Letras

La vida por la ventana

Un ahora que vivir, un pasado que recordar y perdonar, más un futuro que, como nunca, se muestra oscuro e incierto...
viernes, 12 de junio de 2020 · 00:00

Diego  F. Cisneros Merino
Comunicador social

Con aroma de café y tabaco, contempla desde su ventana irrepetibles atardeceres cuidadosamente pintados. Con la ciudad a sus pies, imagina las diversas historias que se entretejen bajo los tejados; viven momentos distintos, tranquilos, alegres, tristes, a veces con desesperada incertidumbre y en medio del dolor.

Emociones diversas como olas de mar, que refrescan la arena o que azotan las rocas con violencia. Cuerdas del alma que vibran con el espíritu o que rasgan el corazón y enturbian la mente. Quienes retozan en la paz de un amor encontrado o rechinan con desgarro sus amores perdidos. Quienes disfrutan de lo logrado, o sufren por lo fracasado. Frente a todos un ahora que vivir, un pasado que recordar y perdonar, más un futuro, que como nunca, se muestra oscuro e incierto.

Los otrora cimientos sembrados sobre rocas de cemento, recubiertos de orgulloso barniz de “modernidad” y “tecnología”, muestran ahora sus peores hilachas. ¿Qué se tiene por seguro, qué se tiene por concreto, en qué sistema médico reposar, en qué juez encontrar verdad, en qué inversión hallar el éxito, en qué uniformado tener defensa, en qué gobernante lograr seguridad, en qué sociedad conseguir la hermandad y en definitiva cómo hallar paz?

La áspera realidad abofetea duro, muestra abatidos hasta los más grandes, ¿quién sobrevivirá al naufragio y quién rescatará incólume sus bienes? Claro como siempre, los avispados que lucran con la desgracia ajena; provocan pronta ira, pero luego, pensándolo detenidamente generan lástima, nadie que se precie de ser humano, podría después disfrutar en compañía de una insomne conciencia. Bien se dice que algunos ya viven el infierno en esta vida.

Otra taza de café y nuevas bocanadas de cigarro, pensando cómo mantenerse a flote, atisbar el horizonte para avizorar tierra dónde atracar el maltrecho barco. Pero la tempestad no amaina y los negros nubarrones presagian mayores desastres y por larga data.

El temor y el pesimismo empiezan a aflorar en desordenadas y a veces histéricas oleadas de comunicaciones. 

La ciencia, la política y la economía no aciertan y se contradicen, lían más que socorrer. La chacota inicial frente a lo desconocido, aventura a la que todos fuimos absorbidos, dejó de ser emocionante, se torna cada día más turbadora, más alarmante y más desgarradora.

Pero ahí mismo, entre el maremágnum, destellan incesantemente luces brillantes y alegres, personas que mantienen una paz y alegría interior que contagia, parecen locos o indolentes, pero de inmediato se descubre en ellos que el dolor no les es ajeno, por el contrario, son los que más sufren y se preocupan por los demás, lo cual, no cubre su alegría de vida, su cálido amor y su gran esperanza.

Son muchos y no son todos, entre sí se reconocen y procuran con delicadeza compartir su tesoro con todos los que puedan, sin excluir a nadie. Su amor es valiente y decidido, no temen enfrentar de cara ni a la muerte, “amiga muerte” le llaman, pues saben que todos tendrán el inexorable encuentro personal y definitivo con ella, pero lejos de pensar en la oscuridad completa, tienen la certeza que una luz amable les espera, brillo eterno, lleno de paz, amor y amistad.

 Cada uno llevará consigo todos sus recuerdos, sueños y proyectos, ahí tendrán todo el tiempo del universo para reconocer y apreciar la historia individual de miles de millones de seres humanos, entablar amistad con cada uno, asombrarse del efecto de los actos individuales, sellados en la historia de quienes los rodearon y precedieron. 

Tendrán infinitos paisajes que conocer, tanto macros como microcosmos de multiversos. Desarrollar infinitos y siempre exitosos proyectos nuevos, según la gran capacidad creativa individual.

En fin, estos dichosos seres humanos, son nada menos que “los hijos de Dios”. Vale la pena, buscar y profundizar amistad con uno de ellos, en realidad se nos debe ir la vida en ello, la felicidad con paz eterna es real, incluso acá en medio de la tormenta. Entonces esperanza grande sí existe, es muy distinto vivir bajo la Gracia de un Rey.

Terminó su café, cerro la ventana y con gran emoción y alivio dijo en voz alta “tierra a la vista y con puerto seguro”, inmediatamente recordó lo que un Padre amigo le recomendó: “…diariamente, cuando hables con Él, dile: “Dejo mi pasado a tu misericordia, el futuro a tu providencia y ayúdame en el presente, que tú sabes que es lo único que tengo, para amarte y amar a los que me regalaste y me acompañan”.

 

 

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