Aullidos de la calle

La fragilidad de lo salvaje

Sauvage es considerado el debut más salvaje del cine francés reciente. La película ha sido premiada en Cannes y nominada a la Mejor Ópera Prima en los Premios César.
domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:00

Mónica Heinrich V. Reseñista y cinéfila de corazón

Cuando al cineasta francés Camille Vidal-Naquet se le preguntó en una entrevista cómo filmó o afrontó las escenas de sexo en Sauvage, él simplemente respondió “como cualquier otra escena de la película”.

Sauvage, o Salvaje en español, es brutal por esa falta de “poetización” del sexo o del oficio de la prostitución masculina, Vidal-Naquet no utilizó slow motions (cámara lenta) o hermosos planos para retratar las múltiples actividades sexuales de su protagonista Leó, un prostituto de apenas 22 años. 

La mirada del director es menos sutil, y también bastante gráfica. ¡Pornografía! gritarán los que no pueden ver una teta en pantalla gigante, pero Salvaje está planteada para que uno como espectador sienta cierta verdad, una verdad que a veces es difícil encontrar en la pantalla de cine.

Leó (Felix Maritaud) transita en la pantalla dentro de la cotidianidad de París. Esa misma París que es sinónimo de cultura, de romance, de arte, es el escenario de barrios decadentes, de paradas de chicos que cobran 20 euros por sexo oral y hasta 50 euros por la penetración. 

En esta otra París que no es turística ni instagrameable, Leó ejerce la prostitución y a la vez parece disfrutarla. No lo hace como otros de sus compañeros solo por la necesidad económica, él sinceramente se deja llevar, trata de complacer, de encontrar algo más en el trámite del sexo pagado. 

Existe una carencia emocional que se intuye desde el inicio de la película, su rostro siempre vulnerable. También lo percibimos en su enamoramiento por Ahd (Eric Bernard), una relación tóxica como todas las que Leó cultiva y se siente enla actitud casi aniñada con la que se maneja en la calle. El lado salvaje de Leó está escondido, pero siempre presente.

Mientras la película avanza, el guion (también de Vidal Naquet) se acerca aún más al abismo al que a Leó le gusta asomarse. La autodestrucción lo llama con una voz tan fuerte que para el espectador este viaje hacia la muerte será desesperante. Dan ganas de meterse dentro de la película y apartarlo de todos los peligros que uno como persona “civilizada” trataría de evitar.

La fotografía del debutante Jacques Girault nunca pone subrayado en las escenas ni intenta lucirse por encima de la historia, es una fotografía de complemento, totalmente al servicio de Leó. Los colores de la película son fríos, no hay belleza en lo que el cineasta francés pone ante nosotros.

Al ser un tema duro, y al tratar de mostrarlo desde una óptica incómoda, es probable que la vida de Leó se sienta algo repetitiva aunque me parece que al acompañarlo en su día a día es normal que lo veamos rebotar de cliente en cliente, sobrepasado por su realidad. 

Una de las escenas más conmovedoras es cuando con la salud resquebrajada decide hacerse un chequeo médico y hay un momento en que Leó tiene una reacción inesperada. Justo en ese instante me encontré murmurando apenada: “Mierda, tiene solo 22 años”. Porque claro, es solo un chico. 

Este tipo de películas pueden ser consideradas oportunistas con su tema, explotadoras de lo turbio, sensacionalistas, pero Vidal-Naquet logra que sea mucho más que eso.

Sauvage ha sido llamado el debut más salvaje del cine francés reciente, también ha sido premiada en Cannes y ha sido nominado a la Mejor Ópera Prima en los Premios César. 

Esta es sin duda una historia no apta para públicos sensibles, pero no en el sentido de esos públicos mojigatos que no soportan ver a dos hombres besarse, o ver culos desnudos, o escenas “fuertes”, es no apta para públicos sensibles de verdad, esos que se quedarán con la imagen del joven Leó, sucio, desaliñado, enfermo, con una situación de vida que ningún chico de 22 años debería estar pasando en un mundo que no es turístico ni instagrameable.

Vidal Naquet nos cuenta esto con un tono casi documental, es una historia sórdida que algunas veces parece que ha perdido la brújula, como con el innecesario personaje violento al que los otros prostitutos huyen y por el que Leó siente una inexplicable atracción, o como la forzada relación con quien termina siendo más que una puerta hacia la redención, una prisión para un espíritu libre.

Quizás nosotros, los que nos sentimos “personas civilizadas”, no lo entenderemos nunca, quizás Vidal Naquet pudo contar lo mismo sin necesidad de que el personaje sea un prostituto gay en la orilla de la vida, quizás Leó está más allá de todo eso. Lo cierto es que el plano final, lo último que veremos del chico de 22 años, nos dejará con ganas de tumbarnos en el pasto, a su lado, y simplemente abrazarlo.