Reseña

El borrador de la historia

El periodista Carlos Decker-Molina reseña el libro La revolución de las pititas. “Despierta los sentidos del lector, con atmósfera y los hechos en su contexto”, sostiene.
domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:00

Carlos Decker Molina Periodista boliviano radicado en Suecia

Las 34 crónicas del libro La revolución de las pititas editado por Página Siete es un documento invalorable, y no lo digo porque yo habito sus páginas en mi calidad de colaborador, sino porque aquí en Suecia lo hemos leídos algunos, entre ellos un latinoamericanista sueco que habla y lee muy bien el español y un periodista de la calidad del director general de Global Reportning.

Tanto Torsten Wetterblad, el experto, como David Isaksson el periodista, estuvieron en Bolivia, el primero fue testigo de las fallidas elecciones del 20-O en tanto que David estuvo meses después. Ambos consideran que el trabajo de Página Siete tiene calidad profesional, “en sus páginas se encuentran protagonistas y contextos”.

Paul Preston es un escritor británico especializado en la historia contemporánea de España, cuando presentó su libro Idealistas bajo las balas, sobre los corresponsales extranjeros que cubrieron la guerra civil de España, como Hemingway, Dos Passos y Goerge Orwell dijo: “No sólo informaban sobre ello (la guerra), sino que reflexionaban sobre las consecuencias del enfrentamiento, un presagio de lo que iba a ser la historia del mundo”.

Por eso me atrevo a decir que el periodismo es el borrador de la historia y el libro de Página Siete es justamente un primer texto de los acontecimientos inmediatos que se volverán historia dentro de unos años, cuando las pasiones se hayan decantado. 

Se transformará entonces en material de consulta y chequeo que facilitará el trabajo del historiador.

Últimamente se sostiene que la crónica debe tener un acercamiento a la literatura. Indudablemente hay un parentesco entre periodismo, literatura e historia, pero, en este caso, prefiero la definición de José Luis Martínez Albertos, que sostiene que la crónica es un híbrido que se encuentra en el medio, entre los informativos y los textos editorializantes. 

Según otros expertos hay 18 tipos de crónica, desde la informativa hasta la desenfadada, pasando por la impresionista y la expresionista. Si aceptamos esa clasificación las crónicas de Página Siete son impresionistas porque despiertan los sentidos del lector, pues describen la atmósfera, colocan el hecho en su contexto, es decir no solo cuentan que incendiaron una casa, sino ubican el hecho en un tejido social y político para permitir que el lector saque sus propias conclusiones. 

En Suecia y el resto de los países nórdicos hay un género literario muy difundido que se llama Nutidshistoria (historia actual o de hoy) que reúne datos y cuenta la historia cercana que, con el tiempo, se puede modificar, pero queda como la primera impresión digital de los hechos. En todo caso es ese híbrido del que habla José Luis Martinez cuando se refiere a la crónica.

No hay que confundir con la forma a la que llegan los grandes periodistas o cronistas fundadores del New Journalism, como Truman Capote, Norman Mailer o el gran Gay Talese, que construía su edificio con cimientos de periodismo (contar un hecho real) edificando el resto del edificio con una argamasa fictiva pero poética. Pienso que La revolución de las pititas está más cerca al nuevo periodismo nacido en los 60 con trabajos como los de Rodolfo Walsh y Tom Wolfe, que es el autor del nombre del género que, en literatura se conoce como testimonio.

Desde la primera a la última página se cumple lo que sostiene Isabel Mercado en el prólogo: “Una tragedia en rigor, cuyos actos fácilmente podrían denominarse de la incredulidad a la indignación; de la indignación a la furia; y de la furia al descalabro”.

Los periodistas inician con la crónica de una muerte política por la vía del suicidio lento, la primera dosis del veneno fue la manipulación de las propias leyes del suicida que terminó con la dosis mortal del fraude. Y, termina no con el epitafio del suicida sino con la esperanza Mandeliana de la reconciliación. Pero, la reconciliación no es perdón religioso, es ser iguales ante la ley. Es la igualdad ciudadana.

El filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han sostiene que “El Otro es constitutivo de la formación de un yo estable”. Y, Bolivia tiene varios Otros (los originarios del occidente y el oriente) Todos hombres o personas que, el ojo, los ve como diferentes, pero ¿por qué van a ser iguales al dueño de la mirada?

La singularidad nacional debe ser desechada, la quisieron imponer en la Bolivia del 20-O con el disfraz de la teoría de la hegemonía.

Isabel Mercado cierra el libro citando a Amalia Anaya y su tesis sobre la interculturalidad, un excelente colofón de un libro que debiera difundirse en el exterior. 

Libros como el Página Siete  existen para combatir la precariedad de la memoria humana, por eso hay quienes quieren quemarlo.

 

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