Historia

Un episodio tragicómico: Roberto Prudencio sobre la noche de San Juan

La opinión pública seguía de cerca el acontecer político; en los primeros días de septiembre de 1967 interpelaron a todo el gabinete ministerial por la noche de San Juan.
domingo, 29 de septiembre de 2019 · 00:00

 Freddy Zárate Abogado

Hace poco el escritor Víctor Montoya publicó el libro La masacre de San Juan: en verso y prosa (2019), esta compilación contiene testimonios, ensayos y poemas de aquella trágica madrugada del 24 de junio de 1967, “que dejó un reguero de heridos y un saldo de más de dos decenas de asesinados entre hombres, mujeres y niños”, manifiesta Montoya en la introducción del texto. Según el autor, “la masacre minera de San Juan (…) no figura en las páginas oficiales de la historia de Bolivia, aunque se mantiene viva en la memoria colectiva y se la transmite a través de la tradición oral, de generación en generación, convirtiéndola en algunos casos en cuentos y leyendas, como sucede con los hechos históricos que se resisten a sucumbir entre las brumas del olvido”. Esta afirmación es de algún modo ambivalente, ya que este acontecimiento histórico se encuentra registrado en varios testimonios orales y escritos, y prueba de ello  es la recopilación presentada por Víctor Montoya.

Los textos reunidos coinciden en reprochar el accionar del gobierno de René Barrientos Ortuño, que decidió tomar por sorpresa los campamentos mineros de Llallagua, Siglo XX, Catavi y Cancañiri, “con el pretexto de evitar, a cualquier precio, la realización del ampliado nacional minero, que tenía previsto elaborar un pliego de peticiones y apoyar a la gesta guerrillera comandada por Ernesto Che Guevara en las montañas de Ñancahuazú”, asevera Montoya.

A más de medio siglo de este hecho histórico, la bibliografía referente al 24 al junio de 1967 tiende solamente a resaltar lo ocurrido en aquella trágica noche, que en palabras del escritor Sergio Almaraz, fue considerado como “otro genocidio, bautizado por el pueblo como la Masacre de San Juan”. Pero considero que sería necesario ir más allá de esa fecha canonizada, para encontrar otros acontecimientos olvidados por la narrativa minera, en donde uno de los protagonistas –postnoche de San Juan– fue el filósofo Roberto Prudencio (1908-1975).

A pocas semanas de lo ocurrido en la noche de San Juan, el presidente Barrientos posesionó a un nuevo Gabinete ministerial el 4 de agosto de 1967, mediante Decreto Supremo Nº 08061. Los ministros designados fueron reconocidas personalidades de la época: Wálter  Guevara Arze (Relaciones Exteriores), Alberto Crespo Gutiérrez (Defensa Nacional), Hugo Zárate (Obras Públicas y Comunicaciones), Mario Rolón Anaya (Trabajo y Seguridad Social), Juan Lechín Suárez (Presidencia de la Corporación Minera de Bolivia), Marcelo Galindo de Ugarte (Secretaría General de la Presidencia), José Romero Loza (Hacienda y Estadística), Fernando Diez de Medina (Sin Cartera), Roberto Prudencio (Cultura, Información y Turismo), entre otros.

En ese tiempo, la opinión pública seguía de cerca el acontecer político interno, es así que en los primeros días del mes de septiembre interpelaron a todo el gabinete ministerial por la noche de San Juan. Los pliegos presentados fueron suscritos por la Comunidad Demócrata Cristiana (CDC) y por el senador Raúl Lema Peláez del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). El 8 de septiembre se dio inicio a la interpelación, en la cual la intervención del senador Lema Peláez reconstruyó la historia de las masacres mineras: “El año 1923, se produjo la primera masacre en Uncía. Cinco años después, se produjo la segunda, y en esa oportunidad, fue el mayor David Méndez el autor de esas desgracias. En 1942 se produce la de Catavi, que da lugar a un doble pliego interpelatorio: uno formulado por el PIR y otro por el MNR. De suerte que es la segunda vez que mi partido toma la defensa de los obreros para condenar y para censurar a los gobiernos responsables de esas masacres, y lo hace, atenido a los preceptos constitucionales y a los Derechos Humanos (…).  La diferencia está en que la de Catavi tuvo como responsable a un militar, el coronel Cuenca, quien entendiendo mal las instrucciones de conservar el orden en las minas, había dado la orden de fuego. En la masacre reciente de Huanuni, Catavi y Siglo XX, en la noche de San Juan, no es un militar el responsable directo; el responsable directo es el Presidente de la República”.     

En otro punto de la interpelación, el senador Raúl Lema Peláez le hizo recuerdo al Ministro Roberto Prudencio que en circunstancias similares se realizó un acto interpelatorio por los asesinatos de Chuspipata: “Hace la casualidad, que en este gabinete que está presente, dos diputados de ese entonces, sostuvieron calurosamente sus sendos pliegos interpelatorios. Está presente acá el distinguido filósofo doctor Prudencio, para quien le han creado una cartera: la de Cultura. Ojalá que a través de su portafolio no siembre las ideas fascistas con el calor con que las sostenía en el Parlamento de 1940”. 

El H. Raúl Lema también se refirió a la postura política que asumió el filósofo Prudencio tras los sucesos de Chuspipata y Catavi: “El doctor Prudencio se retiró del MNR a raíz de los crímenes de noviembre. Renunció públicamente a su condición de representante del MNR, y dejó las filas del MNR para siempre (…). Pero cuando se trata de la muerte de obreros, señor Presidente, porque la muerte iguala a todos, no debemos hacer distingos si su sangre es azul o su sangre es de otro color, aquí se trata del sacrificio de 19 personas, de 19 humildes obreros, y hay 82 heridos. Pero ese espantoso cuadro de Catavi reciente, no le impresiona al señor Ministro de Cultura, mejor dicho, no le impresionó al distinguido filósofo y escritor que con tanta fama ha venido de Chile”. Prosiguiendo con su alocución, el senador Lema fustigó al filósofo Prudencio con las siguientes palabras: “El momento en que le ofrecieron una cartera ¡bienvenida esa cartera! Se pone una venda en los ojos y no encuentra ningún delito pasado ni presente en el actual Gobierno”.

En la sesión del 12 de septiembre de 1967, el ministro Prudencio pidió la palabra para responder a cada una de las alusiones del senador Lema, es así que rememoró su incursión en la política: “Si de algo me reprocho profundamente, si de algo me hago pesar con verdadera hondura, es de haber pertenecido al MNR, a ese funesto partido que ha sido la desgracia de la Nación. Pero yo he pertenecido a ese partido cuando estaba en la oposición, estaba naciendo, y como yo, muchos creíamos en las sanas intenciones de ese nacionalismo, que se perfilaba como salvador. Yo no sabía en aquella época que los dirigentes del MNR tenían efectivamente relaciones con el nazismo alemán, que tenían connivencias con la embajada alemana y recibían dineros de ella, yo no sabía entonces, porque no pertenecía aún al partido, yo era un joven un tanto iluso, un tanto soñador, yo era un fascista teórico, escribía y pronunciaba discursos, pero los que empleaban verdaderamente su acción sirviéndose de aquellas ideas o de aquella doctrina, eran los militantes del MNR”.

Con referencia a su renuncia al MNR, Prudencio manifestó enfáticamente al pleno camaral: “Cuando me convencí que había una torcida intención de ese partido, renuncié públicamente con ocasión de los crímenes de Chuspipata, crímenes verdaderamente nefastos (…). Yo me aparté horrorizado de los crímenes de Chuspipata, porque tengo horror a la sangre, y tengo, por lo tanto, horror de todo lo que signifique quitar la vida de los hombres. Yo no puedo aceptar las masacres, pero estoy seguro que no hay ningún Ministro de Gobierno actual que pueda decir que acepta una masacre, que desea hacer masacre por la masacre. No, señor Presidente. El Gobierno no quiere los crímenes –refiriéndose al gobierno de Barrientos–, el Gobierno asume una responsabilidad dura, y cosa difícil es asumir una responsabilidad y esa responsabilidad la tiene que asumir el Gobierno en momentos difíciles”. 

El punto más controvertido de la intervención del ministro Roberto Prudencio se refirió a los acontecimientos ocurridos en la noche de San Juan: “El H. Senador por Tarija, hablando de los sucesos actuales de Catavi, nos ha mostrado un cuadro idílico: los obreros alrededor de una fogata en la noche de San Juan, cantando canciones familiares… y de pronto, un grupo de soldados, un ejército ciego y violento, que entra a mansalva, a matar hombres, mujeres y niños. 

¿Es esa la verdad, señor Presidente? ¿Es eso lo que creen sinceramente los señores interpelantes? Los señores interpelantes saben en su fuero interno, aunque no lo confiesen, que esa no es la verdad, pues si lo fuera no habría habido lucha y no habría habido soldados muertos también. Hubo sangre, sí, y lo deploramos todos, pero si se ha de hacer obra de Gobierno es necesario, muchas veces, el sacrifico de matar, el dolor de matar. Lo exige algunas veces la Patria, y en aquellos momentos señor Presidente, lo exigía. Quizá la medida fue un poco cruenta, pero nunca se puede llegar al justo medio. El Gobierno, señor Presidente, tenía el legítimo derecho, qué digo derecho, tenía el deber de ingresar a un trozo de la patria que se había declarado territorio libre”.

La espontánea declaración del filósofo Prudencio dejo atónitos a todos los asistentes, pero le dio suficientes argumentos al H. Lema Peláez, que le dijo: “Realmente ciertas expresiones del señor Ministro, no las puedo dejar por alto (…). Yo había leído en la prensa que el doctor Prudencio había sido nombrado Ministro de Cultura, pero por lo que acabamos de escuchar más parece ser Ministro de Propaganda, de propaganda de una causa perdida como es la causa de este Gobierno masacrador al que usted, señor Ministro, ha venido desde Chile a servirlo, poniéndose en una situación muy distinta de la que asumió 24 años atrás cuando ocupaba una bancada parlamentaria”.

Al día siguiente, la prensa local se refirió escuetamente a las desatinadas declaraciones hechas por el Ministro de Cultura, tanto que su entorno político e intelectual le puso el apodo de “el filósofo de la muerte”. Pero este episodio histórico se desvaneció abruptamente de la memoria colectiva de los bolivianos, debido a que los intelectuales, los políticos, la prensa nacional y extranjera se enfocó en seguir de cerca los acontecimientos referidos a la guerrilla comandada por Ernesto Che Guevara, y posterior captura y muerte. Curiosamente, para las generaciones sucesivas, este hecho es considerado como la gran noticia del siglo XX.

 

Confidencial

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