Reseña

Desde un cuarto de Miraflores

En Aurificios, una novela de incógnitas de Alan Castro, los lectores ingresamos a un camino incesante y nos perdemos en la búsqueda de un investigador.
viernes, 19 de junio de 2020 · 00:00

María José Daona
Doctora en Letras de la  Universidad Nacional de Tucumán.

Desde una ventana de Miraflores se pueden ver los matices del oro. Desde “el horizonte cumbre” de Miraflores se puede atravesar la ciudad con la mirada. Desde un cuarto del barrio paceño se puede percibir que es momento de convertirse en caminante y recorrer calles, pasajes, subsuelos, miradas y memorias. 

Hace diez años, Alan Castro Riveros comenzó ese recorrido que hoy sigue explorando rumbos y territorios. Y es así como vuelve Aurificios para habitar nuevos espacios, anaqueles y páginas de la mano de la editorial mexicana E1. Esta edición es también un viaje a la semilla, un intento por recuperar la forma primigenia de la escritura y, por supuesto, una invitación a leer y releer. 

 Aurificios es una novela de búsquedas, de caminos, de vaivenes y de fragmentos de la gran ciudad andina. Sus letras y palabras van “poblando el ámbito de posibilidades fantasmales o trayendo desde el pasado los olores de antiguas pisadas rumbo a puertas recién abiertas”.

 El lector de este texto, abandonado por un autor que aún no ha nacido; debe rastrear esos pasos y construir a su vez espacios que le den sentido a la escritura. Un investigador recorre la ciudad entrevistando a los personajes más disímiles: el paciente, el aspirante a autor de novelas, el peatón, el nadador, el unicornio, el monstruo, la estrella, entre tantos otros. A cada uno de ellos les hace una pregunta: ¿dónde está el oro? Cada respuesta es el fragmento de una historia o de una manera de ver el mundo.

 El investigador nunca encuentra lo que busca, pero construye una trama que orienta (y por momentos desorienta) al lector por caminos imprevistos. 

A la pregunta que hace el investigador, se le antepone otra que no deja de resonar en la lectura de este texto: ¿qué es el oro? Los personajes dan respuestas muy diversas y, en ellas, se traman las ideas que le dan forma al universo narrativo. 

El aspirante a autor de novela afirma que el oro es un anzuelo y agrega que “es una figura para hablar de otra cosa, de los brillos en la imagen del mundo. (…) ¿Dónde queda lo que busco? ‘Más allá, más allá. Siempre más allá’”. El oro, en cada respuesta, es siempre el vacío, lo invisible, lo que está más allá de lo mediato y palpable: para algunos está al final del arcoíris, para otros en el interior de un cajón vacío, es también un reflejo o se encuentra detrás de la niebla.

Cada paso, en la búsqueda del oro, es la enunciación de un sujeto que construye el espacio y también las maneras de habitarlo. Esta lógica de cruzar espacios, de atravesarlos, de ir y venir se reproduce en la estructura de la novela que toma la forma de un árbol que crece concéntricamente generando un movimiento expansivo desde un centro al que siempre retorna. 

Los caminantes del texto se desplazan y reproducen su estructura. Aurificios también se expande de manera circular desde su centro. En el medio de la novela escuchamos la voz de un personaje llamado el del centro que plantea la necesidad de “hacer visible el espacio donde continuar la explosión que le dio origen”. Ese espacio alberga todas las imágenes y se homologa a la pupila de un ojo, el lugar desde donde todo surge y se expande: “Las cosas se miran en el camino, pero lo crucial está dentro de esa pupila sin la cual nada sería deslumbrante y posiblemente nunca hubiera existido el ordenamiento de las imágenes, la composición del sentido”.

Las calles de la ciudad son el lugar de encuentro. Allí están los colores, los animales nocturnos, el pasado y el futuro, los vivos y los muertos. En ellas se unen tiempo y espacio, movimiento y quietud, el arriba y el abajo. Es en las calles donde el universo se expande y es posible la más plena comunicación. 

En esta novela de incógnitas los lectores ingresamos a un camino incesante y nos perdemos en la búsqueda de un investigador. La pregunta por la ubicación del oro se desdibuja por momentos y él mismo se pierde. Lo cierto es que en esta pesquisa se genera un hilado de voces que le dan forma al texto y, en ese proceso escriturario, se crea una comunidad.

Las voces en la novela son una marca de lo múltiple que se yuxtapone en la ciudad y que pone al descubierto la falacia del discurso de la uniformidad que silenció y escondió en los socavones la compleja historia boliviana. Mirar, caminar y comunicar son modos de crear un tejido infinito de voces y mundos subterráneos. Son la posibilidad de recuperar el vacío para darle forma y sentido, de construir un estado que se erija en la “memoria radiante de la contraconquista” que desentierre las historias que no fueron contadas, de permitir “el nacimiento de una nueva lógica ante la cual se haría imprescindible dejarse poseer por las voces de todos nuestros muertos”. Mirar, caminar y comunicar son las acciones necesarias para crear esa comunidad deseada, que habita en el espacio literario, y que le da forma a los “aurificios” necesarios para la restitución del silencio.

La editorial E1 anuncia la publicación de una serie de libros que bajan al norte del continente. Libros de escritores bolivianos que llegan a nuestro norte latinoamericano. Esta idea está plasmada en la América invertida, de Joaquín Torres García, que ya  en los años 40 imaginaba otras formas de nombrarnos y de pensarnos. Los sentidos de “invertir” se expanden, se recupera la idea de dar vueltas y de girar; se asocia a convertir y a subvertir y, en ese tránsito, da la vuelta y retorna a las páginas de nuestra novela-mundo que nos propone, desde un cuarto de Miraflores, “razonar sobre la posición del hombre en la esfera terráquea”, rastrear los lazos entre el oro y la cartografía para volver a caminar con la mirada puesta en los cuerpos, en lo visto y lo oído, en la experiencia de una vida vivida. 

Aurificios es el mapa de una ciudad y de un continente, es un espacio habitado, es una geografía interior que llega para inaugurar “la cartografía entrañable del presente”.

 

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