Literatura

La vida de Jesús, según J. M. Coetzee

El Premio Nobel concluye su trilogía con La muerte de Jesús, una magnífica y desconcertante novela
domingo, 29 de septiembre de 2019 · 00:00

Ricardo Bellveser  Escritor

El Premio Nobel sudafricano J. M. Coetzee (Ciudad del Cabo, 1940), con su trilogía sobre la vida de Jesús, se ha propuesto, y a mí me parece que lo ha conseguido, desconcertarnos a todos. Tres libros, La infancia de Jesús, Los días de Jesús en la escuela y la última con la que cierra el ciclo, La muerte de Jesús (Ramdon House, Barcelona, 2019), con los que ha creado un mundo sumamente interesante, que podría considerarse como la elaboración de una estructura literariamente genial.

A ver si sé explicar esto: es claro que la Biblia y los personajes bíblicos pueden y tal vez deben entenderse como el resultado de un esfuerzo literario, más allá de querer entenderla como una revelación divina, la palabra de Dios dictada o inspirada directamente, o como una relación de hechos históricos, demostrables y hasta cierto punto rigurosos, en el sentido más amplio de esta palabra. Esencialmente, pues, se trataría de la historia de un niño de Nazaret, capaz de hacer y decir cosas asombrosas, de protagonizar comportamientos ejemplares, al que la historia posterior ha endiosado.

Sería este un enfoque filosófico, si no fuera porque el nombre de Jesús, en la trilogía de J. M. Coetzee, no aparece ni una sola vez en ninguno de los tres tomos. No es una interpretación, o una relación, o una literaturización, o una exégesis en torno a la vida de Jesús de Nazaret, sino una extraordinaria novela en tres entregas, sobre todo, con un protagonista diferente y actual llamado David.

En la primera de las novelas, referida a la infancia, David tiene cinco años y junto a su padre adoptivo, Simón, se trasladan a un lugar de habla española, llamado Novilla donde Simón se une a Inés y conforman una familia, no sé si deberíamos llamarla “sagrada”, aunque esa intención se puede sospechar.

En la segunda novela, la familia se ha trasladado a Estrella, David ya tiene siete años y va a la Escuela, una Academia de Danza. La novela toma vuelos narrativos con asesinatos (el que lleva a cabo Dimitri), conspiraciones, traiciones y aquellos elementos más o menos intrigantes que amenizan la historia.

En la tercera, referida a la muerte, David tiene nueve años, ha aprendido a leer en El Quijote, novela que se sabe de memoria, sigue en la Academia y comienza a jugar al fútbol. Esto es relevante porque participa en un equipo de huérfanos, y se implica tanto que deja a sus padres para ingresar en el orfanato. El mundo al revés. Él, sin padres reconocidos, con unos putativos, decide incorporarse a un orfanato que es de donde debería haber salido.

“David ha cumplido diez años y todas las semanas juega al fútbol con sus amigos. No tienen equipos ni tampoco reglas; a veces son treinta en el campo y otras veces solo cinco. Un día el director de un orfanato vecino los invita a organizarse para jugar contra los internados. Tal vez disfruten de medirse con un equipo de verdad, de esforzarse al máximo y darlo todo para ganar. Pero David elige dejar su hogar e irse a vivir con ellos. Al poco tiempo, cae enfermo de una dolencia misteriosa”.

Los elementos novelescos son bien robustos, la historia discurre con fuerza, escrita en un lenguaje parco y muy estricto, un lenguaje directo, desprovisto de innecesarias pretensiones.

Coetzee no puede olvidarse de los años en los que trabajó como programador informático para varias empresas, de su licenciatura en matemáticas, de su doctorado en lingüística computacional, por lo que estos aspectos están presente en su trabajo, amor y odio a la vez a los números, elementos que existían antes de que existiéramos los humanos, que existen además de nosotros y que seguirán existiendo cuando ya no quede un solo ser humano sobre la Tierra, lo que constituye un inquietante trasfondo.

Además, la presencia de El Quijote en dos de los tomos de esta novela, cumple la función de reconocer la novela cervantina, como la primera novela moderna, de donde nacen las demás y eso es algo que sucedió en lengua española.

La infancia, la escuela y la muerte de Jesús, realmente es la infancia, la escuela y la muerte de David, que es el verdadero protagonista. Jesús de Nazaret no tiene más presencia que las referencias socráticas del relato, y las similitudes que el autor quiere establecer entre la historia bíblica y la que él ha creado. 

Esta vida de Jesús sería por paralelismo, la vida de David como creó Graham Green su Quijote que va por los caminos de España en coche de gas oil, pues en visión borgiana, la vida de un hombre es la vida de todos los hombres y una gran novela contiene a todas las novelas.
 

 

Confidencial

Si te interesa obtener información detallada sobre el proceso electoral, suscríbete a P7 VIP y recibirás mensualmente la encuesta electoral completa de Página Siete.

Además, recibirás en tu e-mail, de lunes a viernes, el análisis de las noticias y columnas de opinión más relevantes de cada día.

Tu suscripción nos ayuda no solo a financiar la encuesta sino a desarrollar el periodismo independiente y valiente que caracteriza a Página Siete.

Haz clic aquí para adquirir la suscripción.

Gracias por tu apoyo.