Literatura

Medio siglo con Borges

Vargas Llosa reúne artículos, conferencias y sobre todo alguna de las inolvidables entrevistas que mantuvo con el argentino.
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 00:00

Ricardo Bellveser
Escritor

En una ocasión le preguntaron al escritor argentino Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899-Ginebra, 1986) su opinión sobre por qué todavía no le habían concedido el Premio Nobel de Literatura, a lo que contestó “porque se creen que ya me lo han dado”. La broma tiene su base en el hecho de que, en efecto, fueran muchos, incluso periodistas acreditados, los que se dirigían a él citándole como ganador del premio de la Academia sueca, probablemente en expresión explícita de reconocimiento a la abundancia de sus méritos.

Alguien que sí consiguió esta distinción, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, (Arequipa, 1936) explica esta paradoja atribuyéndola al hecho de que Borges era antiperonista, “el peronismo fue una gran tragedia para Argentina –afirmó Borges– y dejó prácticamente destruido el país, que no ha vuelto a levantar cabeza hasta nuestros días”, por lo que apoyó a los militares que dieron el golpe de Estado contra el presidente populista, y “desgraciadamente –afirma Vargas Llosa– luego aceptó una condecoración de Pinochet”, hecho en el que ve la causa de que el Nobel nunca llegara a su casa. 

Borges nunca supo medir estos comportamientos, “porque tenía un gran desprecio por la política, y porque era una persona mucho más literaria que política. Tuvo meteduras de pata en su vida respeto a la política, pero fue muy categórico frente al nazismo. Era un demócrata a pesar de esos coqueteos con ciertos gobiernos militares”, aclara, en este sentido, el Premio Nobel.

Vargas Llosa acaba de publicar Medio siglo con Borges (Ed. Alfaguara, Barcelona 2020), libro en el que reúne una colección de artículos, conferencias y sobre todo alguna de las inolvidables interviews que tuvo la oportunidad de hacerle, primero  en 1963, cuando le entrevistó por vez primera para la Radio Francesa, y luego en los años ochenta, la que en 1983, sostuvo con él en su departamento de dos habitaciones de la Calle Maipú 994, de Buenos Aires y que es clave en la reconstrucción Borges en su casa que hoy constituye un documento de un valor excepcional para el conocimiento de este autor imprescindible. 

El volumen, con enorme astucia, se abre con un poema titulado, Borges o la casa de juguetes, en el que el juguete es la literatura…

“Yo soy un viejo anarquista spenceriano y creo que el Estado es un mal, pero por el momento es un mal necesario. Si yo fuera dictador renunciaría a mi cargo y volvería a mi modestísima literatura, porque no tengo ninguna solución que ofrecer. Yo soy una persona desconcertada, descorazonada, como todos mis paisanos”. (Buenos Aires, junio de 1981).

Resulta paradójico que se encuentren en un libro dos autores tan contrapuestos en lo literario, entre los que existen “abismales diferencias de vocación y personalidad” como Vargas Llosa y Borges, pues a Borges no le interesó la realidad-real, ni la novela, ni la política, ni la fama, prefirió el relato, el cuento, el ensayo, la poesía, el comentario literario.

 Entre las cosas que no le interesaban se incluye el dinero, desdén este último en su justa medida, porque “en qué otra cosa puede pensar un mendigo si no en el dinero o en la comida. Si usted es muy pobre tiene que pensar en dinero. Una persona rica puede pensar en otra cosa, pero un pobre, no. De igual modo que un enfermo solo puede pensar en salud. Uno piensa en lo que le falta, no en lo que tiene”.

Mientras que Vargas Llosa se siente seducido por la novela y poco por la poesía, le atrae la política –llegó a ser candidato a la presidencia del Perú–, lo que le sitúa en el anverso  borgiano, pero eso o impidió que manifestara en varias ocasiones su admiración por el escritor argentino, por su mundo literario, su deslumbrante uso del español y su asombrosa inteligencia. 

Además, hay muchas cosas que les une, por un lado su pasión por la literatura,  por otro su búsqueda de la verdad y la mutua aversión por los nacionalismos, que no son sino “un anacronismo fundamental, un regreso a la tribu”. 

Borges y Vargas Llosa juntos, unos de los autores hispanoamericanos de mayor proyección universal.

 

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