Versos

Momentos poéticos en Gumucio Dagron

Poeta de papel es un “singular poemario que canta la cotidianidad y adversidades de la vida del autor; canta los espacios recorridos, las situaciones y las emociones”.
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Adolfo Cáceres Romero Escritor

 

“Todo poema se cumple a expensas del poeta”.
        Octavio Paz

Sea en verso o en prosa, Alfonso Gumucio Dagron es un auténtico poeta, además de apasionado cineasta. Si bien en su poesía y en sus cuentos trata de alejarse de los elementos retóricos, los tropos y figuras surgen de manera natural en su afán de transfigurar los temas en varios de sus poemas y sus cuentos, recordándonos a Eduardo Mitre en las dos primeras partes de Morada (1975): Juegos de la luz y Confirmaciones y penurias.

 Asimismo, van por el mismo camino Pedro Shimose, especialmente con sus Reflexiones maquiavélicas (1980) y sus medallones poéticos de Bolero de Caballería (1985); también se hallan próximos a los cantos de Voz mínima, de Edmundo Camargo, que están en Del tiempo de la muerte (1964).  

Comparando los versos de Sentímetros (1990) y Poeta de papel (2016), a pesar del largo camino recorrido, Gumucio se mantiene fiel sus parámetros estéticos. En Sentímetros su poema Poeta de papel dice:

Soy prisionero de este cuadrilátero
   vertical de nieve, 
   podría quizás escapar
   estirando este mismo verso hasta el margen
   pero no, para qué decapitar
   la última palabra
   en el filo del abismo,
   de esta cárcel sin muros
   no puede huir
   un triste poeta de papel
26 años después, ese “triste poeta de papel” vuelve cargado de un centenar de poemas, con ilustraciones de prestigiosos artistas.

Poeta de papel, entonces, es un singular poemario que canta la cotidianidad y adversidades de la vida del autor; canta los espacios recorridos, las situaciones, las emociones y los personajes que conoció en su trajinar por el mundo. Así, de pronto, lo sorprendemos en un autobús, con un libro “incómodo” del que quiere desprenderse, pero no se deja dejar. ¡Vaya! ¡Qué bien escribe este poeta de papel! ¿Para quién escribe este poeta de papel? Para mí, dice y también lo reitera:

   Claro que escribo para mí
   quizás para conocer quién soy
   quizás para preguntarle a mi sombra
   sin duda para saber quién era
   cuando sea
   el que no quiero ser

 Shimose tiene una motivación similar al abrir sus Reflexiones maquiavélicas (1980), cuando dice:
   Este poema
   forma parte de un libro
   del cual se tirarán
   500 ejemplares.
   De esos 500 ejemplares
   se regalarán 50,
de los cuales 
se leerán 5,
de los cuales
sólo 1
será comprendido.

Vale la pena 

 Maestro de las paradojas y los retruécanos, Gumucio Dagron juega con las palabras con sabiduría. No es un poeta lírico. No necesita serlo. Su sensibilidad va más allá de la simple expresión de sus sentimientos. Tiene palabras impregnadas de alucinaciones y visiones singulares en las cosas de este mundo. Elabora versos sencillos, directos, sin elementos superfluos, sin grandes decorados descriptivos, como las imágenes artificiosas o las rimas. Tiene el don crear situaciones particularmente conectadas con su visión crítica de la realidad. 

Gumucio es un poeta comprometido con su tiempo y espacio históricos. Entonces, nos habla de Guantánamo: Sin juicio, sin condena y sin espejo. Nos habla del costo de vida, al estilo de Benedetti, donde: 

   Vivir cuesta demasiado cuesta arriba
   y no es cuestión de poesía
   no es metáfora de papel
   es arte de sobrevivencia
  Y Mario Benedetti advierte en La crisis:
   Viene la crisis
   ojo
   guardabajo
   un pan te costará como tres panes
   tres panes costarán como tres hijos
   y qué barbaridad
   todos iremos
   a las nubes en busca de un profeta
   que nos hable de paz
   como quien lava.

 Gumucio también nos habla de la ciudad sin alma, donde salta un retruécano perfecto:
Unos la miran desde el cielo
   y yo los miro desde el suelo
   esta ciudad de aceras rotas
   aguas oscuras malolientes
   apagada en sombras no queridas
   saturada de muros ciegos
   celdas de ladrillo

 Luego nos habla del futuro donde: No habrá más amor/ a los muertos sin amor: nos habla de los políticos, a quienes les dice: Gocen golosos y ostentosos/ las mieles pegajosas del poder. 

También nos habla de una “partida de fin de año”, homenaje póstumo a la memoria de Marcelo Quiroga Santa Cruz, que comienza con: 
   La ventana de la tarde filtra el sol indiferente
   un vendedor de pasanqalla estaciona su carrito
   suenan redobles de tambores
   la banda de los Colorados inicia una marcha fúnebre
   que no es para Cristina cristalina de cuerpo presente
   es para un general desconocido
   que no quiero conocer
   los compases marcan la ironía
   los militares desaparecen
   y desaparecen también
   pero no como Marcelo que no tiene huesos propios
   que no tiene respiro en su exilio de sombra
   pero está allí acompañado
   mientras escarbamos la fragmentada memoria…

 Marcado por dos dictadores (Banzer y García Meza) Alfonso Gumucio tuvo que salir del país como exiliado; se hizo ciudadano del mundo recorriendo más de 80 naciones, en Europa, Asia, África y América. Entonces, también estudió en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC); tomó cursos con el equipo de las revistas Cahiers du Cinema y Cinethique en la Facultad de Vincennes, asimismo, con el gran cineasta Jean Rouch, en la Universidad de Nantes y con el historiador Mac Ferro, en la Escuela Práctica de Altos Estudios, obteniendo una formación de lujo. 

Y no sólo eso,  también ha sido consultor de numerosos organismos internacionales, fundaciones y  agencias de Naciones Unidas. En tal circunstancia, algunos de sus poemas indican la fecha y el lugar donde fueron compuestos.