Homenaje

Luis Ramiro Beltrán, un comunicador imprescindible

El 11 de febrero Beltrán hubiese cumplido 90 años. El compromiso por su modelo comunicacional hoy resulta esencial para aplicar y entender una comunicación dialógica.
domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:00

José Luis Aguirre Alvis  Comunicador Social

El  11 de febrero, el comunicador y teórico boliviano de la comunicación , Luis Ramiro Beltrán Salmón hubiese cumplido 90 años. El tiempo va transcurriendo desde su partida, en julio de 2015, pero las constantes de su pensamiento y estilo de comprender la comunicación no sólo son perennes sino altamente necesarias.

Único representante boliviano  en la Escuela Crítica de la Comunicación de América Latina, contribuyó en el esfuerzo de reposicionamiento del hecho comunicacional hacia miradas altamente éticas y comprometidas con el cambio de relaciones de inequidad y desigualdad. Su aporte  sigue iluminando hoy la comprensión de la comunicación humana así como la misma formación de los comunicadores sociales. 

Las iguales oportunidades de ejercicio de la palabra,  que se sintetizan en su histórico planteo por una comunicación de sentido horizontal, cobran renovada vitalidad, más aun en escenarios de evidente empobrecimiento de relaciones de base dialógica en nuestras sociedades. 

Sobre el diálogo, uno de los aspectos centrales de su atención y curiosidad analítica, se mantiene su definición donde priman cualidades como las de ver en el encuentro entre personas la oportunidad de establecer formas de relación e intercambio humano éticamente equitativo. 

Allí, el peso de la palabra desde la expresión libre de los interlocutores tiene el mismo valor, dejándose de lado la clásica experiencia y dominio de un emisor sobre la voluntad y sentido simbólico de un sujeto asumido como su receptor. Aquí ambos son intercomunicantes, interlocutores, sujetos con iguales necesidades, así como seres dotados de un mundo de experiencias capaces de enriquecer la capacidad de un otro. 

Nadie es voz única ni privilegiada, nadie es   sujeto recipiente o pasivo actor consumidor de contenidos ni menos de propaganda, sino se impulsa la libre y democrática expresión que hace lo común en relación con otro equivalente, desde la cual traslucen sus valores, sus estilos de concepción de vida, así como se reconocen y respetan sus canales y formas de expresión propias. 

Pero, por otro lado, la comunicación como interdiálogo transformador, que tiene como punto de partida el encuentro humano, asume su verdadero sentido histórico, cual es la capacidad de transformación del entorno, y en él de hacer posible una comunicación democrática que a su vez democratice las múltiples relaciones que se dan en una comunidad.

La óptica beltranista y el compromiso por su modelo comunicacional, beltraniano, resultan esenciales además porque nos desplazan de la idea instrumental, unidireccional y persuasiva tanto del uso de los medios de difusión, así como de la misma idea de que los medios están ajenos de la realidad social y política. 

Más bien la comunicación humana como proceso, así como la posibilidad de insertar sentidos dialógicos y voluntades de encuentro incluso en los mismos espacios tecnológicos, por más sofisticados que estos sean, invita a no confundir entre la acción informativa unilateral por naturaleza, con aquella construcción mutua de sentidos que se posibilita gracias al diálogo y la participación, elementos sine qua non del pensamiento beltraniano.

Políticas nacionales de la comunicación, investigación de la comunicación social con sentido de identidad propia y acción transformadora, el vínculo de comunicación con el desarrollo social, la correspondencia entre comunicación y el desarrollo social, el valor de las formas tradicionales y precoloniales de la misma comunicación propias de América Latina, entre otras dimensiones, son aportes de Beltrán que renuevan la agenda del trabajo, y compromiso de los comunicadores. 

Todos estos elementos, junto a la invitación a ser auténticos así como humildes en el ejercicio de la profesión, son el llamado que resulta necesario en todo tiempo y latitud, pues todos somos producto de la palabra, constructores desde ella de nuestro propio ser gracias al encuentro con un otro, y sobre todo con ella somos humanamente responsables del cuidado, abrigo y aspiración de justicia en la vida del otro.

 No por intenciones de sujeción, y menos paternalismo, sino porque en la experiencia dual del diálogo por el reconocimiento cariñoso del otro también este nos retribuye este mismo sentido de libertad y liberación a nosotros. 

Solamente dando espacio justo y equitativo al otro es que podemos decir que experimentamos la comunicación y que somos operadores de la comunicación social. Muchas gracias, querido doctor Beltrán, por su legado, y por hacernos comprender nuestro sentido profesional y humano, los que pueden resumirse en la capacidad de ser servidores desde la palabra.

 

 

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