Filosofía

Los Cuadernos de Cioran y ese derrotismo boliviano

El autor visita los Cuadernos del pensador rumano Emil Cioran, muerto en París en 1995, a propósito de la reciente traducción de la obra al castellano.
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Jorge Patiño Sarcinelli Matemático y escritor

Se ha publicado en enero último la traducción al castellano de los Cuadernos del pensador rumano Emil Cioran, muerto en París en 1995. Estos cuadernos, que él tenía siempre a mano, y de los cuales completó 34, todos iguales, contenían reflexiones que  hizo entre 1957 y 1972 sobre temas diversos. Su viuda, Simone Boué, los reunió para su publicación en el francés original en 1997.  

El  libro de mil páginas, cuyas entradas –cinco a diez por página– no tienen plan ni coherencia, y no obedecen a otro orden que el cronológico, plantea varias opciones de lectura. Dada la calidad del pensamiento de Cioran, todas son buenas, pero quizá los resultados sean distintos. 

Mientras analizo opciones de lectura, como el objeto de este artículo, más que resumir el libro o explicar a Cioran, quiero compartir algo del libro: voy citando para gusto del lector.  

“Desde hace años busco una definición de la tristeza. Espero no encontrarla jamás”. 

La opción obvia para leer este libro es seguir el orden cronológico, pero tiene la desventaja de que llega a su fin obvio con la última reflexión. También se lo puede leer eligiendo frases al azar, jugando a la tunkuña, sin una secuencia establecida de antemano; quizá unas cuantas frases cada día, como quien lee la Biblia. Así no se está nunca seguro de haber terminado de leerlo.

“El escepticismo es casi el punto central de mis interrogantes. Quien quiera escribir algo sobre mí debe analizar la función que este cumple en el conjunto de mis preocupaciones”. 

Escribo aquí algo sobre Cioran, es evidente, pero es tan poco que me excuso de hacer un análisis de ese “conjunto”, como pide él, ya que mi objetivo es solo motivar la lectura de estos Cuadernos. 

“Cualquier verdad es insoportable”.

A medida que uno lee estas reflexiones, cualquiera que sea el orden, va emergiendo una imagen de Cioran; es decir, de su pensamiento. No podría ser de otra manera. ¿Es esta imagen un esbozo fugaz que uno va completando a medida que lee y que podría cuajar después de haber leído mil o dos mil pensamientos? ¿O esa imagen es una ilusión, una falsa aproximación que nos fabricamos partiendo de prejuicios que no somos capaces de eliminar antes de iniciar la lectura? 

“Habría que acostumbrarse a la idea de que no ganamos nada con vivir ni, por otra parte, con morir. A partir de esa certeza podríamos organizar decentemente nuestra existencia”.

Es posible que esa imagen de Cioran cambie incluso si, después de haber leído todo, aleatoria u ordenadamente, seguimos leyendo, ya que unos pensamientos cobran nuevos sentidos cuando son leídos después de otros. Como este efecto obedece al orden elegido, se abre la posibilidad de infinitas lecturas que convergen en imágenes distintas de Cioran, todas aproximaciones más o menos buenas de un Cioran fugitivo que solo existe para el lector.

“No vale la pena matarse porque uno se mata siempre demasiado tarde”.

Leyendo estos Cuadernos, he tropezado con pensamientos preciosos, pero no he tenido el cuidado de anotar la páginas, y ahora están perdidos entre los otros diez mil, como una aguja en un pajar, con la diferencia de que quien busca una aguja en un pajar, hasta llegar a ella solo encuentra paja; mientras que quien se propone buscar en este libro un pensamiento perdido, solo encuentra agujas.

“La tristeza no es una desgracia extrema sino una desgracia constante”.

Uno de los temas recurrentes en estos Cuadernos es la derrota. La celebración filosófica de la derrota lo acerca a cierto espíritu boliviano derrotista, a veces caricaturizado como reacio a la victoria. Tal vez sea una incomprendida timidez colla de no presumir de éxito ni fortuna.

“La derrota, siempre esencial, nos devuelve a nosotros mismos. Ella permite vernos como nos ve Dios, mientras que el éxito nos aleja de lo que hay de más íntimo en nosotros”.

“Toda mi vida he abrazado causas perdidas, no por premeditación, sino por necesidad secreta de sufrir, por gusto inconsciente por el fracaso”.

“Cuando me gusta alguien casi siempre es por sus derrotas, y solo a veces por sus éxitos”.

La derrota permite vernos como nos ve Dios, me gusta le gente por sus derrotas, dice Cioran; visión sublime de las virtudes de la derrota. Los bolivianos, que tienen vocación paraella, no han cultivado su culto. Cioran nos lo muestra posible.

La frases de los Cuadernos no tienen contexto. Cada una se vale por sí misma y nosotros somos libres de darles el sentido justo. Ni el propio Cioran podría discutirnos. ¿Cómo podría, si es un pensador contradictorio?

“Tengo respecto a todas las cosas al menos dos puntos divergentes”.

Cioran no es derrotista ni pesimista. Tiene un sentido irónico de la derrota y de la poca importancia de las victorias. Aquellos bolivianos amantes de la derrota deberían haber cultivado más esta actitud poética, pero, consecuentes con sus amores, son derrotistas incluso ante la derrota.

“La verdadera elegancia moral es el arte de disfrazar las victorias como derrotas”.

Encuentro el aforisma A, que dice algo similar al aforisma B. Algo me dice que debe haber un aforisma C  que complete la idea. ¿Hay cómo encontrarlo? Podría estar en cualquier lugar o no existir. Cada secuencia de lectura lleva a un desenlace distinto.

“Nunca hay que estar de acuerdo con la multitud, aunque tenga razón”. 

“No creo que haya placer más completo que pisotear lo que se ha adorado”. 

“Solo se ama realmente a un amigo cuando ha muerto”.

Lo ideal para apreciar estos Cuadernos sería leerlos sin saber nada de Cioran antes de iniciar su lectura. Esto evidentemente es imposible para los que ya sabían de su obra. Lo siguiente mejor es tratar de olvidar todo lo que se sabe sobre él, y comenzar a construir una imagen a partir de la lectura, como un collage, como fichas para armar.

Cioran no les teme a las afirmaciones maximalistas, ni a las contradictorias. Cree en dioses, pero no es religioso, y es profundamente religioso, pero no cree en Dios. Ambas aserciones son verdaderas. 

“En algunos momentos puedo dirigirme a Dios sin creer realmente en él”.

“Solo me gustan las religiones que han superado la idea de Dios. Por eso pongo el budismo tan alto”.

“El cielo es la recompensa de aquellos que ya lo han encontrado aquí abajo.”

Cioran es un nihilista. Cioran no se hace ilusiones. Cioran acepta la realidad con todas sus contradicciones. Cioran es profundamente escéptico, ya lo advertimos.

“El escepticismo es la fe de los espíritus volubles”.

“La desesperación es mi estado normal, por eso la soporto tan bien”.

“¿Qué soy yo sino la suma de mis sensaciones evaporadas?”.

¿Qué valor tendrían estos cuadernos si Cioran no hubiese en ellos dejado correr una pluma sincera? Afortunadamente, él no se hace trampas en el solitario. La vida no es más que eso; una derrota sin importancia, consecuencia de un nacimiento que pudo no ser; tal vez debió no ser. “Nacer me parece una calamidad que yo estaría desconsolado de no haber conocido”, dice él en otro libro.

“Mi sentimiento de la vida es destructor de mi vida”.

“No se puede ir más lejos que yo en la percepción del vacío de la vida”.

“Nadie ha cultivado sus defectos con tanta minuciosidad y con tanto empeño como yo”.

He recogido aquí unas pocas citas de los Cuadernos de Cioran. El lector encontrará muchas otras que le parecerán más significativas. No lo dudo. Este libro son muchos libros. Habría que leerlos todos, en cualquier orden. 

 

 

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