Contante y sonante

El año del músculo

”El sapiens no tiene en la vida, como animal, propósito alguno. Todo propósito es ficción y buen deseo, o malo, según la clase de sapiens que le toque a la gente...”
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Óscar García Músico y poeta

Año 2032, ciudad de Potosí, en los tejados de las iglesias parece que anda el alma de un folclorista cuya formación muscular lo convirtió en un famoso, que no talentoso, cantante de morenadas cuyo texto trabajado con ahínco y detalle dejaba entrever siempre o un calzón o una historia de traición, despecho y la redención con una caja de cerveza sin marca, para evitar el codiciado placing en las producciones de arte, perdón, de entretenimiento.

 No es lo mismo. En ambas hay distintos propósitos. Es más, en el segundo caso suele a veces, cuando se trata de arte conceptual, no haber propósito alguno y no debe ser motivo para la molestia o el ataque compulsivo de puristas en estado de incubación de un virus que interviene en el cerebro y causa idiotez súbita y perenne. No olvidar, apunta el autor de algún lúcido capítulo de un libro cargado de certezas, que el sapiens, no tiene en la vida, como animal, propósito alguno. Todo propósito es ficción y buen deseo, o malo, según la clase de sapiens que le toque a la gente en el camino a la nada.

En el año mencionado, el folclore se volvió un alto y blanqueado asunto de lo que se vino a denominar extractivismo cultural, neo colonialismo, auto vampirismo cultural, sanguijueculturalismo. Sus características, a más de requerir en sus hacedores más músculo que formación en las artes, más marketing que trabajo, más publicidad y presencia en redes que algo que se parezca a una obra. 

La globalización en el año citado parece haber cumplido su objetivo. Se globaliza solo de una manera unilateral. La cultura dominante globaliza a las dominadas pero como una labor tierna y humanitaria, les hace creer que tienen derecho a rasgos locales. El resultado es casi comedia, casi ridículo, casi pop, casi Carmen Miranda en manufactura china. Pero pleno de músculo y silicona.

Un buen día, en medio de la filmación de un clip con la participación de modelos disfrazados de vicuñas y de incas, modelos, por cierto provenientes de otras latitudes, a la directora turca se le ocurrió que debiera haber una escena en la que uno de los participantes tome de la pierna a una incauta extra local, y se la muerda. Como es de costumbre en producciones de este tipo, la escena debió repetirse unas 24 veces razón por la cual, a la señorita, además de su dignidad, perdió el músculo del lado interno de la pierna derecha. Ahora el modelo cursa una carrera de antropolgía cultural en una olvidada cárcel del país del olvido y la extra porta una pierna extraordinaria y la otra ordinaria. La Turca es ministra de asuntos de género y le va tan bien, que ya acumuló 14 medallas al mérito por su labor en causas justas.

En el mismo año se consolidaron oficios tan necesarios como influenciadores, artistas famosos y enriquecidos en su nuevo oficio de denunciadores de fascismo, ultraderechismo, sojuzgamientos, abusos contra grupos vulnerables, etcétera. Todo, por supuesto, con el auspicio de la banca, de las gaseosas, del Papa, de las farmacéuticas, de las fábricas de armas, de la minería, de los jeques. El sistema no va a perder la oportunidad de aprovechar los instintos aprovechadores de personalidades del arte y el entretenimiento para lograr reconocimiento y lucrar con las causas. El sistema necesita de las causas, las causas necesitan del sistema y entre ambas, causa y sistema, ponen al frente a visibilizadas gentes que cantan, que pintan, que hacen películas, que escriben, que viven gracias a la baba de otras gentes. 

Nada que hacer salvo resistir. Aunque es también una causa. Una voluntad. Un deseo genuino en lo seres que se han dedicado a hurgar en las páginas de todos los posibles textos que versan de todo un poco. 

De la historia construida en ficciones, de la otra, la que está hecha de hechos minúsculos, de días accidentados, de amores truncos, de imaginación, de trastatarabuelos que hicieron posible, cinco generaciones después, tu inevitable despertar, al alba y ojalá, a las ventanas abiertas que dejen entrever luz, una rama de un árbol, pájaros, todas las mentiras y una verdad, así sea la de la milanesa.

 

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