Lectura

De libros, librerías y ferias

El autor hace un repaso por la historia del papel; del libro en Bolivia; la primera feria del libro en el país; las librerías pioneras y las ferias contemporáneas.
domingo, 28 de julio de 2019 · 00:00

David Pérez Hidalgo Vicepresidente de la Cámara Departamental del Libro de La Paz

El papel y la tinta

Para poder hablar del libro tal como lo conocemos hoy, primero debemos hablar –aunque sea brevemente– de sus dos componentes principales: el papel y la tinta –que luego convergieron en el invento de la imprenta–, dos inventos esenciales para entender y difundir la cultura y el progreso y que cambiaron al mundo.

El papel tiene como antecesor al papiro usado en Egipto desde hace unos 3.000 años y a las tablillas de arcilla empleadas en Mesopotamia desde antes para perpetuar ideas e historias en lenguajes cuneiformes. 

Hace unos 2.000 años, en China, se inventó el papel en base a fibras vegetales, primero usado para envolver y después para escribir en él; luego pasó al mundo árabe, y ellos lo introdujeron en Europa al empezar el Renacimiento –principios del siglo XIV– donde inicialmente no tuvo mucha utilidad, hasta el invento de la imprenta que le encontró su mejor y definitivo uso.

La tinta, igual fue inventada en China hace unos 3.000 años, y estaba hecha de agua, pigmentos vegetales y hollín u otros pigmentos minerales.

La imprenta

La invención de la imprenta es atribuida a Gutemberg a mediados del siglo XV en Alemania y que gracias a él se pudo alfabetizar al mundo, pero ni lo uno ni lo otro es una verdad absoluta, ya que en Asia –China y Corea– ya se había desarrollado la impresión con tipos móviles y la simplificación de la escritura para hacer más fácil la impresión; y en el mundo musulmán –el califato abasí– ya la alfabetización era común desde los siglos VII y VIII. 

Lo que no se le puede negar a Gutemberg es que a partir de su imprenta se empezó a imprimir rápidamente más libros haciéndolos accesibles a más gente, antes solo un privilegio de pocos que disfrutaban obras maestras de la caligrafía en hermosos manuscritos a los que los monjes dedicaban a veces toda una vida.

El libro

El libro en su formato actual tiene muchos siglos de antigüedad, pero para perpetuar las ideas y los hechos se empezó a hacerlo en piedra, luego en tablillas de arcilla, después en  rollos de papiro y pergamino hasta llegar al papel y en el siglo XXI a los formatos electrónicos.

Los códices –varias hojas de papiro, pergamino o tablillas con tapas de madera y sujetas con correas de cuero o fibras vegetales– fueron los inmediatos antecesores de nuestros libros. En todas las culturas antiguas (Egipto, Grecia, Roma) hubo importantes y famosas bibliotecas (Alejandría, Octaviana, Palatina, Bizantina) que albergaron y protegieron los hermosos libros manuscritos e ilustrados por monjes, de larga y minuciosa factura, y por lo tanto muy cara e inaccesible a la mayoría del pueblo, siendo solo la alta burguesía, la aristocracia y la realeza los privilegiados de tener acceso a la escritura y la lectura –además de los religiosos dedicados a elaborarlos y cuidarlos-.

Durante la Edad Media, los monasterios fueron los encargados de la conservación y difusión de la cultura y el conocimiento, ahí se realizaba copias, pero aún pocas, insuficientes y costosas; es hasta el Renacimiento que se mantiene este sistema de copiado, y con la invención de la imprenta de Gutemberg es que la impresión ya es más abundante y se amplía la temática de los libros, que hasta ese entonces se había restringido casi totalmente a temas religiosos, es así que empiezan a aparecer libros de temas científicos, históricos, novelas, etcétera.

 De todas maneras, no es hasta la Revolución Industrial y la mecanización de los  procesos de las imprentas –más rápidos y efectivos– que el libro deja de ser patrimonio de minorías privilegiadas y llega a todos los sectores de la población, paralelo a este auge de la impresión de libros, la alfabetización y el periodismo hacen que el interés por la lectura se multiplique.

Las instalaciones  de la  librería Minerva (ya desaparecida), en la calle Socabaya.

El libro en Bolivia

Se considera el primer libro producido en el área andina a Arte y Gramática Muy Copiosa de La Lengua Aymara, de Ludovico Bertonio, impreso en Roma, en 1603. Bertonio fue un sacerdote italiano que residió en Juli –población muy cercana a la frontera boliviana, entre Desaguadero y Puno– desde 1585, con estadías en Potosí de 1603 a 1612. 

A partir de 1612 se imprimieron otras obras de él, algunas con temas religiosos y otras relacionadas al estudio del aymara. La obra más destacada del siglo XVII –y considerada la primera obra literaria en territorio boliviano– es Historia de la Villa Imperial de Potosí, obra de Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela (1676-1736) que hizo a mano varias copias manuscritas de su monumental libro.

De los siguientes dos siglos no hay mucha referencias a producciones literarias en nuestro territorio, algunos de los más destacados fueron Fray Antonio de la Calancha, el Padre Barba, Vicente Pazos Kanki, Gaspar Escalona y Aguero, Juan Pasquier, Antonio de Acosta, Pedro Méndez, Bartolomé de Dueñas, entre otros, quienes imprimían sus obras en ciudades más grandes que ofrecían los servicios de impresión. Los temas siguen siendo predominante religiosos, pero también se escribe sobre la grandiosa riqueza de Potosí y algunos temas jurídicos.

Es hasta inicios del siglo XIX y al calor de la guerra por la independencia de Bolivia y los otros países sudamericanos que llegan con los ejércitos las primeras imprentas –pequeñas, manuales– para imprimir folletos, pasquines y documentos de proclamas independentistas y realistas, y temas políticos que antes eran impresos en Lima. 

Ya a mediados de siglo se publica en La Paz Soledad, obra del argentino Bartolomé Mitre, que fue escrita en una de las haciendas que tenía José Ballivián cerca a Cohoni, en las faldas del Illimani, y es considerada la primera novela escrita en Bolivia y también la primera novela argentina. Soledad se publicó en el formato de folletín entre el 7 y el 25 de octubre de 1847, en varias entregas en el periódico La Época dirigido por Mitre, La Época fue el primer periódico de publicación diaria en Bolivia. Otros consideran que la primera novela boliviana es Claudio y Elena, obra del paceño Vicente Ballivián y Roxas, escrita e impresa durante su estadía en Londres en 1834, 13 años antes de Soledad.

En las subsiguientes décadas se incrementó la producción literaria en nuestro país, pero la mayor parte de los autores nacionales recurrían a imprentas de Lima, Santiago o Buenos Aires para publicar sus obras, incluso hubo algunos que llegaron a imprimir en Madrid o París. Los escritores más notables de esa época fueron Nataniel Aguirre, Gabriel René Moreno, Tomás O’Connor D’Arlach, Ricardo Jaimes Freyre, entre otros.

En la segunda mitad del siglo XIX, a pesar de ya existir bibliotecas públicas –la de Sucre data de 1825 y la de La Paz de 1838– era aún un privilegio el acceso a los libros; había casas importadoras que traían una variedad de productos, y entre ellos algunos libros.

Las primeras librerías

De las primeras librerías que se tiene noticia en La Paz, una aún está en actividad y es una de las más grandes con sucursales en las principales ciudades del país, Gisbert y Cía., que nació en 1907 como Arnó y hermanos y lleva 112 años de vida, funcionando su oficina principal desde 1922 en el mismo edificio de la calle Comercio, entre Ayacucho y Colón. 

Otra librería importante de principios de siglo fue la librería Renacimiento, ubicada en plena Plaza Murillo, en la acera del frente del Palacio Legislativo (ver foto), estuvo en actividad por varias décadas, como se puede ver por su publicidad en el libro del Centenario de Bolivia publicado en 1925 y también aparece entre otras numerosas librerías en un listado de publicaciones del IV Centenario de La Paz en 1948, junto con otras como ser Librería Voluntad (calle Socabaya), Librería Popular (plaza Pérez Velasco), Librería América (avenida Camacho), Librería Alexander (calle Potosí), entre decenas de otras.

En los años 70 del siglo XX, recuerdo a muchas hermosas librerías que frecuentaba y fueron desapareciendo de a poco por diferentes motivos: la Librería Selecciones, de propiedad del barón del estaño Carlos Víctor Aramayo (avenida Camacho); la librería Ichtus (edificio Cosmos, en El Prado); Los Amigos del Libro (en la calle Mercado casi esquina Colón); la librería Difusión (en la esquina de El Prado y la calle Campero); la Librería Tejerina (calle Comercio, a pocos pasos de la Plaza Murillo) y la Librería Dismo, tristemente desaparecida hace pocos años (calle Comercio casi plaza Pérez Velasco), fueron espléndidos establecimientos comerciales, pero principalmente lugares de difusión del saber, de ideas, de conocimientos, de cultura y también de entretenimiento.

La Cámara del Libro

La Cámara Boliviana del Libro es fundada en La Paz el 5 de septiembre de 1945 por los dueños de las librerías Gisbert, La Paz, Atlántida, América, Selecciones, Alexander y Las Novedades con el objetivo de “unir  todos los que trabajan para y con el libro, propulsar el desarrollo de la cultura, unir a los libreros y afines y representar a los libreros para defender sus intereses gremiales”, siendo su primer presidente Alfredo Alexander.

 Fue la primera Cámara del Libro en Bolivia y tuvo el estatus de nacional –afilió a empresas de varios departamentos– hasta el año 2009 en que se decide ceder el nombre de Cámara Nacional del Libro para recibir a la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz (fundada en mayo de 1998) y a la recientemente fundada Cámara Departamental del Libro de Cochabamba (fundada en julio de 2008) y a la renombrada Cámara Departamental del Libro de La Paz y poder así conformar la Cámara Boliviana del Libro.

Librería  Renacimiento, sobre la Plaza Murillo, el primer establecimiento comercial exclusivamente dedicado a libros en La Paz.

La primera feria del libro en Bolivia

La primera Feria Internacional del Libro fue organizada por el Ministerio de Educación en septiembre de 1964 y se realizó en El Prado, con la participación de diez países invitados (Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra, Holanda, Japón, China y Yugoslavia) y siete librerías y editoriales locales (Juventud, Amigos del Libro, Libro Técnico, Altiplano, Banet, Don Bosco y Burillo). 

Fue inaugurada por el ministro de Educación y Cultura, Carlos Serrate, y contó con la asistencia del presidente Víctor Paz Estenssoro y representantes del cuerpo diplomático (Presencia, sábado 5 de septiembre de 1964).

 

Las ferias del libro contemporáneas

Las Cámaras del Libro reúne a  las instituciones llamadas por naturaleza a organizar las ferias del libro, es así, como desde 1978, la Cámara Boliviana del Libro organizó en La Paz la Feria Nacional del Libro en el Paseo de El Prado –por ser el lugar más transitado de la ciudad– y durante varios años se la realizó al aire libre, ocupando también alguna vez la –recién convertida en peatonal– calle Comercio. 

Con el transcurso del tiempo y con el crecimiento de la feria y por motivos de seguridad y comodidad, se vio la necesidad de trasladarse a un lugar cerrado y se trasladó a la Casa de la Cultura, luego al Club de La Paz, y ya en el año 1996 convertida  en Feria Internacional –cambiando radicalmente de ubicación, a la zona Sur– al Círculo Aeronáutico de Los Pinos, después al Círculo de Oficiales del Ejército en Calacoto y más tarde al Campo Ferial de Següencoma, volviendo por unos pocos años al COE mientras se construía el Campo Ferial Chuquiago Marka, donde se la realiza actualmente y este año se efectuará del 31 de julio al 11 de agosto en su 24ava versión.

 

10
1

Otras Noticias