Discursos

Los (de) Medinaceli: hermanos y escritura

La obra de Carlos, Waldo y Emilio revela un efecto dramático cuando interpretan la concepción país en su narrativa sobre la problemática nacional.
domingo, 8 de noviembre de 2020 · 00:00

Jorge Saravia Chuquimia
Arquitecto

En el decurso de la literatura boliviana del siglo XX existen episodios atípicos que deparan sorpresa. En esta ocasión ahondaremos el caso de tres hermanos que comparten el gusto por la literatura. Carlos, Waldo y Emilio (de) Medinaceli. Tres escritores que atendieron en su narrativa la problemática de lo nacional como “capital cultural”. De sus plumas salieron las más fervorosas formas de interpretación de mirar (se), imaginar (se) y sentir (se) país. Desde esta óptica, re-significaremos el discurso producido por ellos en la obra publicada en vida.  Intuyo dos forma(s) para auto-identificarlos a los tres seres en el tiempo narrativo, es decir, desde dos vocablos o ecos: hermanos y escritura. 

Ignacio Prudencio Bustillo sentencia: “El hombre no existe más que por sus obras; aquel que nada ha hecho, pasa por la vida como un fantasma” (Páginas dispersas, 1946). En este caso, la obra, para los Medinaceli, es la continuidad de la propia existencia. Los tres hermanos-escritores dan fe de su presencia en el mundo de las letras mediante obras. Obra(s) entendida como objeto literario: libro. El libro, eclosión creadora que se funde con el término hermano. 

A juzgar por los textos publicados, debemos entender que cada uno tiene rasgos de escritura con estilo diferenciales pero que unificados, conjeturan el ideal de conciencia de ser leídos y percibidos. Cada uno de sus libros comunica saber(es), pero implícitamente cada hermano escritor revela testimonio de densidad ontológica. 

En ellos, la expresión hermano-libro refleja que ostentan los mismos padres, comparten rasgos genéticos y sobre todo iguales ideales. Gestos que están en la esencia de sus escritos. Así, el hermano mayor y crítico literario, Carlos Medinaceli (Sucre, 1898 - La Paz, 1949), publica Estudios críticos, (1938); La educación del gusto estético, (1942) y La chaskañawi, (1947)... El del medio y biógrafo Waldo Medinaceli (Tupiza, 1915- La Paz, 1974), publica el texto Reconstruyamos Sapahaqui, en revista Última, N°19, (1942) y Sumario biográfico de Carlos Medinaceli, en La educación del gusto estético, (1968). El menor y poeta Emilio de Medinaceli (Sucre, 1920 - Cochabamba, 1990) publica Ideogramas de vivencias, (1946); Programas y Planes de Filosofía y Letras, 1949, Ensueños y realidades, (1960); Infinitismo cósmico y axiológico humano, (1965); Literatura boliviana desde Tiahuanacu y el incario, (1965); Ensayos de estética, crítica poética, histórica y otros, (1969)...   

Gamaliel Churata, conocido de los Medinaceli, escribe el prólogo “Carlos Medinaceli” para La Chaskañawi. Churata vislumbra el significado de afectividad de hermano, ya que sabe que en “Carlos Medinaceli hay, pues, algo que recuerda a René Moreno, y es que si alguien amó al gran escritor oriental en Bolivia fue él”. En otro prólogo, “Poesía lírica, filosófica y terrígena”, del poemario Ensueños y realidades, manifiesta que el benjamín Emilio funda “en su amor entrañable: a su Santa Mamá a su Amada Ideal, su Arrobamiento, A Sus Grandes Amigos; de Su Vida Trágica”, es decir, Churata potencia el sentimiento afectivo del término “hermano que busca afectos”.    

En nuestra segunda interpretación, la escritura, es otro sinónimo de obra. Afirmación que me hace deducir que sería un factor que constata la existencia de la No conciencia de un yo. El discurso textual se convierte entidad. La escritura coexistiría en el entendimiento de apreciar a los escritores como hermandad familiar. La obra escritural de los tres hermanos revela un efecto dramático cuando interpretan la concepción país. Densidad que apreciamos en, primera instancia, en Carlos Medinaceli cuando denota un sentimiento de desilusión del sentir patria. La escritura tiene un carácter sentencioso. Sin embargo, lo sombrío en Carlos suscita no perder de vista la sofisticación de escritura deslumbrante que emerge de su narrativa en la primera mitad del siglo XX. 

De modo tal, en De la tragedia interior, gracias a esa ocurrencia ingeniosa escritural que cultiva, Carlos Medinaceli dialoga consigo mismo. Coloquio “Entre un Pobre Diablo y su Yo”, pues el Yo pregunta: “Pero ¿es que tú tienes oficio?, responde el Pobre Diablo: “Sufrir: ése es mi oficio”. La escritura se torna hiperbólica. El yo habla a un yo o, simplemente es diálogo de hermanos. 

En la prosa del hermano del medio, Waldo Medinaceli entrevemos lo aciago de vivir en el contexto donde habita. Escribe Reconstruyamos Sapahaqui, desde el título revela una lectura agravante del termino construir lugar: “Consideramos que es uno de los principales deberes del pueblo y el Estado el conservar las poblaciones por la tradición histórica y el rol económico, político y social que deben desempeñar en la vida y el futuro de la nacionalidad”. Establece la conciencia de saber(se) ser hermano en relación con el espacio país, con “tú” nación. 

El benjamín, Emilio de Medinaceli en el poemario Ensueños y realidades, hace de la escritura un lugar aciago. Cabe sospechar que Emilio imagina como tópico la búsqueda de hogar, del arraigo familiar “Cual papá decíame. Fuí (sic) cual padre-hermano/ sacrificadísimo: como fuí-igual tío/ con sobrinos huérfanos, inconsciente-ingratos”. 

Los tres hermanos-escritores Medinaceli coinciden en la exploración del sentido nación, en la escritura, en la literatura, en fin, en el lenguaje. Carlos, Waldo y Emilio proyectan la existencia mediante la obra hecha hermano y escritura. El libro proyecta(ría) el significado de hermandad conjuntamente la palabra escrita. Tienen afectividad familiar desde el lugar de hermano situándose plenos en la escritura. Escriben para reflexionar-se, pero concibiendo la “conciencia de ser leídos”. De no ser fantasmas pasan a ser vistos por la palabra escrita. 

Lo dramático de su forma escritural deviene de ocupar un espacio y tiempo donde el país se constituye como tal, lentamente. Por ende, los escritores y hermanos Medinaceli, son “espíritus buscadores de verdad”.

 Precisamente Ignacio Prudencio Bustillo ha escrito que estos hálitos “procuran estimular el pensamiento boliviano, dirigirlo hacia concepciones y sentimientos más elevados”.


 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/