Transición

La ciudadanía o el retorno de la aristocracia de los machos

Si Morales desaprovechó la gran ocasión de construir un puente democrático, hoy la oposición no puede perder la oportunidad de construir ese puente.
domingo, 05 de enero de 2020 · 00:00

Carlos Decker Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

La Bolivia de los machos

La enfermedad del machismo es endémica en la Bolivia tradicional. El macho que se convierte en el caudillo que salvará la dignidad nacional, la soberanía y la identidad nacional. 

Esa Bolivia tradicional está constituida por la aristocracia de los huevos, cuyos miembros pueden ser a veces de izquierda y de otras de derecha. Es una aristocracia que maneja instrumentos y símbolos y que tiene el propósito de acumular fuerza para establecer su hegemonía. 

En unos casos es la etnia, el pachamamismo, la hoja de coca, la victimización étnica. Cuando el péndulo se va para el otro lado los símbolos son la Biblia, el arrojo moral, el alfabeto, falsos blasones y el color de la piel. 

En la Bolivia tradicional se maneja el insulto, el improperio y la amenaza como métodos legítimos. Un macho debe hacerse respetar si es posible a puñetes. Transgredir la ley es cosa de hombres vivos, solo los miedosos y pusilánimes siguen la ley o respetan las reglas constitucionales. 

Es la Bolivia de los monólogos (incluyo los hogareños y los de la escuela); creen que los monólogos yuxtapuestos son diálogos políticos. No saben resolver nada sin que haya ganadores y perdedores, sin saberlo son guerreros que triunfan no importa si es a rodillazos o con árbitros pagados. 

Esta aristocracia se expresa políticamente a través del autoritarismo, que es el ejercicio de la manipulación de las instituciones y de las leyes. Se convierten en monarcas encumbrados por “las multitudes”, por eso pierden la perspectiva y miran desde arriba. 

En la Bolivia tradicional se considera el derecho y las leyes como instrumentos de la otra aristocracia o clase, por eso se pasan por encima las leyes porque no son “leyes del pueblo”. Intentan crear una conciencia unitaria; por eso le tienen desprecio al multipartidismo, al estado de derecho y a la democracia porque es un sistema que se basa en el compromiso. 

El autoritarismo es el método de los populismos de izquierda y derecha. Lo interesante es que últimamente se han servido del expediente democrático tan sólo para asumir y transgredirlo. Es un sopapo bien dado en la cara del sistema en nombre de unas mayorías difusas. La transgresión constitucional es la metáfora del machismo político.   

Estos representantes de la aristocracia de los huevos quieren imponer su concepto de país. En unos casos no admiten disensos religiosos ni morales y en otros no soportan el entrecruzamiento étnico porque implicaría la muerte del heredero jussanguinis que –para ellos– es la negación de la estirpe. 

Sospechan del mestizo. Los unos lo niegan en nombre de la pureza étnica y los otros reniegan del mestizo por considerarse los poseedores de blasones coloniales y se creen superiores solo porque su piel es un poco más clara.  

Ambos autoritarismos reafirman y profundizan la diferencia étnica, religiosa, moral y política, creen que el paternalismo es una suerte de socialismo, confunden capitalismo con el mercantilismo amiguista. En realidad, son prebendalistas que practican la economía de amiguetes. Son centralistas letrados o estalinistas iletrados porque no respetan a las minorías y todo lo que no está en su “esfera de influencia” es periferia enemiga.

 

La Bolivia moderna

La clase media boliviana se ha robustecido en estos últimos meses, es la Bolivia que le ganó la pulseada política a la Bolivia tradicional. Esta Bolivia exige un estado moderno, pero, hasta que pueda consolidarse, la asechan peligros. 

La Bolivia moderna tiene su origen en la universidad, no se explica de otra manera la presencia de millones de jóvenes universitarios en todo el país sumándose a las marchas contra el continuismo de Morales. 

La lucha de esta Bolivia comenzó en 2005 cuando creyó que el cambio de élite iba a producir el acercamiento de las dos Bolivias. En 2016 comprobaron que no se habían construido puentes sino muros. La falta de respeto al resultado del referéndum fue la señal inequívoca de la construcción de muros entre las dos Bolivias.  La moderna tenía que someterse a la tradicional, era la aplicación de un centralismo democrático estalinista.

Los últimos 30 años democráticos, la juventud se ha instruido en la práctica de la libertad, del consenso político y del diálogo. El rol de la mujer ha sido determinante, son la semilla de la nueva racionalidad. 

Gobiernos anteriores al de Morales incorporaron algunos sectores de la Bolivia tradicional al sistema democrático, el MNR, el MIR, son un par ejemplos.

 La construcción de la nueva racionalidad es paralela a la importancia que adquieren las nuevas clases medias; lo digo en plural porque en el caso boliviano hay una clase media indomestiza (la de los cholets). Amasó sus fortunas en la época del banzerismo. Apoyó a Morales por razón de piel, pero, luego lo abandonó por razones políticas y me atrevo a decir económicas. Es la clase que dejó de votar por Morales en el Alto.  

Ambas clases medias se han juntado en la lucha callejera que derrocó a Morales. Ante la ausencia de programa y/o plataforma, se sumaron los caudillos de la derecha que pertenecen a la Bolivia tradicional y se declararon conductores de facto.

 

¿Es Bolivia clasemediera? 

Para Karl Marx, una clase explota a otra como parte del sistema de producción imperante. No habla de clase media, sino de capas; en tanto, para Max Weber las clases son producto de la diferencia de recursos. 

Weber comparte con Marx el punto de vista económico, pero adhiere el mundo simbólico, las oportunidades que la vida concede. Weber habla del prestigio social, del estilo de vida, la educación, el trabajo y el origen. En la definición de Weber entraría lo que hoy llamamos clase media que desde el post-industrialismo se ha convertido en una clase determinante a pesar de su falta de unidad política. 

¿Proletariado boliviano? Muy pocos, en los países industrializados, han sido remplazados por los robots y en los otros, entre ellos Bolivia, surgen los temporeros o los “emprendedores” o cuentapropistas.

El sector de mayor crecimiento es el de los servicios caracterizado por bajos salarios y además muy individualista.  

¿Es Bolivia capitalista? NO. Su capitalismo es incipiente y dependiente, insignificante, sin fuerza propia. Además, el capitalismo financiero es mayor que el productivo. 

La clase media boliviana está cerca de la concepción de Weber, además, es el resultado del modelo consumista, globalista; comparte la educación y la cultura con otras clases medias del globo. Se parece incluso en las actitudes culturales. Son iguales a través del consumo de la cultura popular. 

Dentro de ella está la juventud, que no había nacido aún cuando el Muro de Berlín enterró el pensamiento comunista. 

La juventud boliviana es muy buen ejemplo. Los niños de 7 años que habían ingresado a la escuela cuando Morales asumió el gobierno con un triunfo electoral mayúsculo (2005) lo echaron del poder, son hijos del llamado “proceso de cambio”, crecieron con el gobierno de Morales y simplemente descubrieron que estaban siendo engañados. Salieron a las calles a defender su voto; es una juventud que quiere la alternancia, aspira a ser el futuro conductor político, por su educación y su incorporación al escenario global. 

Esas juventudes crecieron en democracia, su objetivo no es el comunismo, tampoco un sistema en el que le coarten sus libertades esenciales como las de movilidad y opinión. Son juventudes individualistas que aprenden a conocer a los otros individualistas en las manifestaciones, lo que no los convierte, de la noche a la mañana, en “colectivos socialistas”. 

Puede ser que muchos se reclamen socialistas, pero democráticos, están más cerca al social-liberalismo. Son juventudes multiétnicas, no hay enfrentamiento racial en su interior; es una parte importante de la sociedad boliviana a la que es difícil manipularla con discursos relativos a la dictadura del proletariado incluido el de la lucha de clases, porque la complementación social y económica los ha engendrado como clase media.

Los rasgos comunes de esas clases medias son la ecología, el medio ambiente, la dieta (muchos son vegetarianos y otros son o van camino a ser veganos), cosmopolitas, tolerantes, feministas, defensores de las minorías sexuales, sobre todo ciberciudadanos. La libertad individual es algo fundamental por la que están decididos a luchar en las calles. Esas cualidades podrían ubicarlos a la izquierda, pero democrática.

 
El peligro inmediato

“Es mejor que no haya líderes ni programa. Así la protesta es más amplia”. Tengo dudas porque en esas circunstancias aparecen los caudillos. La aristocracia de los huevos reaparece y los que no la obedecen pasan a ser enemigos, por lo tanto, aliados del sistema cuestionado. 

Los de derecha, con la Biblia en la mano, suponen que son diferentes de los otros que hablan de cercar las ciudades para dejarlos sin alimentos; son caras de la misma medalla autoritaria, prorroguista, poco respetuosa del juego democrático. 

Esos dos extremos dejan un medio formado por la mayoría, gris políticamente, porque la clase media pendular, se mueve entre la izquierda y la derecha cuando hay una alameda democrática por dónde debieran transitar.

El reclamo debe culminar en mayor democracia, en mejor democracia. Ello supone no solo una democracia política sino económica y social. 

La respuesta a estos trances debe ser la revolución de la ciudadanía. 

Bolivia necesita de un programa político y no de caudillos egocéntricos.

El nuevo relato debe unir a la Bolivia moderna con la Bolivia tradicional, es la mejor forma de asilar los extremos.

Ese programa debe observar la institucionalidad independiente. Esa institucionalidad debe servir al Estado boliviano y no a los gobiernos que se vayan sucediendo.  

Sus implementadores deben ser un tejido humano de las dos Bolivias hoy aparentemente enfrentadas.

 

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