Reseña

Thajmara. Habla Melgarejo, de Isaac Tamayo Sanjinés

Una idea principal en el texto es darle voz y opción de defensa a un personaje cuya fama lo retrata como irreverente y tirano hasta el día de hoy.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 00:00

Cecilia Beltrán Estudiante de la carrera de Literatura UMSA
 

En 1914, Habla Melgarejo (Fragmentos de un libro inédito, titulado: una sesión de espiritismo) se publicaba con el pseudónimo Thajmara. Isaac Tamayo Sanjinés, autor de la obra, se valía de este nombre y dedicaba su obra a la juventud boliviana, presentando un listado de todos los problemas que debían ser resueltos en Bolivia por el porvenir de la patria. Más de un siglo después, el año 2018, el texto de Tamayo Sanjinés se publica como una reedición apoyada por el Fondo Editorial Municipal Pensamiento Paceño. 

Thajmara. Habla Melgarejo rescata el pseudónimo en el título del libro y, a manera de una copia facsímil, recupera dichos fragmentos en forma de seis capítulos que ahondarán en los grandes problemas sociales, económicos y políticos del país desde un diálogo entre el espíritu de Melgarejo y don Enrique, un comerciante que hace sesiones privadas de espiritismo. 

Thajmara, amigo de don Enrique y partícipe de aquella sesión en particular, relata el nacimiento de una escuela de espiritismo en la sociedad boliviana, su posición neutral respecto a esta práctica y cómo, a petición suya, se evoca a Melgarejo.  “Yo he conocido a Melgarejo”, alega, para luego dar fe de que la carcajada escuchada esa noche es, de hecho, la de su espíritu.

Melgarejo, engendro de los vicios

Una idea principal en el texto es darle voz y opción de defensa a un personaje cuya fama lo retrata como irreverente y tirano hasta el día de hoy. Este diálogo con Enrique, diverso en temas, fuentes y épocas, reconstruye la historia del país desde una perspectiva personal que, bien podría decirse, es la de Melgarejo. 

Bajo la forma de un alegato o defensa, el “eco maldito” de este personaje político es interpelado por Enrique, quien pone a discusión el llamado sexenio de terror y violencia de su gobierno. 

No obstante, Melgarejo dispone de la oportunidad para defender su mandato y justificar su tiranía. Justifica su violencia en la mala educación y el ejemplo observado durante su vida militar pero, sobre todo, se explica a sí mismo como resultado de una sociedad que fomenta el oportunismo, tolera la tiranía y adula a sus gobernantes de forma hipócrita. Sería la propia idiosincrasia boliviana la que conduciría, permitiría o condicionaría sus acciones. “Todo pueblo tiene el gobierno que se merece”, sentencia el espíritu de Melgarejo como una revelación del origen del mal.

 

El “eco maldito” de una generación

Sin embargo, más allá de una defensa personal y una reconstrucción de la imagen que tiene Melgarejo en el imaginario social boliviano, no sería abusivo proponer que este alegato supone también la defensa de todo un momento político en Bolivia y los personajes gubernamentales que forman parte de éste. 

“Nada ha habido malo ni superfluo sobre la tierra: todo ha tenido su razón de ser, sus causales y sus motivos”, dice el espíritu para justificar el liberalismo o el conservadurismo en ciertos momentos, defendiendo, así, las decisiones que se toman y la élite política que se encarga de tales. 

Un ejemplo importante es la apreciación con la que Melgarejo reconoce su Congreso como el más notable que ha tenido la República. No está de más mencionar que Tamayo Sanjinés está nombrado dentro de los insignes servidores de Melgarejo en este Congreso suyo.

Por eso es importante entender el título del texto en su reedición como una síntesis de las partes que juegan un rol en este alegato. Es Melgarejo el personaje que tiene voz, pero es el espíritu de toda esa época aquello que se defiende y justifica. 

Añadir a Thajmara en el título de la obra cobra aún más sentido al entender la vida de Isaac Tamayo Sanjinés, su participación en la política boliviana de la época y que detrás de este pseudónimo esté la imagen de un funcionario estatal que tiene pleno conocimiento de la vida política durante esos años.

 La imagen y personalidad de Melgarejo se presentan como una institución que agobia Bolivia desde su nacimiento: el caudillaje. A pesar de esta, existiría una élite política que maneja el gobierno de forma casi paralela y en segundo plano. Thajmara es, más que una persona, una colectividad.

 

Thajmara. Habla Melgarejo: un diálogo con la historia

Por último, es innegable reconocer que el texto se presenta como un diálogo con la historia misma; más aún si se toma en cuenta lo natural de la personalización de la política en la historia boliviana. Y es que no es casual que un gobierno adopte el nombre de su presidente ni que estos nombres se conviertan en adjetivos. 

Melgarejo representa un gobierno, una temporalidad y un momento histórico determinado. Hablar con Melgarejo es dialogar con la historia misma, aprender de ella y mirar atrás para entender el presente. 

Gracián Bascopé Tamayo, quien escribe una breve introducción a este texto, tiene razón al afirmar que mucho de lo que estaba mencionado en el índice de problemas que Thajmara daba a conocer en 1914 tiene todavía actualidad y aún se figura como tarea pendiente en la Bolivia de hoy. 

Ya sea el tema económico, racial (en términos de esa época) o incluso el de la modificación de la Constitución Política del Estado, el texto de Tamayo Sanjinés revela que tenemos las mismas preocupaciones y que no vendría nada mal mirar al pasado a través de la lectura de un libro o, en su defecto, una sesión de espiritismo.

 

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