Audiovisual

Nuevas investigaciones sobre el cine boliviano

Una reseña de la UCB revela una tendencia hacia el cine de autor, al cine intimista que pretende comunicar ideas, sentimientos, visiones y formas de ver.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:00

Jaime Gómez Lafuente Docente de  psicología  y miembro del Cine Club UCB

El Departamento de Cultura y Arte de la Universidad Católica Boliviana nos propone, en el último número de la revista Ciencia y Cultura, un repaso del cine boliviano hoy,  tema que se aborda desde varios ángulos. 

Participan en dicho número una decena de investigadores, como Alejandro Barrientos, Mariela Silva, Claritza Peña y José Peña, entre muchos otros, quienes, desde su perspectiva, revisan los últimos años de la producción de cine en nuestro país. Escriben reseñas jóvenes autores como Mary Carmen Molina y Adrián Nieve, acompañados de reconocidos especialistas como Alfonso Gumucio. 

El surgimiento de un cine digital hace que los costos de producción sean más asequibles. Una nueva generación de cineastas, muchos de ellos formados en la Universidad Católica Boliviana en la Licenciatura de Cine que se ofreció en una única versión, han hecho que podamos apreciar en los últimos años un “nuevo” cine boliviano. 

Más que mantener un estilo o forma de utilizar el arte audiovisual para transmitirnos historias, este fenómeno se refiere a un cine efectuado por bolivianos, con distintas miradas, en algunos casos más urbanas y, en otras, más personales. Se distingue una tendencia hacia el cine de autor, al cine intimista que pretende comunicar ideas, sentimientos, visiones, y formas de ver, sobre todo, nuestra realidad. 

En este número de la revista, descubriremos a nuevos críticos y estudiosos del mundo audiovisual, que, desde una postura metódica y minuciosa, analizan las obras cinematográficas de este último tiempo.

 Por un lado, proponen que un nuevo cine boliviano, no uniforme, no con una única mirada, es la tendencia actual; quizás en algunos casos más artesanal, pero sin duda en proceso de construcción y ampliando la propuesta para un público tan diverso como el boliviano. 

Por otro, sugieren que los consumidores de este cine más que juzgar, deben atreverse a conocer estas nuevas miradas, a entender que las películas bolivianas pueden ser un espejo incómodo.

También se explora un mundo audiovisual alejado de las salas de cine, una producción ligada a la democratización del uso del arte audiovisual, ya sea para representar otras realidades o permitir a otros actores que propongan una mirada más cercana a su cotidianidad. 

En esa perspectiva, María Aimaretti analiza la producción de Qhana, un proyecto de video participativo con fines de educación y reflexión, que surge más alejado de la parte artística y más cercano a convertirse en un vehículo de representación y de difusión de los problemas de sectores olvidados.

 Originados fuera de las grandes urbes, en los centros mineros y en el campo, los videos de Qhana ofrecieron un espacio para que aimaras y quechuas pudiesen registrar sus actividades, sus rituales y, cómo no, sus actividades político-sindicales. 

En un afán más ligado al arte contemporáneo, se propone una revisión de las obras de videoarte que problematizan la representación de lo indígena en el país. Juan Fabbri se encarga de esta galería fotográfica y  propone una recopilación de obras, junto a un breve análisis, que incentiva a los lectores a acercarse a las producciones originales para conocerlas y plantearse sus propias inquietudes.

 Aquí hallamos obras de artistas plásticos, así como de cineastas: Alejandra Alarcón, Serena Vargas, Claudia Joskowicz, Alejandra Delgado, Sandra de Berduccy, José Arispe, José Ballivián, Narda Alvarado, Santiago Contreras e Iván Cáceres. 

De la misma manera, se incluyen artículos que analizan el poco conocido cine rural o “amateur”,  realizado por personas que viven en dichas zonas —el caso de los ensayos de Sergio Zapata y Miguel Hilari—. 

Se trata de una nueva forma de hacer cine fuera del círculo de cineastas y modos de producción clásicos, e incorporando tipos de exhibición como el DVD o portales de internet. Estas películas llegan desde otro espacio audiovisual, canalizando mensajes que hay que aprender a entender. 

Esta visión del cine boliviano actual no estaría completa si no revisáramos otros aspectos, como el diseño de carteles, que permiten promocionar la película y, en esa búsqueda de fidelidad al mensaje del director/guionista, los mismos se transforman en un reto creativo. 

En este caso, Cecilia Mariaca describe el desafío que significó, para los diseñadores de la carrera de Diseño Gráfico de la Universidad Católica Boliviana, traducir la esencia de la obra, mediante un lenguaje visual distinto —colores, tipografías y mensajes escritos— y, al mismo tiempo, impulsar al público a ver la película.

Asimismo, no se podría dejar de lado incluir una propuesta sobre la enseñanza del cine, no solo para aquellos que se dedican a tal labor, sino para los que lo consumimos, degustamos y analizamos. 

Sebastián Morales expone su investigación sobre secuencias didácticas para la creación cinematográfica, planteándose, de esta manera, que se puede seguir formando en cine a nuevas generaciones desde una mirada académica, no alejada del arte y de la experiencia.

Es de este modo que la revista Ciencia y Cultura, en su número 41, pone a disposición de los amantes del cine una obra que nos acerca a la reciente producción audiovisual en nuestro país, de la mano de los nuevos críticos y estudiosos del séptimo arte. 

Una obra que no  dejará indiferente al lector ante la variedad de temas y propuestas que se le exponen. Este número estuvo a cargo del editor invitado, el especialista en cine Sebastián Morales Escoffier.  La revista cuesta  20 bolivianos y se la puede comprar en la UCB.