Homenaje

Paulovich , humor y libertad

El autor resume parte de una entrevista que le hizo al gran periodista boliviano, en la que revela las claves para escribir con humor y criticar con ética a la sociedad.
domingo, 14 de julio de 2019 · 00:00

Mario Castro Periodista

Paolo, Paulovich, Alfonso Prudencio Claure, ya partió por ese camino por el que todos vamos. Sin duda se lo extrañará porque dejó huella y no será fácil dejar de pensar en el original periodista, como en el entrañable amigo. También por haber protagonizado, largo tiempo, en la radioemisora que yo dirigía, el programa Llamadas a gil y mil. Por la doble vía de la gratitud y el reconocimiento lo recordarán muchos y mucho.

Yo aquí, mediante un fragmento de una entrevista y algo de un comentario, me detendré en dos hitos de su trascendente trayectoria profesional: dos distinciones que merecidamente se le otorgaron: el Premio Nacional de Periodismo (APLP-1999) y  el  Premio Libertad de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP-2008).

En distintas ocasiones especiales he entrevistado a Alfonso Prudencio Claure, conocido  como Paulovich; seudónimo que utiliza para escribir su conocida columna “La noticia de perfil” lo mismo que sus libros y afectuosamente apodado como: Ch’usito... 

Esas oportunidades han sido, por ejemplo, cuando recibió el premio de la Fundación  Manuel Vicente Ballivián, o cuando fue incorporado a la Academia Boliviana de la Lengua. Ahora será también una ocasión especial; la de habérsele otorgado el Premio Nacional de Periodismo 1999.   

  Iniciaremos este diálogo conociendo la estimación personal que haces del humor, estableciendo que hay distancia con la sátira, que puede ser inclusive mordaz. Tus apreciaciones son ampliamente conocidas de modo que eximo elogios

  Qué bien. Seguramente un poco se debe también a  la vieja amistad que cultivamos, como que eres una de las pocas personas que me llama en la calle Ch’usito, que es un apodo  que me pusieron en el colegio en los primeros cursos de primaria porque era un ch’usu para el fútbol. 

  Ah… ese el motivo

  Sí,  ese es el motivo, entonces la gente que he conocido hace muchos años aún recuerda ese apelativo afectuoso que me daban en el colegio San Calixto y que se perdió cuando comencé a escribir y busqué otro apelativo que es el con el que me he quedado,  Paulovich,  y el cual se ha impuesto digamos incluso a mi nombre y  apellidos porque muy poca gente sabe que yo me llamo Alfonso Prudencio Claure

¿Hay algún motivo especial para la elección de ese apelativo de Paulovich?

  Simplemente obedece a la razón de separar dos épocas en mi actividad, primero en Presencia con una columna muy seria, a ratos tierna, muy católica,  de acuerdo a los años que yo vivía cuando era un chico bueno, ahora ya no creo ser un chico bueno… sigo siendo chico,  entonces yo escribía con el seudónimo de Paulo en el Semanario Presencia. Con ese nombre yo me fui a España a estudiar  periodismo, pero después de haber escrito  un año en ese semanario. Cuando volví convertimos el periódico, en diario; el doctor Cajías me sugirió que el periódico debería tener una columna de humor y él pensó que yo servía para eso, no sé por qué, si fue intuición del doctor Cajías o qué.

Ah… él es el descubridor
 

   Él viene a ser el descubridor y el que me incita a esta aventura periodística      del humor. Entonces decidí convertir a Paulo, convertirlo en Paulovich, que   como tú sabes en lenguas eslavas quiere decir el hijo de Paulo.

Volvamos  a como habíamos comenzado: ¿Qué estimación haces tú particularmente a la forma de  escribir con humor’ 

   Creo que el humor es un género superior en la literatura. Hay mucha gente que cree que es un género inferior, no lo valora suficiente pero   hay otra gente  que sí. 

   De  aquellos comienzos a la fecha, ¿cómo ha evolucionado tu forma de escribir?

  En un principio la cosa se me daba más o menos en una forma casi elemental; muy agresiva, muy iconoclasta y la cosa es que he ido superando con el tiempo, a veces me asusto cuando releo mis artículos de los años 58,59 que demuestran pues una elementalidad digamos en mi humor y que me sorprendo y digo “pero qué barbaridad, cómo he podido decir estas cosas tan atrevidas”.  Deberían haberme molido a palos los jefes de policía política… cualquiera, ¿no? y poco a poco conforme pasaron los años me fui dando cuenta de que el humor no debería ser agresivo, malo o sarcástico, o como tú nombraste hace un rato.

Aquella diferencia de lo satírico y mordaz

   He visto que en los últimos años me inclino más por la ironía que por el sarcasmo u otras formas de humor que hay, que  a veces causan mucho daño o mucha tristeza de repente.

Y con el humor, ¿crees que se adopta una posición  constructiva dentro del periodismo y que puede convidar a la reflexión mejor que con algún artículo profundo  muy en serio?

  Desde luego que lo creo. Yo sé que intuitivamente capté un mensaje de Chaplin por ejemplo. Chaplin es un hombre  que dominó el humor en sus actuaciones y al mismo tiempo  nos daba un mensaje tierno que nos hacía reír y también nos hacía llorar. Intuitivamente me fui dando cuenta de que tras el ropaje del humor debería existir un mensaje, un rayo de ternura o más que un rayo, una actitud más tierna hacia la gente. Entonces creo que el humor sin ternura, por ejemplo, no vale mucho, es más fácil agredir a la gente que quererla y demostrarle solidaridad, amistad.

Has citado un nombre, el de Chaplin, como un paradigma de ese humor, pero ¿qué otros periodistas o escritores bolivianos del humor han influido o han podido influir en ti o que has admirado su trabajo?

  Bueno creo que el antecedente inmediato vendría a ser don Walter Montenegro, el celebrado Buena Vista,  que tenía una columna de humor en el  periódico La razón, La razón de Aramayo ¿no? que se llamaba Mirador.

Se produjo  un libro inclusive con la compilación de esas    publicaciones

 Sí, exacto, era un hombre maravillosamente tierno del que recuerdo que alguna vez me dijo entre las cosas geniales que decía: “sabe Paulo, descontando el aspecto sexual, uno debería casarse con su mejor amigo”.

Hablando  de este género y de formas de expresión que se dan también en el periodismo es trascendente la caricatura,  a veces con pocas palabras e inclusive muchas veces sin palabras: ¿Qué valoración haces de ella?

Es un género muy difícil propio de personas muy hábiles tanto en el manejo de la pluma que dibuja como de la idea, el mensaje que se pueda decir en cuatro rasgos,  admiro mucho por ejemplo a Luzbel, que me parece una de las expresiones mejores que tenemos del humorismo, aunque hay otras que han ido apareciendo, bueno yo soy un inútil absoluto para el dibujo, como para otras cosas,  entonces jamás me he atrevido a ensayar el género de caricatura, entonces opté por hacer algunas caricaturas escritas y vendrían a ser caricaturas un poco piadosas.

 Se nos endilga, en general, que somos introvertidos, acaso por la influencia telúrica por este escenario geográfico  en el que nos desenvolvemos. ¿Tú  consideras que es necesario que nos abramos más en general, que estemos más dispuestos al humor y que nos beneficiaria?

  Sí. Absolutamente. Creo en eso en lo que acabas de decir absolutamente, creo además que no sé quién lo dijo,  que el hombre era primitivo hasta que sonrió ese es  el valor de la sonrisa que puede producir un humor bien hecho. Se ha hablado mucho acerca de esa característica interior nuestra de ser hombres muy serios producto del medio, de lo telúrico que tú has mencionado, producto tal vez de nuestros antecesores indígenas; qué se yo, a quienes pareciera que les cuesta un poco sonreír, lo cual no es absolutamente cierto tampoco, sin embargo el Che Guevara, por ejemplo, en su diario, se sorprende de los campesinos bolivianos y dice: “parecen hombres de piedra”. “Qué horror, no se sabe lo que sienten  lo que piensan”. Efectivamente existe algo de eso, el mestizaje también, ¿no? El mestizaje no  produce mucho buen humor,  de tal manera que te diría, Mario, por otra parte se produce un tipo de hombre solemne, ya en las clases más cultas, digamos.

        ¿Sería el típico hombre acartonado?

 Terriblemente acartonados, entonces tratando de… como te diría, cubrir la falta de conocimientos y  demás con la solemnidad, o sea, el hombre que sabe poco y no quiere demostrarlo y entonces  se convierte en un hombre absolutamente solemne. “Cartón Leva”.

  Tú  te aproximas a la cotidianidad para inspirarte; o específicamente buscas lo especial para hacer, por ejemplo, tu columna diaria

Creo en la elaboración permanente, es  inevitable. Alguien me preguntó y me dijo cuánto tiempo demoro en escribir un artículo. Entonces le dije, es muy difícil de decir cuánto tiempo me lleva el escribir una crónica con algo de humor, una crónica más o menos bien hecha. Entonces me di cuenta que no era justo decir una hora, dos horas o tres horas que me puede llevar el ejercicio de elaboración de una nota frente a la máquina de escribir, porque me parece que permanentemente voy elaborando en el sitio en el que me encuentro.  

Estoy en un bar,  o en una biblioteca, o en un templo, hay una cosa interna que va elaborando, buscando algo que pueda ser gracioso, o que chocara a la lógica o al buen sentido, de tal manera que en el momento ya de escribir una crónica hay alguna cosa ya semielaborada que hace que muchas veces mi trabajo sea de una hora, dos horas o tres horas, lo cual me maravilla porque soy un hombre que trabaja poco, digamos en ese sentido, aunque la elaboración intelectual me lleve muchas horas, o me ocupe permanentemente, tal vez hasta en los sueños.

Bien. Tanto en el género al que tú le das tanta relevancia, lo mismo que en el género serio en el periodismo, hay un componente exigible e inexcusable: la ética; qué apreciación haces de la ética en el ejercicio del periodismo en nuestro medio.

Creo que es un requisito importantísimo, sobre todo en las personas que se comunican con el público. Yo creo que sin ética, sin una serie de principios éticos, uno no tendría la autoridad para poder decir absolutamente nada y eso lo percibe el lector, como lo percibe el  que escucha en la radio, o como lo percibe también quien observa la televisión. Se da cuenta absolutamente de   la importancia de la ética en quien te está lanzando un mensaje y el lector, o el escucha, es tan hábil en este sentido que rechaza inmediatamente cuando sabe que un mensaje es falso, cuando se da cuenta que alguien que escribe es como que no se debe robar y si se rechaza al ladrón, por ejemplo, entonces descarta el mensaje y seguramente no lo acepta.

He dicho al principio que ha habido varias oportunidades que hemos conversado, y qué placer ahora por el galardón que has ganado, y por el que te congratulamos, el Premio Nacional de Periodismo. Hasta siempre Alfonso 

Hasta toda la vida, querido Mario.

 Hemos conversado con Alfonso Prudencio, Paulovich.

 

Paulovich, humor y libertad

Hace pocos días (5 de mayo de 2008) la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) le otorgó el Premio Libertad al periodista Alfonso Prudencio Claure, quien hizo popular y entrañable su seudónimo de Paulovich, durante 50 años,  en su columna “La noticia de perfil”. 

Ahora me induce esa distinción a otras consideraciones, relacionando el humorismo de Paulocvich y cuánto implica el galardón denominado Libertad. 

Es importante destacar el humorismo. Una buena razón sería que nos hace falta. Quizás los vaivenes de la política o en general nuestra realidad conflictiva afectan nuestros sentimientos y nos tornan agrios. El célebre Enrique Jardiel Poncela  dijo: “…definir el humorismo es como pretender traspasar una mariposa empleando como aguja un poste telegráfico”. 

Eso sí, podemos convenir que el humorismo revela el lado serio de las cosas tontas y el lado tonto de las cosas serias. En todo caso, es una actitud estupenda que nos lleva a otra grata realidad, aunque pretenda muchas veces tan sólo hacernos sonreír, provocar risa y también mucho más: que nos haga pensar, pues inducir a la reflexión es otro de sus valores.

Cuando en el periodismo se hace crítica con la punzante fuerza del humor  siempre hay resentidos. En la mayoría de los casos olvidan que es inherente a esta tarea señalar aquello que damnifica o lo que gratifica al país. 

El humorismo no debe incomodar en tanto no haya ofensa a la dignidad humana; tenemos que aprender a reírnos de las sutilezas del humor y a reírnos de nosotros mismos.

Y siguiendo el propósito inicial dedicaré unos renglones al mayor bien que tiene el ser humano: la libertad, nombre elegido para su máximo premio por la ANP.

Esa luz del pensamiento para comprender que sólo en libertad podemos ser nosotros mismos, sin ataduras;  claro, en el ejercicio del periodismo con absoluto respeto a los demás, sin traficar con el genio, como los verdaderos hombres libres, son buenos ejemplos, Sócrates, o como fueron los ascetas, o San Francisco de Asís,  combatiendo las acciones temibles de los autócratas que persiguen a los que construyen un sistema de ideas. 

Hago una apología de la libertad por considerarla en sí una energía que afirma un derecho fundamental. Y, finalmente, citaré un pensamiento de un grande en el que se incluye ese principio: “Hacer todo el bien posible, amar la libertad por sobre todas las cosas, y aunque fuera a cambio de un trono, jamás traicionar a la verdad”, Ludwig Van Beethoven.

 

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