Notas para romperse una pata

La sangre desde el asfalto: Performance por ellas

Ver intervenciones performáticas en la ciudad es una forma más para comprender la violencia y analizarla a profundidad.
domingo, 22 de noviembre de 2020 · 00:00

Fernanda Verdesoto Ardaya 
Literata e investigadora teatral 

 

La cuarentena se ha ido desinflado paulatinamente. Pasaron un par de meses que se sintieron como años y la ciudad retomó su ritmo cardiaco, porque no le quedó de otra. Y empezamos a salir y a volver a sentir las inclemencias urbanas. Retomamos todos, poco a poco, la vida afuera. Sin embargo, desde ya, tenemos que darnos cuenta que hay algo que no puso la vida en pausa: la violencia hacia las mujeres. Al 11 de noviembre, tenemos más de cien feminicidios y muchos más casos de otros tipos de violencia física, sexual y psicológica. Y están aquellos que se gritaron y aquellos que no. 

Por esto mismo me pregunto: ¿Por qué es tan importante salir hoy a la calle? Y es porque la virtualidad y el exceso de información ya nos ha curtido ante las horrorosas noticias de cada día. Haciendo scroll con el teléfono es fácil pasar de largo, es fácil olvidar y saltar directamente a los memes. Vemos esas noticias de violencia que con tanto ahínco uno le pone un “me enoja” y reiniciamos la sección de noticias, sólo para ver otra noticia más: una mujer más, una niña más, un niño más. En mi caso, yo ya no puedo leer la noticia porque me dan arcadas, ya no sabe una más qué hacer de lo que ya está haciendo. 

Por esto es tan importante y tan refrescante ver intervenciones performáticas en la ciudad. Porque es una forma más de comprender la violencia y poder analizarla a profundidad. La performance o la intervención manejan otro tipo de violencia, pero es aquella que rompe con nuestra cotidianidad. Al caminar al trabajo, al ir a la tienda, al pasear al perro, al esperar un minibús… uno no quiere pensar en la violencia, no quiere pensar su nivel de compromiso, no quiere pelearla por ellas, uno quiere terminar de hacer lo que tiene que hacer, y eso es un error nuestro, el compromiso debe generarse aunque sea en nuestros actos más inconscientes y/o rutinarios. Por esto mismo el poder del performance es tan grande: No lo esperamos, no lo pedimos, nos irrumpe en la rutina, nos bloquea, nos obliga a mirarla, nos hace espectadores obligatorios. Estos son motivos por los cuales, entre todas las artes escénicas, esta es la que menos se estudió y tal vez la menos entendida.

 
Río Rojo Raíz Rota  (Alejandra del Carpio, La Paz, 28 de octubre de 2020)

Esta performance se realizó en las calles del centro paceño y se enfoca en la violencia sexual hacia niñas y niños. Es más que todo como un cuadro tridimensional, una estampa móvil que va encontrando distintas posiciones que son violentas y nos violentas. No hay manera de pasarla de largo. Alejandra, de contextura pequeña, viste un vestido blanco y sostiene un osito de peluche. Desde lejos, hay que entrecerrar los ojos para entender si es una niña o una adulta. 

Pero ella no es quien resalta en este encuadre, sino los metros y metros de tela roja que surge, emerge, brota de su entrepierna. Esa tela se arrastra por toda la ciudad, se cuelga de escaleras y de vacíos, porque es omnipresente. Es clara la referencia. Es la sangre. Es la hemorragia de cientos de niñas a quienes le arrancaron la virginidad a la fuerza, de las pequeñas ignoradas, de niñas obligadas a parir. Y esta es la cuestión: esa sangre nos afecta, nos duele, nos horroriza. Y por eso Alejandra debe moverse por la ciudad con esa tela sangrante… porque son las calles donde esas niñas han caminado y son las calles donde esas niñas han sangrado. Y, lo más probable, es que nos tropecemos con esa tela, así como nos hemos tropezado con la sangre. El tema es si la veremos de verdad, si la sentiremos. O si en realidad seremos cómplices de la ruptura de raíz, si seremos cómplices de que la plantita no crezca nunca más. 

¿Quién nos está matando? (Teatro de Los Andes y Teatro El Animal, Sucre, 1 de noviembre de 2020)

Esta performance se realizó en el cementerio general de la ciudad de Sucre (invito a ver unas lindas fotos de la instalación en el Facebook del Centro Juana Azurduy). Tuvo una gran producción en la que se recreó un cementerio con los nombres de las –entonces– 98 víctimas de feminicidio en Bolivia. A la vez había un altar con las fotografías y nombres de las víctimas, abajo, distintas variedades de flores y pequeñas recreaciones de ataúdes. 

Actores del Teatro de Los Andes y de Teatro el Animal se acercaron, poco a poco, interpretando cantos tradicionales de Todos Santos, adaptando la letra a la situación tan grave que vive el país en tema de violencia de género. Todos Santos es para mí una de las más lindas tradiciones que tenemos, sobre todo porque nos ayuda a cada uno de nosotros en lidiar con nuestro propio duelo que nunca acaba. Mueren los otros y los que nos fregamos somos nosotros los vivos. 

Por eso me parece que esta performance fue tan impactante como lo fue, porque es el homenaje y el pedido de justicia para ellas, pero también es un llamado para nosotros, es imponernos la pregunta de cuál será nuestro compromiso y nuestro papel en nuestra posición de seres vivientes. 

Todos Santos es para recordar y para seguir amando, es para conversar con los muertos, es para darle a los finados todo lo que a ellos les gustaba antes de partir. Y a estas mujeres, les gustaba vivir. Para darles vida, hay que darles justicia. 

La performance fue bruscamente interrumpida por la Policía de Sucre, pese a que contaban con todos los permisos necesarios. Ahora bien, la presencia policial fue absolutamente inoportuna y brusca, sin embargo, terminó dándole más carga significativa a la instalación artística. La presencia de la Policía mostró su rol en la ausencia de justicia en las víctimas, tanto en la vida real, como de manera simbólica. De cierta manera, se incorporaron a la performance para reforzar la representación de la ausencia de justicia en nuestro país. 

 

Sin pasar de largo

La performance como sub-género de las artes escénicas siempre es breve, no siempre es solicitada y en su mayoría está en las calles. Por esto es una de las formas teatrales más brutales para impulsarnos a dejar de ser tan alienados. La próxima, se puede parar un rato y observar, que en poco tiempo una performance puede voltear toda la perspectiva que tenemos sobre un tema. Podemos transformarnos, podemos volvernos parte de la performance¸ podemos hacer un compromiso.

 

 

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