Novela

Nunca pasa nada, de José Ovejero

Las acciones que transcurren por las páginas conducen a la curiosidad del lector a buscar más y más acciones, hasta hallar, finalmente, el desenlace de las historias.
domingo, 11 de agosto de 2019 · 00:00

Rodrigo Urquiola Flores

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor español invitado a la Feria Internacional del Libro de La Paz. Es ganador de importantes galardones como el Premio Alfaguara por su novela La invención del amor o el Premio Primavera por Las vidas ajenas, otra novela suya, o el Premio Anagrama de ensayo por La ética de la crueldad. Hace poco se hizo acreedor del Premio Setenil por su libro de cuentos Mundo extraño. Sus libros han sido traducidos a diversos idiomas.

Es un autor que ha recorrido diversos géneros, como la poesía –Biografía del explorador, El estado de la nación, Nueva guía del Museo del Prado–, la literatura de viajes –Bruselas, China para hipocondríacos–, el teatro –Los políticos, La plaga–, el cuento –Cuentos para salvarnos todos, Qué raros son los hombres, Mujeres que viajan solas, El príncipe es un sapo. Y viceversa–, la novela –Añoranza del héroe, Huir de Palermo, Un mal año para Niki, La comedia salvaje, Los ángeles feroces, La seducción– y el ensayo –Escritores delincuentes–.

 Nunca pasa nada es otra de sus novelas –quienes busquen leerla pueden encontrarla en la biblioteca del Centro Cultural de España en La Paz–, una en la que la narración guía al lector a través de sus páginas emulando una proyección cinematográfica, las imágenes que se proyectan son claras, precisas y bastante significativas. 

Los diálogos dotan de un carisma especial a cada personaje, cuya identidad, uno entiende al final del libro, es compleja y, aunque parezca única, podría ser la vida de muchas personas, y ahí se encuentra otro mérito del libro: la capacidad de hallar, en lo cotidiano, una épica de los tiempos modernos. 

El estilo de su escritura, en este libro, aparte de ser sencillo, es trepidante, las acciones que transcurren por las páginas conducen a la curiosidad del lector a buscar más y más acciones, hasta hallar, finalmente, el desenlace de las historias que conforman la novela. 

 Carmela y Nico han formado un hogar en las afueras de Madrid, tienen una hija pequeña, Berta. A sus vidas llega una inmigrante ecuatoriana, ilegal, cuya madre, cruzando el charco, está bajo costosos tratamientos contra el cáncer, Olivia, que trabajará como niñera en la casa. 

Olivia llegó a Europa gracias a las gestiones del pastor de la iglesia evangélica de su pueblo, que la puso en contacto con Julián, quien le dio dinero para poder llegar al primer mundo y, además, para poder saldar algunas deudas y costear otros tratamientos médicos que necesita su madre. Ella, ahora, le adeuda más de 5.000 euros que se van incrementando debido a los intereses. A estos personajes se suma Claudio, un adolescente superdotado que se halla en una época de feroz rebeldía, y que es alumno de Nico.

 Todas las existencias, en Nunca pasa nada, cruzan sus vidas unas con otras y el encuentro no es gratuito. Cada uno de estos personajes, cuando nos adentramos en sus secretos cotidianos, no solamente hablan de sus vidas, sino de diversos aspectos de la existencia en esta época moderna.

 Olivia no puede pagar su deuda y Julián la presiona de diversas maneras, amenazado él también por la mafia a la que pertenece, mafia que se dedica a llevar personas de Latinoamérica a España. Pero Olivia no desea prostituirse ni endeudarse con la familia con la que trabaja. Un mal día, Laika, la perrita de la familia, aparece degollada, su sangre regando el jardín. Ese es un mensaje para Olivia, quien ya se ha encariñado con Berta, la niña de la casa, quien también se verá amenazada.

 La vida de Nico y Carmela, los patrones europeos, tampoco está privada de aventuras engorrosas. Ella decidió tener un bebé, una familia, pero siempre quiso mantener su libertad. Él aceptó sus condiciones y, al hacerlo, también aceptó la intromisión de un amante en la vida de su esposa quien, por sentirse mejor consigo misma, insiste en que Nico tenga sus aventuras sexuales también. Y a Nico le gusta Olivia.

 Ovejero, según una entrevista que reproduce el periódico español El Confidencial, confiesa que Nunca pasa nada ha sido ambientada en la casa de unos amigos suyos a los que pidió permiso “para invadirla con mis personajes”. El autor es una persona bastante preocupada por observar lo que le rodea y proporcionar a sus narraciones un asidero en la realidad gracias a referencias que tiene alrededor.

 El tema de la inmigración ilegal en Europa es uno de tremenda actualidad. Millones de inmigrantes pueblan las calles de los países de este continente. España, debido a la proximidad del idioma, se ha convertido en el puerto de llegada de personas de varios países latinoamericanos.

 Nunca pasa nada, así como otros libros de Ovejero, es una reflexión sobre la feroz modernidad que azota a pobres y a ricos, a gente de uno u otro país, sea del primer mundo o del tercero, a través de la permanente observaciones de las acciones que las personas realizan a diario.

 

 

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