Prometeo en llamas

Te lo deletreo: T- U- M- E- M-A- N- Q- U- E- S

Rodrigo Bellott cuenta una historia muy personal que, de alguna forma, ha convertido en una lección sobre qué significa salir del clóset en Bolivia.
domingo, 08 de septiembre de 2019 · 00:00

Adrián Nieve Escritor

En algún momento de todas las mañanas nos vemos en el espejo. Eso no es un descubrimiento, es una obviedad. Porque lo más probable es que, tras despertar, empecemos el día y en el proceso nos topemos con un espejo que nos devuelve la mirada. “Este soy yo”, decimos, “mi cabello está así, mi rostro está asá, he subido de peso, necesito una manicura”, y miramos pensando que el demonio está en los pequeños detalles, que mientras más nos tardamos en ello, más probable es que lleguemos tarde al trabajo y entremos en uno de esos dramas de una sociedad muy insertada en el capitalismo. 

En Tu me manques (2019), el director Rodrigo Bellott nos pide que veamos más allá de esos dramas. No solo eso, de hecho, podría decirse que es una película que nos pide varias cosas, pero todas ellas relacionadas con la mirada, con la forma en que vemos a la comunidad LGBTI.

Bellott y su cinematógrafo encuentran un balance visual entre lo simple y lo complejo, que se vale de recursos más comunes en el teatro para mostrarnos la historia de un padre en busca de quién fue su recientemente fallecido hijo y su contacto con la pareja de éste, un hombre que también sufre por esa muerte, siguiendo a ambos en su duelo a lo largo del pasado, del presente, del futuro y de ese tiempo subjuntivo –el anhelo, al que los yanquis llaman whatif– que le da capas y más capas a este filme. 

No es que la historia sea compleja, pasa que la película sabe que los complejos somos nosotros: humanos que viven en esta sociedad.

Tras unos cuantos años lejos de la silla de director, pero todavía activo como productor, Bellott retorna con una adaptación de su propia obra teatral y logra darle un plus. No estamos ante el mero acto de adaptar, estamos ante un filme que busca ampliar la perspectiva de su origen. Tu me manques es una obra teatral que juega a ser película y en el proceso logra hacer juegos visuales interesantes. Así vemos transiciones que juegan con el tiempo y el espacio, vemos a un solo ser representado por tres diferentes actores, tres que encarnan al personaje con sutiles diferencias, que representan al fallecido como fantasmas del pasado que se asoman mientras el padre conoce a su hijo a través del novio. 

Y pese a este juego visual, la imagen siempre se mantiene sencilla para darle aire a una trama que Bellott tiene que deletrear para nosotros. Después de todo, nos está intentando mostrar perspectivas acerca de un tema que –lamentablemente– sigue siendo controversial en nuestra sociedad boliviana.

Me atrevo a decir que Tu me manques, más que un filme, más que una adaptación de una obra teatral, es un espejo con el que –como sociedad– nos topamos y empezamos a mirar. “Estos somos nosotros”, deberíamos decir, “nuestra juventud vive así, los viejos asá, esto es lo que piensan los conservadores, estas son las consecuencias en la comunidad LGBTI”. 

Tu me manques es el espejo en el que podemos mirarnos mientras Bellott cuenta una historia muy personal que, de alguna forma, ha convertido en una lección sobre qué significa salir del clóset en Bolivia, en una narración que nos pone al centro de la intimidad de una pareja que sabemos tendrá un desenlace trágico, que nos acerca a la vida de la comunidad LGBTI a través del dolor de un padre que no supo acercarse antes y que ahora tiene que expandir sus perspectivas para, por fin, conocer al hijo que perdió. 

Por eso el filme puede tener partes que levanten escudos. Desde el “¡Qué barbaridad! ¡cómo van a mostrar eso!”; hasta el “¡Ay, pero eso yo ya lo sé, lo he vivido!”, porque lo que este filme parece estar buscando es que nos pongamos en el lugar del otro. Sea el de un joven homosexual saliendo del clóset, como el de un viejo conservador que no sabe cómo comprender este mundo tan lleno de novedades para los de su generación. 

Bellott hace de su película un espejo para que podamos vernos en ella, nos deletrea su trama y significados para que podamos encontrarnos en ella y, tal como dice su epígrafe, también podamos llegar a “ver sin odio, pero no sin rabia” y así empecemos a transformarnos y “sanar el mundo”.

Esa es la cualidad más bella de la película, pero también lo que le juega en contra. Hay un punto en que sientes que el filme está deletreando demasiado, que está más concentrado en insertarte en estos mundos que en ser una película. Claro que luego, en la vida real, salen “candidatos presidenciales” a decir que la comunidad LGBTI necesita “terapia psiquiátrica” y entonces, entiendes de dónde viene esta necesidad de Tu me manques de transformar la sociedad en la que vivimos.

 Finalmente, al vernos en el espejo es posible notar cosas que tenemos que arreglar para ser funcionales en nuestra rutina, pero también vemos cosas que quisiéramos cambiar para, siguiendo la metáfora, estar mejor con nosotros mismos. 

Si como sociedad logramos mirarnos en el espejo de Tu me manques y aprendemos a transformarnos en algo mejor, a conectar mejor con el otro –el otro LGBTI, el otro conservador, el otro en general– entonces el ejercicio del deletreo no habrá sido en vano.

En resumen: Tu me manques es una película que nos reta a entender una realidad compleja mediante una trama enternecedora, pero que también nos reta a pensar al tiempo como algo no lineal mientras nos presenta imágenes llenas de gente diversa y bella –hot, dirían los yanquis–, pero muy humana. Gente que pertenece a un mundo que, como sociedad, no siempre queremos –o podemos– ver. Una película llena de recursos de obra teatral que busca transformarnos con su mensaje.

 

 

Confidencial

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