Aullidos de la calle

La Anne de Lucy

En la serie Anne with an E, esta “Anne netflixera parece estar dispuesta a romper todos los esquemas y a meter en su trama cualquier tipo de reivindicación”.
domingo, 1 de noviembre de 2020 · 00:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Por años creímos que L.M. Montgomery había muerto de causas naturales. Por años quisimos creer que esa alegría, ese mundo mágico a los que sus libros nos transportaban eran parte de su vida.  Pero no, Lucy Maud sucumbió a la depresión y se suicidó. Tenía 67 años. 

La autora de esa maravillosa saga literaria que tiene como protagonista a nuestra amada Anne Shirley, escribió ocho libros en los que fuimos testigos del crecimiento de Anne y de cómo manejó su vida y todo aquello que su imaginación (siempre hay espacio para la imaginación) le permitió. 

¿De qué iba la historia? Anne Shirley, una huérfana pelirroja que odiaba su rojizo color de cabello fue finalmente adoptada por Marilla y Matthew Cuthbert, un par de hermanos ancianos que en realidad buscaban adoptar a un niño para que los ayude con los oficios de su granja. El orfanato cometió un error y les envió a la parlanchina Anne. 

Lucy, la misma persona que había puesto en la boca de su alter-ego, Anne, frases como:  “¿No es maravilloso pensar en todas las cosas que hay que averiguar? Simplemente me hace sentir contenta de vivir. ¡Es un mundo tan interesante!” se despidió del mundo con una lúgubre carta: “He perdido mi mente en pequeños hechizos, lo que pienso es cruel para los que me rodean. ¿Podrá Dios perdonarme…?” 

Me dueles, Lucy. Me dueles.

Para mí, y para muchos, Anne Shirley fue una compañera de vida. La descubrí gracias a la miniserie canadiense Anne of Green Gables que a Bolivia llegó a mediados de los 90 en formato de episodios más cortos. La inolvidable interpretación de Megan Follows como Anne, los bellísimos paisajes de la isla Príncipe Eduardo, las menciones literarias, la hermosa banda sonora, la figura desafiante de una Anne cuyo objetivo principal eran sus logros académicos en un momento histórico contrario a sus aspiraciones, la Anne que devoraba libros, la que dejaba en segundo plano el romance, esa es la Anne que se ganó el corazón de quienes la conocimos.

Netflix se dio cuenta de que ahí había un filón a explotar y junto a CBC creó una nueva versión. Anne with an E. Una versión netflixera y acorde a los tiempos en los que vivimos. 

El espíritu de Anne sigue ahí. En la pelirroja interpretación de AmyBeth McNulty, en la presencia serena de Geraldine James como Marilla, en R.H. Thomson como el buen Matthew, en el agradable Lucas Zade como Gilbert. 

El equipo de producción es en su mayoría femenino. La productora Miranda de Pencier, la guionista Moira Walley-Beckett que escribió la primera temporada y que luego para las dos siguientes trabajó con otras guionistas, y directoras como Amanda Tapping, Norma Bailey, Kim Nguyen, Anne Wheleer, entre otras.

Muy destacable que la fotografía que fue uno de los aspectos más valorados de la versión canadiense, acá vuelve a lucirse  con impresionantes tomas en acantilados, en el mar, con juegos con el desenfoque, el sol, y que le dan una personalidad propia a Anne with an E. 

La propuesta de color, el vestuario, la música, la ambientación del periodo histórico en el que se desarrolla, también ayudan a darle puntos extras a esta nueva versión de la vida de Anne, y muestran un cuidado casi artesanal en lo que vemos en pantalla.

Si bien lo escrito por Lucy ya era una visión adelantada a su época, esta Anne netflixera parece estar dispuesta a romper todos los esquemas y a meter en su trama cualquier tipo de reivindicación: habla en contra del racismo, habla a favor de los derechos LGBT, habla sobre la igualdad de género, sobre el consentimiento sexual, sobre la libertad de expresión, sobre el papel de la mujer en la sociedad, sobre la hipocresía del activismo. Digamos que después de la primera temporada, la Anne de Lucy se va transformando en la Anne de Netflix.

Entiendo que una serie en Netflix con un personaje tan fácil de amar es una gran oportunidad para tratar de generar ciertos cuestionamientos en las mentes jóvenes. Y quizás sea mejor o valga la pena sacrificar el texto de Lucy en pos de influir positivamente con temas más actuales. Lo entiendo. No comparto, en todo caso, el facilismo con el que a veces se plantean las situaciones, el racista se da cuenta rápidamente que es racista y cambia, la Anne de 1877 es tan moderna como la más férrea activista actual pro-derechos humanos, los errores, la maldad del mundo, son subsanados de forma casi irreal. 

Quitándole esa excesiva manipulación para introducir una agenda, Anne with an E es una propuesta que se disfruta, que trae a la vida una vez más a Anne, la siempre amada Anne, y con ella, ese mundo de almas gemelas, de imaginación sin límites, de sueños que se pueden alcanzar con trabajo. Y claro, ver a sus personajes renacer y ser descubiertos por nuevas generaciones es devolverle la vida a Lucy. Ay, Lucy cómo hubiera deseado que tu mente no “se pierda en pequeños hechizos”. Nos quedará imaginar (siempre habrá espacio para la imaginación) la posibilidad de un final distinto para ella, quizás uno en el que se hubiera aferrado a lo que su personaje más conocido decía: “¿No es hermoso pensar que mañana es un nuevo día, todavía sin errores?”.

 

 

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