Entrevista

Coco Manto y su paso radial por Olla de Grillos

Inscribió su nombre en el quehacer de los medios de comunicación, en la literatura, en la poesía.
domingo, 08 de septiembre de 2019 · 00:00

 Mario Castro Periodista

Hace muchos años. El prestigiado periodista Luis Ramiro Beltrán organizó el Primer Seminario de Comunicación Educativa en Bolivia. Tuve el privilegio de haber sido designado Director asistente. Participaron como instructores destacados profesionales. Concurrieron inscritos de todo el país. Allí conocí a Jorge Mansilla Torres. Inquieto, locuaz, ingenioso. A la sazón me habían nombrado director de Radio Altiplano.  Le sugerí, habiendo observado “su chispa” que hiciéramos un programa de sátira política. Aceptó. Le dije: ya tengo el nombre: Olla de grillos. Me respondió “mi nombre será: Coco Manto”

Esta es parte de la entrevista publicada en el libro  Lo que el viento no se llevó, de Mario Castro. 

Decía Coco en referencia a Jorge “que Jorge Mancilla es un alias de Coco Manto, que su nombre es conocido de este modo porque es un nombre propio”.

 Lo inscribió con letras mayúsculas en el quehacer de los medios de comunicación social, en la literatura, en la poesía. Ahora interesará saber esa faceta de Coco Manto respecto de las letras.

 Te agradezco Mario, quisiera precisar que el autor de este apodo, de este seudónimo que por mucho tiempo fue satanizado, eres tú, recuerdo que bajo tu dirección en Radio Altiplano nació aquella loca aventura radial llamada Olla de Grillos, me animaste, me indujiste a perpetrar Olla de grillos, buen “San Benito” risueño del que no me puedo librar hasta ahora y estoy muy contento y muy orgulloso y valga esta oportunidad para agradecerte por haberme puesto en una senda en la que ya estaba, sí yo ya venía de una práctica humorística en radio Pío XXII en un programa llamado Ríase en quechua pero bajo tu orientación bajo tu dirección, a veces enérgica, a veces dura aparecimos consolidando Olla de grillos que nos dio 117 semanas hasta que la visa política del país nos hizo dar un salto o nos puso en otros destinos, en otros rumbos. 

Es pertinente señalar, Coco no por cumplido formal, que Olla de grillos, del programa que aún se guarda especial memoria, es uno de los hitos de la radiodifusión en el país,  tanto por su forma como por su contenido, pero sigue contándonos de lo tuyo, ahora. 

Bueno mira estoy involucrado en quehaceres literarios culturales en México, vivo allí desde 1980  y me he dedicado a escribir poesía con estas cosas mínimas del país que a la distancia se agrandan se hacen significativas, yo me considero un boliviano de tiempo completo siempre.  Viajo mucho gracias al periódico Exelsior donde trabajo y que me envía de corresponsal a Centro América, eventualmente a Europa, España especialmente,  pero donde sea estoy siempre ofreciendo recitales o pidiendo foros para leer poesía de Bolivia. En 1982 gané el Premio Nacional de Poesía Ramos López Velarde convocado por el Instituto Nacional de Bellas Artes, no tengo empacho en decir que era mucho dinero y lo necesitaba, 6.000 dólares. Y entré a competir junto a 1.213  poetas de mucha calidad yo fui el primer sorprendido, sigo sorprendido porque el IMBA, el Instituto Nacional de Bellas Artes premió mi obra y la continuaré editando eventualmente en México. Un mes después gané otro concurso menor en 1982, el Premio Efraín Huerta en Tampico, Tamaulipas.    

También recuerdo ese disco de la sequía en el que tú has participado de un modo muy especial, donde está esa inspiración tuya y que revela una vena poética profunda social y humana. 

Te agradezco Mario, esa historia es bella en México,  mira yo soy del norte potosino, soy de Llallagua, de siglo XX, Uncía, Chayanta, Pocohata, Colquechaca, todo aquel rico norte potosino de los laimes, de los jucumanis de los tinkus,  y en 1980 estando allí fuimos enterados de esta despiadada sequía que asoló aquella riquísima región agrícola minera. Fueron 1.000 días sin lluvia,  son tres años sin llover y hubo tal éxodo de la gente hacia Chile, Argentina, el Perú, aquí a La Paz donde ya se hace común ver indios del norte potosino mendigando solidaridades,    olvidando aquel su maravilloso mundo de las 56 variedades de papa que habían en el norte potosino.

Entonces, conmocionados por esta dramática realidad, nos reunimos con algunos bolivianos que estudian medicina,  ingeniería, o economía,  que tocan instrumentos musicales, los convoqué hasta lograr consolidar un grupo musical que  llamamos Calicanto. Les entregué letras, trabajamos conjuntamente, los reclamos de los vecinos eran insistentes porque toda la noche un bombo y la misma melodía y la zampoña, cortada y gritada, venia la Policía, nos sacaban, nos silenciaban, hasta que los días domingos decidimos ir a ocupar el campus universitario allí en los prados de la universidad autónoma de México y  desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde nos metíamos a gritar, tocar, y componer.

 Luego, para el proceso del disco, no teníamos ni un solo centavo, estiramos la mano a otros bolivianos que radican allí que felizmente solventaron ciertos gastos, digamos para   2.000 discos, de los que el 80% lo enviamos de regalo a la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

 Con el resto ofrecimos recitales en México en distintas ciudades, reunimos más dinero que también lo enviamos, lo que nos interesa es la conciencia que asumieron los bolivianos allí y muchos de ellos ahora médicos eminentes, con un criterio social de que si no hay lluvia haya pan, haya el agua de la solidaridad y los ingenieros y todos estos economistas que trabajaron porque nos metimos como 25 personas en el disco aquel, todo un proyecto.

  Actualmente estás haciendo una cobertura periodística en el país de modo que entendemos que tu estadía es relativamente fugaz, deploramos que sea así nos gustaría tenerte más tiempo, hablabas del periódico Exelsior de Mexico, ¿ en qué consiste tu trabajo? 

Así es, trabajo allí desde hace nueve años soy coordinador del departamento de corresponsales en el extranjero,  Exelsior tiene 42 corresponsales en todo el mundo, es una empresa mayúscula, son 3.200 trabajadores, es una empresa cooperativa que saca cuatro publicaciones diarias y revistas, semanarios,  mira somos 820 periodistas. 

¿El único de nacionalidad boliviana?

El único boliviano y el único extranjero.

¿Esta gran máquina consumidora de información ha de seguir consumiendo a Coco Manto, o piensas deshacerte de esas raíces y volver aquí?

Es obvio querido Mario, te explicaba fuera del micrófono de un motivo enormemente doloroso que me tiene amarrado, estaré en México para atender esa emergencia yo pienso que en unos meses estaré de vuelta aquí, no desprendido de Exelsior, amarrado de otra manera, estaré como corresponsal de Perú, Ecuador y Bolivia, que allí llaman el conito.  

A tiempo de darte otra vez un apretón de manos expresaré dos deseos, Coco, que se supere bien pronto aquel problema que te amarra y  te apena y que se haga una realidad que bien pronto estés con nosotros y que podamos compartir contigo, tu trabajo, nuestro trabajo, entre tanto toda suerte y será siempre grato conversar contigo. 

Querido Mario,  agradezco tu hospitalidad tu recepción y te digo lo que hace 20, 22 años, “señor director este es el programa...”.

 


 

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