Knives out: la información como bomba de tiempo

Lo maravilloso de este filme es que su director y guionista, Rian Johnson, logra darle algo refrescante y novedoso a las historias tipo Agatha Christie.
domingo, 23 de febrero de 2020 · 00:00

Adrián Nieve Escritor

El otro día fui a ver una película maravillosa: 1917, de Sam Mendes, y con ella recordé que lo más genial de ver una película en una sala de cine es estar rodeado de emociones. No lo digo solamente por esa película, que en general es muy emocionante, sino por la experiencia en sí: estar sentado en una sala de cine te saca de tu habitual Smart TV con Netflix, o te aleja de tu casera con sus bolsas de DVD, y a cambio te da una pantalla enorme, sonido poderoso y pipocas no quemadas. 

Pero también pagas mucho dinero para rodearte de un pequeño infierno: los otros. Esos desgraciados con sus toses, murmullos, cabezotas y celulares encendidos que te arruinan la película. Sí, esos malditos, hay que admitirlo nomás y luego darse cuenta que uno también es el infierno para los demás y que los ruidos molestos no son lo único que podemos llevar a una sala de cine.

En la luminosa oscuridad de la sala, después de habernos tragado un par de ruidos, llegan a nuestros oídos suspiros de sorpresa, respiraciones entrecortadas por bostezos, risas y/o los ocasionales gemidos del llanto. Lo que sucede en la pantalla genera algo en los demás, algo parecido o no a lo que te sucede a ti mientras miras la misma película que ellos. A veces ríes cuando lloran, otras bostezas cuando ríen, o callas cuando callan y, algunas veces, te rodean llantos tan diferentes al tuyo, pero causados por la misma pantalla. 

Y eso es algo que suelen olvidar los más herméticos cinéfilos: lo rico de todo un cine aplaudiendo cuando Thanos aparece en Infinity war, que es tan hermoso como tener la sala para vos solito en el estreno de Inglourious basterds. Créanme. 

Por eso creo que lo único que me frustró de ver la nueva película de Rian Johnson, Knives out, fue no haberla visto en el cine. Porque es una película tan emocionante, que me habría gustado poder vivir mi emoción, sintiendo a la vez las mil y un reacciones del público a mí alrededor. 

Protagonizada por Ana de Armas y Daniel Craig, en Knives out muere en circunstancias misteriosas Harlan Thrombey, interpretado por Christopher Plummer, el patriarca de una familia jailona camachista y millonaria. Será la tarea del famoso detective oriundo del sur de Estados Unidos, Benoit Blanc, mirar más allá de lo obvio para capturar al asesino de dicho patriarca. 

Hasta ahí suena a que Knives out es otra película más de “¿Quién-es-el-asesino?”, pero lo maravilloso de este filme es que su director y guionista Rian Johnson logra darle algo refrescante y novedoso a las historias tipo Agatha Christie. 

Tras el fiasco de intentar innovar el universo de Star Wars y chocarse contra productores cobardes y fans extremadamente cerrados, Johnson por fin tiene un filme donde puede explayarse con todas sus ideas, las más simples y las más complejas, para crear una película emocionante de principio a fin. 

No solo eso, Knives out demuestra que un género tan masticado como el del “¿Quién-es-el-asesino?” puede volverse en algo novedoso y refrescante cuando se amplía la perspectiva.

Porque esas pelis de misterio y asesinatos –y esas novelas de Agatha– son geniales, pero hay un punto en que debes obsesionarte con ellas si quieres seguir mirándolas con la misma sorpresa y pasión que siempre. De hecho, hay un momento en que solo la gente fanática de los rompecabezas lógicos sigue este tipo de producciones.

 Pero Johnson hace una apuesta interesante: formula un misterio complejo y lleno de pequeños detalles, pero casi inmediatamente lo resuelve para su público. Sí, nosotros ya lo sabemos casi todo y eso nos permite preocuparnos de otras cosas. 

Todavía quedan dudas y misterios que nos mantienen enganchados, pero tenemos tanta información que podemos dedicarnos a compenetrar con los personajes, sus motivos, sus creencias, sus defectos.

Knivesout nos llena de información y se divierte con la manera en que la entrega, logrando así que generemos un vínculo tanto con el contexto de los personajes, como con los personajes en sí. O sea, nos importan, nos indignan y, lo mejor de todo, el misterio deja de ser un tema de lógica y adquiere una dimensión emocional.

Mientras tanto, la información de la trama sigue llegando, para hacerse sentir como una bomba de tiempo que pronto estallará en nuestras caras y en las de todos los personajes.

Pero lo cierto es que películas como Knives out no suelen llenar salas de cines bolivianos. Películas así pasan una o dos semanas en cartelera, con casi todos los horarios con funciones dobladas y los más nocturnos reservados para las únicas dos funciones subtituladas disponibles. 

Y cuando quieras descubrir por qué pasa eso, ahí estará el verdadero misterio. Los del cine (cualquier cine) primero le echarán la culpa al analfabetismo de la gente, luego le pasarán la bolita a los de la distribuidora de películas, quienes evitarán darte respuestas para que, al fin, decirte que en realidad, todo es culpa del dinero y de un público que no va al cine a emocionarse, sino a adormilarse con una película convenientemente doblada, para “ver” sin perderse nada mientras revisan el WhatsApp cada que suena en la luminosa oscuridad de la sala. 

Sí, bueno, el infierno no es la mirada de los otros. El infierno son los otros. 

En resumen: Knives out es una película llena de giros emocionantes y excelentes actuaciones de un elenco de gente muy famosa que te mantienen con los ojos pegados a la pantalla, mientras una trama muy bien pensada se desarrolla a un ritmo vertiginoso, dándole nuevos aires a un género del misterio que se había vuelto muy predecible, incluso osando darle un poco de profundidad con uno que otro comentario social en una película que juega con tus expectativas y lo hace bien.