Contante y sonante

Fe

Todo es posible en nombre de la fe. La fe que fue y será el motor que sustenta a los poderes desde siempre...
domingo, 1 de noviembre de 2020 · 00:00

Óscar García
Músico y poeta

El primer dios fue una diosa. Por lo que en la historia de las deidades, se debería, por honor a la verdad conocida, comenzar la narración con la frase, la humanidad inventó a una diosa como la primera deidad conocida y la llamó Nammu, diosa de los mares que dio a luz al dios An, dios de los cielos y a la diosa Ki, divinidad de la tierra. De ellos nacieron todos los dioses menores y de algunos de éstos, el hombre, hecho de arcilla, para cuidar el ganado, para manejar el arado, para contar el trigo. 

Así, los humanos creyeron tener un propósito. Ocurrió en Sumeria, donde se desarrolló el primer código para una convivencia colectiva, el Hamuurabi, de donde proviene el ojo por ojo, diente por diente. Claro, desde antes seguramente y hasta ahora, a juzgar por ídolos que datan de hace como 11.000 años, atribuirle a divinidades cosas de humanos, es una repetición incesante. 

Cómoda para los poderes de siempre. Cuando las cosas salen bien, es obra de alguna deidad y si salen mal, es porque la deidad no quiso, algo mejor estará preparando, así desde hace miles de años y sumando. Ficción tras ficción con personajes parecidos, con hechos parecidos, con las construcciones de cosmovisión, parecidas. Para los sumerios, debajo de la tierra estaba la muerte y los demonios. 

Luego y en orden de aparición, todas las religiones parecen coincidir al menos en la ubicación de lo arriba y lo abajo, con diferencias de grado, de intencionalidad, de interpretaciones y por supuesto, de utilidades. Los premios suelen estar arriba y los castigos abajo. 

En la historia de las religiones, por otra parte, se sitúa como a la más antigua, al hinduismo, que carece de profetas pero tiene dioses múltiples. Aparentemente y a través del más confiable investigador, existen hoy por hoy, más de 4.200 religiones. Para toda tendencia, para los gustos más variados. 

A diferencia del capitalismo, que se lo suele comparar con una religión, estas, las religiones, tienen creyentes, el capital tiene clientes. Pero cada vez se parecen más y se hacen sutiles las diferencias. Se ofertan salvaciones a bajo costo, la felicidad por la fidelidad y el cumplimiento en la entrega de diezmos como si de alquileres se tratase. En nombre de la fe. Todo es posible en nombre de la fe. La fe que fue y será el motor que sustenta a los poderes desde siempre. 

Resulta curioso que varias religiones hayan creado a diosas del amor y de la guerra como un detalle que hace pensar que si las cosas no se hacen por las buenas, se hacen por las malas. Pero no por la mano humana si no por los designios divinos. Así, la fe ha trascendido ya a los panteones. Ahora hasta los asuntos más ínfimos, son cuestión de fe.

Hay quienes creen en cosas como la democracia o en la inmortalidad del cangrejo o en el socialismo capitalista o en los beneficios de la hoja sagrada para los males de amor cuando lo beneficios están en las cuentas de dirigentes que como un péndulo invisible, van y vienen de la ficción popular a la ficción de las mafias. 

Hay quienes creen en las buenas intenciones de la banca y en los lectores de cartas, de barajar y las astrales. Hay quienes creen en el horóscopo de hoy día, que pronostica a la gente acuario una vida plena de pasión y felicidad y dos acaban de morir en la miseria y soledad, en este preciso instante. Hay quienes creen en una paloma semental y en las piedras cheque que cambiarán la situación económica de una familia. 

La fe mueve no montañas, mueve millones, de personas en busca de millones, en moneda nacional o extranjera. Hay quienes creen en gente influenciadora de las redes y las hay quienes creen en la emancipación de la multitudes a través de una bomba de racimo de “me gusta”. Todavía hay más para la historia. La emergencia de dioses renovados, más rigurosos aunque menos prolijos, está todavía por venir.

 

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