Ideologías

Identidad para reconocer las políticas del siglo XXI

Francis Fukuyama considera que la política ha cambiado en el siglo XXI y ahora se explica desde el resentimiento.
domingo, 28 de julio de 2019 · 00:00

Ricardo Bellveser  Escritor

El pensamiento de Francis Yukuyama (1952) tiene una peculiaridad que lo singulariza respecto a cualquier otro manual de análisis político, sociológico o de interpretación de la realidad contemporáneo, y es el hecho de que se puede aplicar directamente a las circunstancias en las que viva cada lector. 

Puede parecer que no es lo mismo que un análisis político sea leído por un ciudadano de  EEUU gobernado por Trump, o en cualquier país de la Europa en la que están creciendo los partidos populistas y nacionalistas, y países como el Reino Unido que vota el Brexit, o en la América Latina de Venezuela, Bolivia, Cuba o la de Argentina o Brasil, o del islam. Cuando se lee en cualquier lugar del globo, lo que el autor dice es de aplicación al país que sea, y le ayuda a comprender lo que sucede.

Identidad, subtitulado La demanda de dignidad y las políticas de resentimiento (Ed, Deusto, Grupo Planeta. Barcelona, 2019), –traducida al español por Antonio García Maldonado–, parte de la idea de que en la segunda década del siglo XXI, las políticas mundiales han cambiado, y con ese cambio han entrado en juego nuevos modelos. 

Francis Fukuyama es un politólogo de 66 años de edad, oriundo de Japón, nacido en Chicago, que ha vivido la mayor parte de su vida en Manhattan, y que algunos recordarán que siendo un joven que a los 30 y tantos años de edad, publicó un ensayo titulado El fin de la historia (1990), considerado modélico en su forma y profético en su contenido, pero que el tiempo ha desmentido, porque no le siguió, como él anunció, el fin del mundo hegeliano de las ideas, ni el triunfo irrebatible de la democracia liberal, el libre mercado, y el hundimiento del marxismo como propuesta que lo basaba todo, en la creencia de que las diferentes políticas no eran más que el reflejo de la forma de abordar los conflictos económicos...

Efectivamente, tuvo y tiene muchos aciertos que se han cumplido como él preveía, como que las democracias han crecido en el mundo empujadas por la llamada “tercera ola” de democratizaciones (Samuel Huntington). 

De 1970 al año 2000, “el número de países que podían clasificarse como democracias electorales aumentó de aproximadamente 35 a más de 110”, el modelo de democracia liberal pasó a ser la forma de gobierno mayoritaria en su sentido real o como aspiración, pero se da la circunstancia de que en la segunda década del siglo XXI, la política mundial ha cambiado drásticamente.

Según este autor, hasta ahora la política general de izquierdas o derechas, venía determinada por el modo de afrontar los problemas económicos: “la izquierda quería más igualdad y la derecha exigía mayor libertad”, así los progresistas se miraban en los trabajadores, sus sindicatos, la protección social y la redistribución de la riqueza, mientras que la derecha estaba interesada en reducir el tamaño del gobierno y promover el sector y la iniciativa privada.

“En la segunda década del siglo XXI, –escribe– ese espectro parece estar cediendo en muchas regiones a una definida por la identidad. La izquierda se ha concentrado menos en una amplia igualdad económica y más en promover los intereses de una amplia variedad de grupos percibidos como marginados: negros, inmigrantes, mujeres,  hispanos, la comunidad LGBT, refugiados y otros. 

Mientras tanto, la derecha se redefine como patriotas que buscan proteger la identidad nacional tradicional, una identidad que a menudo está explícitamente relacionada con la raza, el origen étnico o la religión”.

Es lo que Fukuyama considera que son las políticas del resentimiento que crea sus propias subdivisiones, ya que mucha clase trabajadora, a la hora de votar elige partidos o propuestas de derecha o de centro derecha, porque consideran que la izquierda ha dejado de representarle, en su desviarse hacia los grupos marginados, por esconderse detrás de “la gente” que la ven representada en las minorías, no en la mayoría trabajadora, por lo que sospecha que este tipo de políticas no sean más que un sustituto “barato de la reflexión en profundidad”. 

Con otras palabras, sectores en otros momentos identificados con la izquierda, se percatan de que cada vez hay más desigualdad pero no hay más izquierdas, sino más grupos minoritarios, y además consideran que el multiculturalismo de la izquierda es un error. 

La nueva política se ha ido traduciendo en la primavera árabe, en el renacer de China y de Rusia, en las crisis económicas, en los resultados sorprendentes como la elección de Trump como presidente de EEUU, la aprobación del Brexit, el crecimiento del terrorismo islamista, etcétera, aspectos que surgen sobre todo de la aplicación de políticas excluyentes y de resentimiento. 

El terrorismo islamismo sería resultado de la humillación a la que habían sido sometidos los musulmanes, el Brexit a la creencia de que fuera recuperarían su dignidad arrebatada, argumento que late bajo el pensamiento nacionalista que tantos seguidores están encontrando.

Asegura Fukuyama: “Este resentimiento engendra demandas de reconocimiento público de la dignidad del grupo en cuestión. Un grupo humillado que busca la restitución de su dignidad tiene mucho más peso emocional que las personas que sólo buscan una ventaja económica”.

Fukuyama, en conclusión, lo que reclama es más democracia y más política. De altura.

 

Confidencial

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