Homenaje

Silvia Arze: en la vanguardia de la historia pública

Con una trayectoria para conocer y admirar, investigó formas, símbolos, escudos, pinturas, esculturas, y cualquier otra producción que implicara creación cultural.
domingo, 19 de enero de 2020 · 00:00

Rossana Barragán  Doctora en historia e  investigadora
Ramiro Molina Rivero Antropólogo y docente universitario

Durante los últimos diez años, Silvia Arze se ha dedicado a lo que hoy es una actividad muy reconocida en el mundo académico, conocida como la historia pública, es decir, comunicar a una amplia audiencia y fuera de la “enseñanza tradicional” o curricular, los resultados que se originan en investigaciones académicas bastante especializadas. Los espacios museográficos y de exposición, así como el recurso a otros medios alternativos, constituyen los ejemplos más inmediatos. 

 La historia pública implica preocuparse de la transmisión hacia una amplia y heterogénea audiencia para cautivar, transmitir e inspirar a niños, jóvenes y población en general, pero basados en amplios, profundos y densos conocimientos.   En este sentido, no es una simple “difusión”, es un arte y una ciencia, una actividad artesanal imbuida de pasión por lo que ella construía cuidadosamente.   

No es casual que el arte, tanto de los tejidos andinos –un trabajo casi esencialmente femenino, como toda producción que es fruto del trabajo de las manos pero también de los imaginarios y el simbolismo– fuesen los temas que interpelaron a Silvia y están presentes en toda su vida de una y otra forma.  De ahí también su preocupación por toda construcción visual, se trate de formas, símbolos, escudos, pinturas, esculturas, o cualquier otra producción que implicara creación cultural, sin dejar de pensaren los espacios de difusión.  

Muchos museos de hoy tienen la impronta de Silvia y muchas de las actividades que  se hacen en ellos llevan silenciosamente su quehacer.  El Museo de los  niños  de Laikacota, o el Museo de Guaqui, recuperando el rol que tuvo en la red de ferrocarriles.  

Planteó convertir al abandonado complejo ferroviario en el espacio cultural y turístico más grande de Bolivia (con unas 90 hectáreas): “Caminar por el museo será una experiencia única”, aseguraba. Ayudó, asimismo, a pensar, hace exactamente 10 años, en 1999, la posibilidad de una red de museos comunitarios. Investigó también sobre las fiestas y la pintura en las iglesias del altiplano.

Una de sus contribuciones más importantes fue probablemente su diseño conceptual y la coordinación del equipo para la muestra denominada Caminantes en el Tiempo en el MUSEF. La exposición desplegaba en espiral, las culturas andinas y amazónicas a través del tiempo, desde el período prehispánico hasta la actualidad.  Nos maravilló el ver cómo se habían representado de manera muy artística y equilibrada momentos de violencia como la invasión y colonización, pero también de lucha, como el cerco de Túpac Katari. 

 Lastimosamente, esta muestra, que había sido diseñada como “permanente” porque abordaba las historias del país y su población desde el siglo XV, fue desmantelada alrededor del 2012-2013, como quien se reemplaza funcionarios al primer cambio de gobierno.  

Si la exposición continuara, recorrerla hubiera sido también transitar por el precioso trabajo de Silvia Arze, por su trayectoria y por la acumulación de sus conocimientos y sabiduría.

Silvia trabajó incansablemente con Teresa Gisbert y Martha Cajías.  En aquellos tiempos, ella estaba recurrentemente muy ocupada poniéndose al día con las investigaciones recientes para poderlas insertar en las múltiples ediciones del libro Arte textil y mundo andino.  Sus investigaciones sobre los tejidos la llevaron a estudiar los tintes naturales (2010), los tintoreros, pero también los textiles de Charazani olos de Yura.  Uno de sus trabajos tiene el hermoso título de Trama y urdimbre. Espacios de representación y comunicación (2016).  

Silvia, una de las estudiantes de la nueva carrera de Historia, se dedicó también a la investigación, indagando, muy tempranamente, temas que hasta ese momento eran poco explorados.   Abrió la exploración sobre Tomás Katari publicando, de manera pionera, sobre la rebelión de Chayanta (1988, 1991).   Otros temas que abordó fueron el de la conformación urbana temprana de Chuquiago/Chuquiabo, los orígenes de la ciudad de La Paz, los artesanos de las parroquias de indios de La Paz y Wak’as y Santos de Chuquiago, Churubamba y La Paz.   

Se interesó también en el tema de los mallkus, junto con Ximena Medinaceli, y en las élites indígenas, publicando un artículo en la conocida revista Latin American Historical Review.

Tempranamente, incursionó también en la investigación sobre los pintores contemporáneos publicando el Breve Diccionario Biográfico de Pintores Bolivianos Contemporáneos en 1986, que tanto nutre páginas de las redes sin que hoy se reconozca su origen.

Fue probablemente en esta senda que uno de sus trabajos se quedó en el tintero.  Nos referimos a sus aportes en el libro   Pintura Boliviana en el siglo XX, coordinado en su edición original de 1989 por Fernando Romero y Pedro Querejazu, reuniendo trabajos de Teresa Gisbert, Rafael Squirru, Leopoldo Castedo, y Silvia Arze entre otros. 

Lastimosamente, en la nueva edición republicada por el CIS de la Biblioteca del Bicentenario, los aportes de ese conjunto de autores ya no se encuentran.  En la edición que había sido elegida para su republicación se encontraban, sin embargo, varias de sus investigaciones constantemente puestas al día, como el Índice de Pintores bolivianos, 1900-1987, el Marco Cronológico del arte boliviano en el siglo XX, y el de Pintores, comentarios y crítica.  Un artículo reciente, publicado por la revista Ciencia y Cultura de la Católica, que ella misma ayudó a difundir y sobre la que se siente muy contenta, es Espacios de exposición y difusión del arte entre 1930 y 1956.

Silvia recorrió todos estos senderos de investigación y felizmente muchos estudiantes tuvieron el privilegio de tenerla como docente.  Todas sus actividades las recorrió con la presencia de sus hijas e hijos, combinando sus quehaceres con igual pasión y entrega, con la reflexión y la práctica de  yoga.  Su vida y sus ojos verdes transmitieron a toda una generación hoy su ser de luz y entrega.

 

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