Educación

Pensar la investigación hacia el futuro

En su análisis del estado de la labor académica en Bolivia, la autora destaca al PIEB, al CIS y a la Biblioteca del Bicentenario como ejemplos exitosos.
domingo, 1 de marzo de 2020 · 00:00

Rossana Barragán
Exdocente de la UMSA, PIEB. Investigadora
 

Nadie duda de la importancia de las investigaciones que permiten, desde nuevos tratamientos médicos hasta programas computacionales, desde innovaciones tecnológicas hasta nuevas teorías sobre el universo, o a reflexiones sobre la complejidad social.

La “creación” e “invención” que implica toda investigación no es resultado de “momentos” de iluminación. Es producto de espacios de lectura, reunión y sistematización de materiales sobre un tema y problemática. En otras palabras, la investigación puede ser mucho más “rutinaria”, exigiendo tiempo, dedicación y continuidad. Igualmente importante resulta una formación.

La educación: ¿de mal en peor?

Después de décadas de reformas educativas, no existen indicios de mejoras sustanciales y en muchos casos parece haber retrocedido. Lo que persiste es la repetición memorizante y la enseñanza dirigida más bien a aniquilar la curiosidad y las iniciativas de aprender a pensar e indagar. Todo docente universitario constata que, con excepciones, muchos de los estudiantes no pueden escribir bien un párrafo y no logran desarrollar un tema con cierta rigurosidad. Los trabajos más frecuentes son los que han recurrido a “copiar”, “cortar”, “pegar” y “mezclar” diversos documentos de internet.  

Si hay  plagios  es porque no se ha aprendido a presentar un trabajo “autónomo”, situación que difícilmente puede solucionarse en un semestre universitario. Los plagios tienen también la complicidad de profesores que tanto en los colegios como en las universidades, apenas leen los trabajos de sus alumnos, en parte porque no tienen el tiempo necesario.

Profesores y docentes antes que investigadores

En general, las universidades otorgan a la investigación un lugar secundario.  Existen, además, profesores de planta con todos los derechos, lo que convierte a sus ítems en muy codiciados, pero también innumerables profesores contratados con trabajos precarios y remunerados por horas/aula.  El salario por materia es mucho más alto en las universidades públicas como la UMSA que en la propia U. Católica, considerada pública, aunque sus estudiantes pagan mensualidades. Un profesor recibe de salario menos de lo que paga un solo estudiante. ¡Gran negocio! En estas circunstancias, los profesores se convierten en “repetidores”.  

La investigación, cuando existe, consiste, en el mejor de los casos, en una dedicación de pocas horas: 8 por semana o 32 al mes, puede considerarse un “privilegio” durante un semestre.  En otras palabras, las condiciones que se necesitan para la investigación como la dedicación, la persistencia y la continuidad a través del tiempo, son inexistentes. En estas condiciones resulta más bien admirable que aún se tengan pocos pero excelentes investigadores.

 

Áreas sociales y culturales    

Existen otros centros con pequeños espacios de investigación: desde museos hasta bibliotecas y fundaciones. El mayor problema que enfrentan es el de sus “continuidades y discontinuidades”. Hay continuidades que pueden ser nefastas. Sus directores pueden estar 20 o diez años, habiendo sido “puestos” a dedo, sin concurso y sin ninguna evaluación real de su gestión (a diferencia de la UMSA donde no se admite una gestión de más de 6 años). En otros casos, las discontinuidades pueden ser negativas porque responden a cambios de “los vientos políticos”. Es fundamental, por tanto, la existencia de concursos de méritos y de evaluaciones independientes tanto de propuestas como de gestiones.

  
Del PIEB  al CIS  

La escasa importancia de las investigaciones en el país explica la crucial importancia del Programa de Investigaciones Estratégicas en Bolivia que auspició al menos 331 investigaciones sociales y a 1.227 investigadores. Fue una “apuesta inédita” basada en “investigar formando, formar investigando” que se llevó a cabo gracias al financiamiento de los Países Bajos, y gracias a sus directivos. Llenó un vacío en la formación en investigación, proporcionando apoyo a las diez universidades públicas del país. El PIEB publicó su Revista T’inkazos desde 1998 hasta el 2016, innumerables libros, resultados de investigaciones, pero también textos metodológicos de amplia difusión.

Existe mucho del PIEB en el CIS (Centro de Investigaciones Sociales) y la Biblioteca del Bicentenario dependientes de la Vicepresidencia. El secretario ejecutivo del PIEB, Godofredo Sandóval, participó en el Comité Editorial de la BBB y Ximena Soruco, que fue parte del PIEB, estuvo luego en el CIS. El CIS realizó sus propias investigaciones pero llamó también a varias convocatorias públicas.  Sus publicaciones, de alta calidad, son una importante expresión de sus actividades, con temas y autores diversos, y con precios muy accesibles que permiten una amplia difusión. Fundamental también fue el Proyecto de la Biblioteca del Bicentenario que eligió 200 obras a ser publicadas, elección que estuvo a cargo de un equipo plural tanto de formación (literatos, historiadores, politólogos, escritores) como de posiciones políticas.  Cada libro presentaba además un importante estudio introductorio. 

La experiencia del PIEB revela que un importante proyecto puede llegar a su fin por la falta de recursos.  Es lo que hoy acecha, de una y otra manera, al CIS y a la Biblioteca del Bicentenario. Sería lamentable que uno de los proyectos editoriales más importantes del país vaya muriendo porque le quiten, paulatinamente, las condiciones que tenía. Esto nos lleva a replantear, otra vez, el lugar de las investigaciones.

Francia y España tienen un sistema de investigación en todas las áreas, también  Colombia, Argentina y México. Es tiempo de pensar en un sistema nacional y plural de investigadores, pequeño pero permanente, independiente de los avatares de las olas políticas pero respetuoso de los méritos y las evaluaciones. Es tiempo que la educación se base en la investigación para que las futuras generaciones puedan estar en mejores condiciones que las actuales.  Sin investigación no puede haber mejor futuro.

 

 

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