Reseña

Una historia eléctrica

Hasta el gobierno de Morales, el sector no fue visibilizado como estratégico; la nacionalización fue posible gracias a un cambio estructural de su concepción.
domingo, 21 de julio de 2019 · 00:00

Gabriela Flores López Comunicadora social

Concretar la consigna “Bolivia, corazón energético de la región” es el objetivo que el país pretende alcanzar, según la campaña iniciada y planteada, en materia de energía, por el presidente Evo Morales el 6 de agosto de 2014. Hay proyecciones y una planificación a cumplir hasta el 2025, gestión en la que Bolivia cumplirá 200 años de independencia. Es lo que Morales anunció: “En 2025, mínimo estaremos exportando 3.000 MW (megavatios), por eso estamos seguros de que Bolivia será el centro energético de Sudamérica, no estamos lejos”. 

Las estrategias para plantear tamaño objetivo se remiten a luchas sociales y políticas que suponen a Bolivia como un país grande y capaz de salir adelante sin la intervención de empresas privadas como líderes del desarrollo. Según refleja el libro La nacionalización del sector eléctrico en Bolivia, de Hortensia Jiménez Rivera y editado en 2018 por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS), hubo decisiones del Estado, momentos y formas de encaminar el proceso, en relación al sector eléctrico, que aportaron al fortalecimiento de la economía de los bolivianos. 

Varios hitos han marcado la historia de Bolivia en el último siglo. La lucha por la recuperación de los recursos naturales comenzó el año 2000 con la Guerra del Agua y continuó en 2003 con la Guerra del Gas. Las protestas desencadenaron un programa nacido de las demandas populares como es la Agenda de Octubre, que dio inicio a las acciones del partido luego gobernante.

La Constitución Política del Estado Plurinacional establece que el acceso a los servicios básicos es un derecho humano básico. Por lo tanto, su provisión es de responsabilidad estatal. Es de esta manera que el sector eléctrico se ha convertido en uno de los ejes principales del desarrollo boliviano, bajo la perspectiva de transformar a Bolivia en un país exportador de energía eléctrica, además de contar con una cobertura del 100% a nivel nacional. 

De acuerdo a la publicación, el sector eléctrico hasta el gobierno de Morales no fue visibilizado como un sector estratégico para la política socioeconómica del país. En tanto potencial generador de excedente, se lo consideraba como un servicio de carácter complementario. La nacionalización de este sector fue posible gracias a un cambio estructural de su concepción. 

El proceso de cambio situó la nacionalización como un principio de inclusión, un proyecto de desarrollo integral y de derechos en todo el territorio, sostiene Jiménez. La visión de Morales radica en la lucha por eliminar la discriminación, y para ello el sector eléctrico se constituye en un nuevo motor económico. 

El 1 de mayo de 2010, recuerda el libro, el Estado tomó posesión de las de las oficinas de Corani, Valle Hermoso y Guaracachi. “El Estado sienta soberanía en plantas de electricidad. El gobierno nacionalizó las generadoras Corani, Guaracachi y Valle Hermoso, además de la distribuidora de electricidad, Empresa Luz y Fuerza Eléctrica de Cochabamba (ELFEC)”. 

Dos años más tarde se nacionalizó la Transportadora de Electricidad (TDE), con el objetivo de ejercer el control de las líneas de transmisión eléctrica del país, ya que en más de 15 años de administración extranjera no se construyó una sola línea eléctrica adicional. El mismo año se nacionalizaron las empresas de distribución de La Paz (Electropaz) y de Oruro (Empresa de Luz y Fuerza Eléctrica de Oruro – ELFEO), además de la Empresa de Servicios (Edeser) y la Compañía Administradora de Empresas Bolivia Sociedad Anónima (CADEB S.A.) –creadas por la transnacional de Hidroeléctrica Española e Iberdrola Sociedad Anónima (Iberdrola S.A.), accionista mayoritaria–, cuyos servicios se remitían a facturación, mediciones y respaldo técnico, entre otros. 

Las razones principales para nacionalizar las empresas antes mencionadas fueron equilibrar las tarifas en estos departamentos, que la calidad del servicio eléctrico sea uniforme en el área rural y en el área urbana, y lograr un servicio igualitario, equitativo y uniforme para toda la población. La nacionalización del sector eléctrico permitió realizar la compensación de manera transparente y, sobre todo, que prevaleciera un justo precio, precautelando los intereses del Estado. 

Esta medida puede ser evaluada desde tres aspectos fundamentales: técnico, social y económico, según se desprende de lo propuesto por Jiménez. En cuanto a lo primero, se puede apreciar la expansión de la estructura en la evolución de la ampliación de la red eléctrica en el territorio nacional. Durante la época del modelo neoliberal, la empresa privatizada construyó 103 kilómetros de líneas de transmisión, mientras que, en manos del actual Gobierno, durante cinco años se construyeron 1.253,6 kilómetros de línea eléctrica. 

En el ámbito social, se ha invertido en obras de generación, transmisión y distribución en lugares alejados de los centros urbanos. La notable diferencia se puede reflejar en el periodo 1995-2005 (diez años con empresa privada), tiempo en el que se invirtieron 543,5 millones de dólares; en cambio, luego de la nacionalización (2010-2015), el Estado invirtió 989,9 millones de dólares. 

Tras estos ejemplos expuestos en el libro de la actual directora General Ejecutiva de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN), cabe destacar la acción y los resultados de la nacionalización del sector eléctrico. Desde la tendencia neoliberal, se pretendía que el sector continúe en manos privadas, pues se acusaba al Estado de ser un mal administrador. A lo largo de estos años, el Estado ha desmentido en este ámbito tal acusación, la muestra son los datos referidos a generación, transmisión y distribución de energía.

Las coberturas urbana y rural son otros los indicadores que desechan las posturas de administraciones anteriores. La recopilación y el análisis de datos reunidos en este libro permiten identificar que ENDE ha superado las expectativas de crecimiento y de inversión para el país en materia de electricidad, echando por la borda las proyecciones pesimistas de críticos que opinaron que el crecimiento no era posible sin la empresa privada. ENDE Corporación es el resultado de una transformación que beneficia a los ciudadanos en cuanto al sector energético.

 


 

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