Aullidos de la calle

Cuando las noches mágicas acaban

A pesar de que cuesta engancharse a la narrativa acelerada y a los personajes principales, hay una frescura y un amor al cine que no se puede pasar por alto.
domingo, 01 de septiembre de 2019 · 00:00

Mónica Heinrich V. Reseñista y cinéfila de corazón

Una de las frases que se te quedan cuando salís de ver Notti Magiche es “Quieren ser guionistas, pero no saben ser espectadores”, la dice un didáctico jefe de policía a tres jóvenes que participaron en un concurso de guiones y que son sospechosos del asesinato de un gran productor de cine.

El director italiano Paolo Virzi hace una comedia italiana que rinde homenaje a las comedias italianas de antes, esas que tenían un montón de personajes, de diálogos, de situaciones absurdas y de encanto.

Todo sucede el 3 de julio de 1990, en la famosa semifinal del Mundial de Fútbol 90 en la que Italia fue eliminada por la Argentina de Maradona en la tanda de penales. Un Maseratti cae al Tíber mientras un grupo de espectadores sufre la derrota de la escuadra italiana, dentro se encuentra el cadáver del productor de cine Saponaro (Giancarlo Giannini). La película se sirve del flashback para descubrir cómo murió el productor y quién es el responsable de su muerte. O sea, alguien pensó: “A este homenaje cinéfilo le meteremos un misterio”. Bien jugado, alguien pensante. Los posibles asesinos: El hippie galán Luciano (Giovanni Toscano), el nerd Antonino (Mauro Lamantia) y la fóbica Eugenia (Irene Vetere) son los protagonistas de esta alocada y recargada historia.

Virzi, al lado de sus colaboradores habituales, Franchesca Archibugi y Francesco Piccolo, crea un guion en el que pasan muchas cosas (puede que demasiadas), mientras Italia no llega a la final del mundial de fútbol y el cine italiano deja de ser lo que era.

R.I.P. cine italiano.

Hay buenas y malas noticias con este ambicioso trabajo. Las buenas noticias son que a pesar de que en un principio cuesta engancharse a la narrativa acelerada y a los personajes principales que actúan en una tónica muy diferente a la que vemos en el cine contemporáneo, hay una frescura y un amor al cine que no se puede pasar por alto y cuando te rendís ante lo que Virzi propone la pasás bomba.

Las malas noticias son que el amor nunca es suficiente, su duración es excesiva, vueltea mucho para llegar a un final intuido y para quienes no consigan empatizar con el pintoresco desfiles de cineastas de la época y los constantes guiños, referencias, comentarios sociales que Virzi inserta a lo largo de la película, generará irritación o aburrimiento.

A mí me gustó la descripción satírica que hace de la industria del cine italiano, muestra a una generación de nombres ilustres venidos a menos, desplazados por una nueva camada de realizadores. Vittorio Storaro, Federico Fellini, Bernardo Bertolucci, son solo algunos de los ilustres que son nombrados o vistos en la pantalla. Los viejos se quejan que los jóvenes no entienden el cine y los jóvenes se quejan de que los viejos terminaron vendiéndose al sistema, a la industria.

El filme parece tener la teoría de que las grandes películas italianas dieron paso a una forma más comercial de ver el cine mientras Italia, en un contexto social y político, se preparaba para la era Berlusconi. Porque sí, reconozcámoslo, la historia del cine, no solo italiano, tiene mucho falso glamour, falso oropel y banalidad a tope.

Virzi lo sabe y no tiene piedad y además siente mucha nostalgia, lo que está bien. De hecho, la idea de la película surgió en el funeral del mítico director Ettore Scola (Feos, sucios y malos, ¡Qué viva Italia!), mientras Virzi veía bajar ese cajoncito se dio cuenta que ahí se iban los últimos vestigios del gran cine italiano. Te entendemos Virzi, te entendemos.

R.I.P. Scola.

Sí, sí, pero a pesar de entender al amigo italiano, tenemos que hablar del tono didáctico o ejercicio lúdico con el que se le ocurrió darnos tips sobre el cine a través de sus personajes. No mintamos, es muy matapasiones, de hecho soy enemiga de los mensajitos a la conciencia y de ese afán de algunos guionistas de dar lecciones de vida a través de diálogos o secuencias, pero en el caso de Virzi algo funciona, tendría que analizar a fondo y gastar más caracteres tratando de descifrar porqué recibí con simpatía cada una de esas frases que podrían ir pegadas en notas adhesivas en mi heladera. “Tú y los tuyos ¡Pretensión Cinéfila! Están convencidos de que una cámara lo soluciona todo. Eso es una negligencia creativa, por lo tanto política y narrativa.” “Amigos, compañeros, cineastas, escritores y poetas. ¡Todos son una banda de imbéciles!”, ajá, ajá, tal vez no necesite analizar nada.

En todo caso, el nostálgico Virzi hizo una película grande, grande en ambiciones, y grande en producción, la recreación de la época, la cantidad de extras involucrados, las locaciones, la secuencia de la fiesta, requieren de meticulosidad y Virzi la tuvo, y además la acompañó de mucha belleza visual.

Minutos más, minutos menos, enganche o no, Notti Magiche nos dice, una vez más, que en la juventud somos unos pobres ilusos y que no importa cuánto brillen las trajes de lentejuelas, detrás del brillo hay hilos mal costurados. Y sobre todo, sobre todísimo, nos da entender superlativamente que las noches mágicas siempre terminan.

 

Confidencial

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