Obituario

¿Qué hacen los muertos? Retornan a la palabra

“Él recorrió con pie seguro los caminos del amor, los de la alegría por la creación y los dones de la naturaleza”: una despedida a Ernesto Cardenal.
domingo, 8 de marzo de 2020 · 00:00

José Luis Aguirre Alvis
Comunicador Social

El 1 de marzo hemos recibido la infeliz noticia que anunciaba la partida del poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal. Su mano de sensible artista lo convirtió en el poeta latinoamericano de toda una época, aquella de las ansiadas transformaciones sociales, la de los augurios de tipos de sociedades nuevas donde fuera lo humano el horizonte de toda acción revolucionaria y de servicio; y su corazón que latió al ritmo de la condición del ser marginal y empobrecido y mostrando los rostros de tantos miles repartidos en nuestro continente habrán de callarse, pero su poesía y sus ideales serán perennes.

Una vez Jorge Luis  Borges, al referirse a la muerte, se preguntó: “¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad” y ése es el tránsito que seguramente describe los últimos años del monje-poeta de Solentiname, y que fuera Ministro de Cultura del que fue el Gobierno de Reconstrucción de Nicaragua en los años 80. 

Uno pensaría que la vena de la poesía de Cardenal, que  reflejaba directamente la profundidad de su ser, se dirigía a defenestrar dictadores como a Somoza, o que serían arengas contra el imperialismo, o de proclamar odas a lo que fue la revolución sandinista, pues no fue así.  Él recorrió con pie seguro los caminos del amor, los de la alegría por la creación y los dones de la naturaleza, como también retratando rostros imaginarios, o quizás ciertos, de tantas mujeres que le inspiraron acompañando el mismo prolongado recorrido de su poesía matizada de profundos momentos de grito por el ser indoamericano. 

Y claro, todo esto también haciendo ver su opción de vida contemplativa y expresada con poemas hechos diálogo directo con las más finas hebras de la sensibilidad de aquel que se encontraba a través de versos con la transparencia de su ser religioso y poeta. 

Serán célebres, y así colocándolo en camino de lo inmortal, la serie de poemas bajo el título de Salmos, siguen escenas poéticas como las de Tocar el Cielo, Apocalipsis de Solentiname, El Secreto de Machu Picchu, y las que ya serán célebres compilaciones de su obra en Nueva Antología Poética Ernesto Cardenal, y Ernesto Cardenal Poesía Reunida, entre tantas otras. 

Y entre la alianza entre fe, compromiso político y la sensibilidad humana del amor valdrá por siempre tener presente el poema de su conjunto de Epigramas, que dice: “Yo he repartido papeletas clandestinas, gritando: ¡Viva la libertad! En plena calle desafiando a los guardias armados. Yo participé en la rebelión de abril: pero palidezco cuando paso por tu casa y tu sola mirada me hace temblar”.

Pero un lado quizás desconocido de Cardenal fue su aproximación al hecho comunicativo y así el poeta nacido en Granada, Nicaragua, en enero de 1925, dedica en 2017 un poema a La Palabra. Y en parte del texto señala: “Somos palabra en un mundo nacido de la palabra y que existe sólo como hablado. Un secreto de dos amantes en la noche. El firmamento lo anuncia como con letras de neón. Cada noche secreteándose con otra noche. Las personas son palabras. Y así uno no es si no es diálogo. Y así pues todo un es dos o no es. Toda persona es para otra persona, ¡Yo no soy sino tú o si no no soy! Soy Sí. Soy Sí Sí a un tú, a un tú para mí, a un tú para mí. Las personas son diálogo, digo, si no sus palabras no tocarían nada como ondas en el cosmos no captadas por ningún radio, como comunicaciones a planetas deshabitados, o gritar en el vacío lunar o llamar por teléfono a una casa sin nadie. La persona sola no existe. Te repito, mi amor: Yo soy tú y tú eres yo. Yo soy: amor”. 

Ha sido el momento de partida pero no el final de la poesía, y así mismo lo retrataría como en una suerte de epitafio el mismo Cardenal cuando él se pregunta: “Qué hacen los muertos? Retornar a la palabra, a la palabra creadora”.

Se podrá cuestionar cualquier aspecto sobre su opción política, su coherencia inclaudicable con el sentido del ser como verdadero cambio, y que lo llevó a cuestionar al régimen de su país hasta su muerte, pero él seguramente habrá de ser rehabilitado en la magnitud de su figura y voz profética, así como se le devolvieron sus funciones clericales en abril de 2019 cuando el Papa Francisco le reasignaría aquella función sentido de su servicio de la que se lo había alejado debido a su adscripción a la teología de la liberación que profesaba. 

Cardenal, poeta y místico es tiempo de retornar a la palabra.

 

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