasa con Bolivia? ¿Hemos atravesado en los últimos 15 años de la colonia a la industrialización de la cultura? ¿Tenemos datos de este proceso? ¿Es eso posible sin marcos legales y en un gobierno nacional-socialista? Agreguen las preguntas que se requieran por qué hay muchas más.

Los fondos culturales nacionales y municipales están orientados en este momento hacia la “industrialización cultural”. Tanto los fondos municipales como los nacionales están dirigidos a cubrir gastos de circulación, formación y difusión de emprendimientos artísticos y culturales. Solo los fondos municipales han dispuesto montos para apoyo a la producción y creación. Decisiones que suponemos son reflejo de que la producción creativa debe ser una inversión privada costeada por los mismos creadores y que tiene la calidad para cruzar fronteras y representar al país. Los Fondos también promueven formaciones especializadas desde el emprendimiento y sin restricción. Todos somos formadores de formadores sin escuela, licenciaturas, universidades u otras academias. ¿Bravo? ¿Aplaudimos o lloramos?

Lo cierto es que cada uno de nosotros tiene una opinión y una necesidad diferente con respecto a las políticas públicas y en esa diversidad las opiniones comunes se juntan y a veces se organizan, y a veces se fortalecen, y a veces aportan para construir políticas públicas con bases y memoria. Pero también ocurre (más a menudo) que esas opiniones nunca se juntan y nunca se organizan y reciben por tanto “fondos sorpresas” o premios plurinacionales y se adecúan a ellas por conveniencia. 

En todos los casos lo más importante es garantizar que todos tengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades, sea cual sea nuestra posición. Y aún más importante que eso, entender que los fondos públicos no salen del bolsillo de un político y no son voluntades individuales.

 

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