Cultura

Un año lleno de vacíos

La pandemia obligó a suprimir decenas de eventos culturales agendados; mientras más se extendía la cuarentena rígida, más eventos se cancelaban.
domingo, 1 de noviembre de 2020 · 00:00

Jorge Manuel Soruco Ruiz
Periodista

 

La noche del último viernes de octubre se presenta sombría y triste. La desazón no se debió a la coyuntura política sino a la de salud, ya que después de un lustro acudiendo al Cementerio a disfrutar de ingeniosas intervenciones que invitaban a conocer la historia del país y las personalidades allí enterradas, nos tuvimos que conformar con ver videos en computadora o celular, ya que Una noche en el Cementerio fue otra víctima de la pandemia de la Covid-19.

En enero de este año parecía que las cosas en el país estaban camino a normalizarse tras los conflictos de octubre y noviembre de 2019. Así que, como en anteriores gestiones, mentalmente comencé a elaborar la agenda cultural anual, la cual seguía una rutina que se modificaba muy poco: poca actividad en enero hasta Alasita; febrero y marzo, dependiendo del año, dedicados a Carnaval y a partir de abril los grandes eventos. Poco imaginaba que solo dos de esas estaciones se cumplirían y que un virus haría que extrañemos actividades que dábamos por sentadas.

Así, en marzo, ya experimentamos la pérdida de eventos. Poco antes de instaurarse la cuarentena rígida dos festivales importantes anunciaron su cancelación. El primero fue el Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz), planificado para finales de marzo y abril, este encuentro bianual prometía un menú con sabor francés. 

Coincidiendo el inicio del Fitaz con el festejo por el Día Internacional de la Francofonía, el programa incluía obras francesas, lecturas dramatizadas y seis elencos del exterior.

Además de conocer las obras del exterior, otro de los atractivos del festival es disfrutar de piezas nacionales que uno no pudo ver antes.  

Cuando llegó la noticia de la suspensión, una semana después de anunciarse su realización, el equipo de cultura en el que trabajaba (Paola Mejía, Erick Ortega y yo) ya estábamos analizando como cubriríamos el evento, a qué obra iríamos.

 No fue la única decepción. A los pocos días nuestros planes de sugerir a los jefes enviar a uno de nosotros a cubrir el Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana de Chiquitos se derrumbaron al ser cancelado.

Este es uno de los eventos más importantes que se realizan en el país. Organizado por la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC), reúne a elencos de todo el mundo, los cuales se presentan en templos patrimoniales de Santa Cruz y Tarija, amén de alguno que otro recital extra en La Paz.

De ahí todo fue cuesta abajo. Mientras más se extendía la cuarentena rígida, más eventos se cancelaban

Entre ellos la tan esperada Feria Dominical de las Culturas. Cada año, entre finales de abril y finales de octubre, los días domingo El Prado se transformaba en una galería al aire libre. Pintores, músicos, actores, bailarines y muchos otros artistas presentaban sus obras al público, mientras que instituciones estatales compartían información; alumnos de centros educativos mostraban lo aprendido; clubes de fans compartían sus aficiones y muchas otras actividades más.

Le siguió la Larga Noche de Museos. Un día en la que casi la totalidad de los centros culturales paceños se engalanaban con exposiciones especiales, conciertos sorpresivos, presentaciones escénicas novedosas y varias otras actividades artísticas preparadas para esa fecha. Este es, según datos de la Secretaría de Culturas de La Paz, el evento cultural que más gente reúne en el año, con aproximadamente 300 mil visitantes.

En junio debían realizarse el Festival Internacional de Historietas Viñetas con Altura, acontecimiento que reúne a artistas y consumidores del noveno arte de Bolivia y otros países en La Paz; el Bolivia Lab, una iniciativa que potencia la producción latinoamericana de cine con talleres y conferencias especiales, al tiempo de proyectar películas del continente, y la entrada de Gran Poder, principal fiesta folklórica del país que aporta de manera importante a la economía paceña y San Juan.

En julio la tradicional Verbena Paceña tuvo que festejarse en casa, mientras que los organizadores del Illimani Metal Fest tuvieron que resignarse a presentar las bandas participantes por internet.

En agosto no hubo ni la Feria Internacional del Libro de La Paz, ni la Reunión Anual de Etnología, un evento académico que desde hace casi una década gira en torno a las diferentes colecciones del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF). Al menos el Festival Internacional de Jazz Gitano llegó a las pantallas, al igual que en septiembre hizo el Festival Internacional de Jazz (Festijazz).

Eso sin contar los conciertos, estrenos escénicos y películas que se vieron canceladas.

Sí, muchos pueden decir que, al menos, las redes sociales y otras plataformas de internet permitieron que estos eventos puedan realizarse virtualmente. Pero, parafraseando a Les Luthuiers, “parecido no es lo mismo, caballero”. No lo es ni para los artistas, ni para los consumidores, muy malcriados por una agenda cultural muy nutrida, por lo que espero se me permita este pequeño berrinche en contra de un año lleno de vacíos.

 

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