Reciprocidad

Como debiera ser, no es

Si pegas, te van a pegar, cada golpe que des, en los rostros, la patada en la espalda, la piedra sobre la cabeza, los golpes en el vientre bajo, te los van a dar...
domingo, 18 de agosto de 2019 · 00:00

 Óscar García Músico y poeta

Te van a tratar como tratas a las personas, si empujas te van a empujar, si escupes te van a escupir, si desprecias con todas las fuerzas de tus neuronas en funcionamiento y sin motivos aparentes, te van a despreciar con todas las fuerzas, las cuatro fuerzas que rigen al universo. 

Si te aprovechas de las gentes, de cualquier forma, digamos sacando papel higiénico de un baño ajeno pero familiar, comiendo del plato vecino sin pedir permiso, usando cosas a hurtadillas, del escritorio del lado, haciendo que te hagan tareas, haciendo que hablen por ti, entregando a las gentes a situaciones en las que te incomodas como si de pronto la desnudez te abrazara, se van a aprovechar de ti, de todas las formas posibles, van a hurgar tu refrigerador, se van a llevar tu libro, se van a limpiar todas las partes con tu toalla blanca, van a usar tu veintiúnica sábana para envolver una moto, van a sacar tu nombre a la luz para promocionar un evento a favor de la familia tradicional o peor aún, a favor de unos evangélicos que a su vez están a favor de las armas en manos de otros evangélicos que están a favor de eliminar a los sospechosos de elegir como les dé la gana, su sexualidad y su refresco de cola.

Si le robas a las gentes algunas cosas, un televisor antiguo, la llanta de un auto, una billetera, una lavadora a medio uso o si robas a la gente su plata, la que guarda a veces en el cajón de su velador, la que está juntando en una lata en la cocina, para un anticrético que no va a llegar nunca, o si le robas la plata a la gente, la que el estado le exprime por impuestos, la que le debiera tocar a la gente por regalías, la que le sacan a las gentes en sus cumpleaños, en las fiestas de sus promociones, bajo el paraguas de derechos, si le robas a la gente sus platas, te van a robar, algún día sin falta, te van a quitar hasta el último centavo y el último milímetro de piel que te quede en el cuerpo, te van a dejar en la calle, en la calle que ya no viste nunca más de cerca, en esa en la que tendrás que acurrucarte sobre el pis para que algo de calor te llegue. 

Te van a robar el respiro, el saludo, el sueño, te van a robar las ganas de todo, te van a robar hasta la muerte. Bien hecho, la gente se va a alegrar pero no va a recuperar nada, salvo la paz que le dará a cada quien saber que te ha tocado también, como a todos, perder pero cualitativamente mejor. 

No se pierde peor, se pierde mejor, porque se trata del punto de vista del otro, del que se alegra, de quienes festejan las pérdidas de los indignos robadores de vida.

Si pegas, te van a pegar, cada golpe que des, en los rostros, la patada en la espalda, la piedra sobre la cabeza, los golpes en el vientre bajo, te los van a dar. A lo mejor no iguales. Nunca iguales en verdad, porque no hay golpes iguales. Cada golpe es un mundo diferente, cada golpe un dolor único, inolvidable, marcado para siempre como con fierro candente. Cada golpe es una deuda pendiente que a lo mejor no se resuelva nunca pero venido de otro lado, del lado menos esperado, el golpe va a llegar a su destino, con certera ubicación, con la suficiente contundencia como para dejar otra huella, otra marca, imborrable, para siempre. Si pegas te van a destrozar primero un hueso, luego el alma.

Si la ingratitud te caracteriza, te pinta, te domina como persona, si no te importa nada de lo que en apariencia se hizo por ti en buenas condiciones o en las peores condiciones, si te resbala como espuma de jabón el esfuerzo, por muy esmirriado que fuere, de alguien que te hizo un favor, aunque haya sido tan ridículo como prestarte un alfiler para destapar un salero, si no supiste agradecer, te van a ser por siempre y hasta el final de tus días, ingratos. 

Toda ingratitud te va a rodear, desde el gato que ya es ingrato por su naturaleza soberbia, como se suele creer, te van a torcer la cara aunque al final de un día te esfuerces en dar gracias, en silencio y a nadie. Vas a ser una repetición de la sombra, un bulto, una caja vacía dejada al olvido en la carretera que lleva a ninguna parte.

Si odias, demás está decirte que van a odiar hasta a la acera por la que sueles salir con tus parejas semanales, con tu maletín de cuero, con las llaves de una caja de seguridad, con un huevo duro en el bolsillo.

Todo el texto arriba descrito ha sido tomado del “manual de los buenos deseos” de R.T.M.

No pasa así. Es lo que debiera pasar, es como debiera pasar pero a veces se ve a quienes han cometido las más viles infamias y los más bajos desprecios, más felices que un trébol, que perdices, que funcionarios frente a una chequera recién salida de una bóveda custodiada por un fraile benedictino.

 

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.

4
1

Otras Noticias