Historia

José Santos Vargas y la memoria histórica

El autor escribe sobre el imaginario en el relato del Diario de un comandante de la Guerra de la Independencia. Se trata, dice, de una historia menos ideologizada y más cercana a nuestra sociedad abigarrada.
domingo, 05 de mayo de 2019 · 00:00

Roger L. Mamani Siñani  Historiador

José Santos Vargas fue uno de los sobrevivientes de la Guerrilla de los Valles de La Paz y Cochabamba que actuó durante la Guerra de la Independencia en contra de las tropas realistas entre 1814 a 1825. Aprendió a tocar “la caja” o tambor, sólo para poder estar cerca de los comandantes insurgentes para luego escribir en su diario las decisiones que tomaban estos, además de todo lo relacionado a su grupo guerrillero. Esto dio lugar a uno de los documentos más sobresalientes en la historia de nuestro país, el ahora famoso Diario de un comandante de la Independencia. 

Pero, ¿qué personajes nos muestra el diario? ¿Españoles malos contra patriotas buenos? ¿Es verdad que refleja la invasión europea? ¿Sólo se transmiten páginas de llanto y dolor? Y, ¿dónde quedaron los indígenas en todo esto? Son sólo algunas preguntas que nos vienen a la mente una vez que se reflexiona sobre los variados discursos que se manejan en torno al diario.

Para empezar, la Guerra de la Independencia, tanto de lo que hoy es Bolivia como en casi toda América fue muy similar a una guerra civil, es decir que las personas de una misma región se enlistaron para pelear ya sea en el bando realista o insurgente. Esto es precisamente lo que nos muestra las páginas del diario de Vargas, puesto que podemos encontrar que lugares pertenecientes a un mismo piso ecológico como Irupana y Coroico optaran cada una por una opción distinta, mientras que la una se mantenía “fiel al Rey”, la otra siempre fue levantisca, todo esto independientemente del origen de los pobladores de ambos lugares. Esto elimina la presunción de que sólo los europeos eran partidarios del sistema colonial, cuando en verdad muchos de los criollos de la más larga raigambre defendieron las banderas reales.

Esto se puede demostrar con la figura de José Manuel Goyeneche, quien provenía de una de las familias más importantes de Arequipa, o del último virrey de Buenos Aires, Pedro Antonio Olañeta, Tucumano de origen, quien combatió tanto a insurgentes como a constitucionales, en aras del absolutismo real representado por Fernando VII. 

Por el otro lado tenemos a Juan Antonio Álvarez de Arenales, quien era español de nacimiento, pero peleó por la bandera insurgente de las Provincias Unidas, llegando a ser designado como Comandante en Jefe de las Guerrillas en territorio charquino. En la guerrilla de Vargas estaba presente Carlos García, un inglés que se hacía cargo de los cañones de la División de los Valles. Como se puede comprobar, muchos criollos fueron leales a la corona mientras que muchos otros europeos, pelearon en el bando insurgente.

Por lo tanto, hablar de invasión en el periodo de la Guerra de la Independencia, como se ha estado sugiriendo, es completamente erróneo. La conquista había quedado siglos atrás, los primeros españoles en suelo americano habían muerto hace mucho, pero dejaron su descendencia, los criollos, que compartieron un espacio con mestizos, indígenas, negros y pardos, quienes se enlistaron en alguno de los bandos contendientes de acuerdo a sus propios intereses u objetivos.

Por otro lado, las páginas del diario de Vargas ilustran verdaderos actos heroicos, escenas cargadas de emociones y personajes que alcanzaron el clímax de su vida en tan sólo unos segundos. Lo que acerca a Vargas a un narrador épico más que uno dramático. Baste leer la escena escrita de forma magistral, donde un indígena al enfrentarse a un soldado realista recibe un “bayonetazo” en el estómago, pero en vez de escapar o de tirarse al suelo por el dolor, el “bravo indio” se metió más el arma sólo con el objetivo de asestar un golpe de macana a su enemigo. El soldado al ver la reacción de su contendor se echó a correr dejando su fusil clavado en las entrañas de su ofensor. 

Esta escena nos da pie a pensar en la participación indígena. La verdad es que estos estaban presentes tanto en filas insurgentes como realistas. En los valles de La Paz y Cochabamba, muchos de ellos se hicieron guerrilleros profesionales, incluso llegaron a alcanzar grados como sargentos o cabos. Pero en su contraparte tenemos a los “Amedallados del Rey”, o sea aquellos indígenas que por sus servicios a la corona, ya sea como guías, espías, o como comandantes de “indiada realista” recibían una medalla con la efigie de Fernando VII en prueba de su lealtad. De esta forma comprobamos la participación activa de los indígenas en el proceso de la Guerra de la Independencia, en uno u otro bando, lo cual no debe ser tomado como algo negativo, después de todo ellos también debieron optar por el bando que más les convenía en aquellos tiempos violentos.

Celebro la recomendación de que el Diario sea una lectura obligatoria para todos los jóvenes, pero no para fortalecer una visión maniquea de la historia, una historia de buenos contra malos o de españoles contra indígenas. La lectura de este documento debe ser seria y profunda, pues el Diario de José Santos Vargas muestra una historia compleja de encuentros y desencuentros, de alianzas y conflictos, es decir una historia menos ideologizada y más cercana a nuestra sociedad abigarrada.  


 

Confidencial

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