Guía para un lector

Sobre la Guía del viajero en La Paz, de Nicolás Acosta

La Paz es, sin duda, el eje principal del texto. Alrededor de ella es que se construyen -se trazan- todos los acontecimientos históricos, espacios y personajes.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:00

César Augusto Mendoza- Quiñones Estudiante de la carrera de Literatura UMSA

No soy partidario de mirar el pasado con la idea del “todo pasado fue mejor”, sino como un conjunto de expresiones de un tiempo y una época que, al igual que ahora, se debatían en sus propias contradicciones. Es desde esta posición en la que me sitúo hoy como lector que soy.

Dentro del grupo de libros reeditados por el Fondo Editorial Municipal Pensamiento Paceño, toca hoy hablar acerca de aquel que titula, in extenso, Guía del viajero en La Paz. Noticias estadísticas, históricas, locales, religiosas, templos, hoteles, edificios, antigüedades etc., escrito por Nicolás Acosta (1844-1893) y publicado en 1880 por   Unión Americana. 

Gestado en los primeros años de la denominada Guerra del Pacífico -acontecimiento que por cierto no es mencionado en ningún momento en el libro- y el periodo previo a lo que sería la Guerra Federal, dentro de sus páginas uno puede encontrar a lo largo de sus 27 capítulos: los orígenes “históricos” de la ciudad de La Paz, nominaciones de las más importantes iglesias y otros establecimientos religiosos, de los diferentes organismos de gobierno, información sobre las calles, plazas, puentes, hoteles, centros de abasto, lugares de recreación y una lista de profesionales, artesanos y comerciantes, etcétera.

 Hacer un recuento o resumen de los datos y hechos que allí se mencionan y se citan sería un trabajo por demás extenso para la ocasión y sobre todo una no-invitación al lector a viajar por sus páginas. Solo dos apuntes habrán de ser mencionados para atraer más la atención del lector -atención que extrañamente no realiza el texto introductorio de esta reedición a cargo de Carlos Vega Campos-:  

Es desde un presente decimonónico que Nicolás Acosta enuncia todos los datos y referencias. Con todos sus hechos y verdades, la subjetividad del autor sale a relucir a momentos en un texto que aspira a ser objetivo. No se lea esta última aseveración como un juicio de valor sobre el texto, sino más bien como una característica más propia del libro. 

Los comentarios que hoy pueden ser tildados con una u otra etiqueta peyorativa son también marca y seña textual de una época. Por ejemplo: Acosta se refiere a las mujeres  bajo el sinónimo del “bello sexo”; y sobre el cerco a La Paz en 1781, afirma que la ciudad logró salir de este embate “sosteniendo con valor, energía y constancia la causa de la civilización”.

La ciudad de La Paz es, sin duda, el eje principal de esta guía. Alrededor de ella es que se construyen -se trazan- todos los acontecimientos históricos, espacios y personajes. Una ciudad compuesta de varias ciudades -la de antes del siglo XIX, la del presente de la escritura y la de nuestro presente de lectura- fluctúa entre aspectos cambiantes e inherentes a su personalidad.

 Cambia el espacio: las construcciones de palacios a haciendas y edificios; los servicios de carbón y querosene a gas y electricidad, las calles de nombres de barrios a cuarteles  y después a distritos; los oficios de corregidores a alcaldes. Se mantiene la percepción del espacio: la presencia protagonista del Illimani y la sensación del clima del que “solo se conocen dos estaciones, verano e invierno. El frío es seco y penetrante y el calor templado”.

Ahora sí, siguiendo los aires de guía de viaje, aires que tan animosos direccionan la bandera turística y pluricultural que hoy Bolivia enarbola, presto un recuento de pasos a seguir por un lector desocupado en sí:

? Lo primero que uno deberá tener al momento de haber decido leer este libro es, sin duda, interés -obviedad por demás indispensable-. Interés ya sea por re-descubrir un poco más la ciudad de La Paz o por acercarse a una de las muchas guías de viaje que tan prolífica producción tuvieron en el siglo XIX. Ya el propio Nicolás Acosta en lo que es la introducción titulada Dos palabras afirma que todo su trabajo “pudiera interesar al carácter investigador de los viajeros y de los que no lo son”.

? Lo segundo a tener en cuenta es la idea de “guía de viaje” y su relación con el contexto histórico y con el texto mismo de Acosta. Las guías de viaje surgen a principios del siglo XIX junto a lo que se denomina el periodo de modernización de las grandes ciudades. La facilidad de poder desplazarse hacia lugares más lejanos y el interés de poder tener la experiencia de conocer al “otro” provocó una inusitada actividad social que a posterior se ha denominado turismo.

 Sirvan no solo como datos enciclopédicos saber que sus orígenes nos remiten a las primeras guías de viaje del alemán Karl Baedeker y a los Murray’s Handbooks forTravellers del británico John Murray III, de la familia fundadora de la famosa editorial de igual nombre, a mediados del siglo XIX. 

Como producto textual, estas guías de viaje surgieron, entonces, de una necesidad y una intención comunicativa: la de poder acercar a su lector -indispensablemente imaginado por el escritor- a una realidad que puede no conocer parcial o totalmente. Se diferencian éstas de los libros de viaje por el hecho de que las guías aspiran a una objetividad e imparcialidad en la transmisión de información. 

Así, no deberá sorprender al lector, la forma en cómo  Acosta pone a disposición los datos que él mismo afirma haber recopilado de diversas fuentes que van desde la documentación histórica hasta la simple observación del lugar. Obviamente este hecho no deja atrás el espacio a la subjetividad del comentario y a la libertad en la narración de los hechos antes ya mencionados.

 El lector imaginado por Acosta no es sino muchas veces el extranjero que viene de “ultramar”, el que no tiene la necesidad de hablar aymara en el puerto de Chililaya (hoy Puerto Pérez), que era la puerta de ingreso a La Paz; ese lector que desea encontrarse con una ciudad que ofrece por demás servicios y atractivos para una estadía placentera.

?Lo tercero y último es disponerse cómodamente a lectura de esta guía. Con o sin intenciones investigativas, quede claro de principio que la cantidad de fuentes y referencias escritas sobrepasarán por lo mucho nuestro conocido bagaje cultural de lectores del siglo XXI. 

Ahora que  viajar está a la moda -¿acaso alguna vez dejó de estarlo?- siga de la mano de don Nicolás Acosta en la lectura de la Guía del viajero en La Paz.
 

 

 

 

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