Contante y sonante

Complejo el humo

Todo va a estar prohibido, excepto vivir sin alcanzar la experiencia de la experiencia, sin poder vivir...
viernes, 19 de junio de 2020 · 00:00

Óscar García 
Músico y poeta

Sale a fumar un cigarrillo, respalda su cuerpo contra la pared repleta de escritos y figuras que algún sentido tendrán para alguien. Aspira, sopla el humo, lo observa como tratando de encontrar un patrón en el movimiento. Repite la operación. No encuentra patrón alguno y entonces recuerda que podría hacer la misma operación durante años y no pasaría nada porque el humo es uno de los sistemas más complejos.

 Como el clima, como el tráfico vehicular en la ciudad de El Alto. Como la cabeza de la amada de Zepita, no como la cabeza de Zepita. La amada de Zepita habrá sido compleja y con nombre y apellido por supuesto que eviten la invisibilizadora figura de hacer de una persona estrictamente funcional a otra. 

Como el hijo de Lennon, el chico de la Ghilou, el esposo de la magnate y tantas otras, tantas que se podría llenar de ejemplos la Gran Muralla China, escritos con tiza, en un tamaño respetable de letra como de 12 puntos en arial. Pero sería tan útil como el servicio militar obligatorio en un país como el corazón de América del Sur, en el que a lo mejor sería un acto de genialidad activar de alguna forma el pensamiento crítico y cambiar el tal servicio por la obligatoriedad de plantar un árbol cada día durante un año, escribir un libro, para lo cual sería además obligación aprender a escribir y por lo tanto a leer. 

Cada cosa, que lleva a la otra, haría de la sociedad un tanto mejor. Al menos árboles y libros, que se llevan bien, llenarían nuestro horizonte. Las personas saldrían a la calle y saludarían, se detendrían ante un semáforo rojo, usarían tilde donde correspondiera y de esta simple forma se haría posible que se comprenda lo que se lee. 

Pero es difícil. Tanto como casi todo al principio. Aprender a nadar es difícil y a caminar y a manejar bicicleta y a respetar las ideas de la otredad y a cambiar de parecer cuando la situación se torna catastrófica. Aprender a que el amor no es más fuerte que el acero que dobla Superman pero cuesta nada si se lo cuida como se cuida una idea, si se lo toma como un acto de entrega que no requiere obligación alguna ni retribución. Que no es una cosa humana parte de la religión y producto de una transfusión que dio lugar al cardiocentrismo. 

Que se ama a una sucesión de alturas sonoras y se ama a las formas imposibles de los cristales de la nieve o al oficio que se lleva en los hombros por elección. Es que los hay por herencia, por sugerencia, por obligación, por culpa, por accidente. Quién puede tener un oficio por accidente se podría pensar pero es posible. 

Con un poco de esfuerzo creativo se podrían encontrar muchas personas que ofician lo que hacen, por accidente. Puesto que hay oficios que se estudian y los hay los que se aprenden a punta de experiencia, prueba, error y largas jornadas de repetición, todos llevan una carga de nobleza y de secreto. 

No todas las personas son aptas para cualquier oficio, por supuesto, esto se debe a una serie de constricciones, las del mundo y las que tocan personalmente. Las del mundo, las físicas, biológicas, psicológicas, van a tocar a todos por igual. Por mucha voluntad que le ponga un habitante de la adolescencia para flotar, no podrá lograrlo. La gravedad no se lo permitirá. La gravedad es una constricción. 

Ser petiso es una constricción. Tener un rango de escucha limitado es una constricción. Dentro de ellas, muchas, se mueven las personas, en sus oficios, yendo, viniendo, buscando qué comer, ofertando las manos, el cuerpo, las ideas. Con éxito o no. El éxito depende de los puntos de vista, del entorno, de la visión propia, de cuántas aprobaciones con la manito aparezcan en el sitio de simulación. De cuánta gente sigue a otra gente en el pajarito de la simulación. Se mide, el éxito, en cantidad. Termina siendo un asunto meramente estadístico. Una competencia que recuerda al comportamiento animal humano que no puede crecer sin competir. 

Cuántas cervezas puedes tomar, cuántos hombres enamorar, cuántos zapatos juntar, cuántos poemarios publicar en tiempo récord, cuántos jadoquitos de carrito puedes comer antes de la pandemia y cuántos después. Cuánto tiempo aguantar la respiración antes de ponerse morados. Así el éxito está en el número. El número irreal más allá de la propia abstracción del número en si mismo.

Acaba el cigarrillo, se siente culpable porque está prohibido. Todo va a estar prohibido, excepto vivir sin alcanzar la experiencia de la experiencia, sin poder vivir. Eso va a estar permitido y comer todo lo que está vivo, en China.

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas