Aullidos de la calle

De tiburones y chivos expiatorios

Succession es una serie que consigue conmover. Conmueve el vacío, la soledad, y la infelicidad de gente rica. O tal vez, de gente a secas.
viernes, 26 de junio de 2020 · 00:00

Mónica Heinrich V. 
Reseñista y cinéfila de corazón

Gente con plata y rota. O gente rota y con plata. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? No importa. Acá lo que importa es que estamos con el ojo pelado durante las dos temporadas que existen de esta serie.  Son 20 episodios truculentos y oscuros, en los que deseás que pasen cosas muy malas y cuando esas cosas malas pasan, deseás no haber deseado que pasen.

Succession es una serie de HBO creada por Jesse Armstrong, un escritor inglés. Jesse es conocido por series menos conocidas (ajá, ajá) como Babylon, Peep Show, Fresh Meat, entre otras. Es también el guionista de las dos temporadas y cuenta con coguionistas como Alice Birch (Normal People) y Tony Roche (Miranda), entre otros. 

Narra la vida de un imperio. El imperio de los Roy. Una familia que ostenta poder económico, político, social. Los Roy son equiparables en la vida real a los Murdoch. Sí, sí, Jesse jura y perjura que nada que ver con los Murdoch, pero Logan (Brian Cox) y Rupert tienen demasiadas cosas en común, demasiadas. Incluida su expansión napoleónica en los medios de comunicación y sus supuestos tentáculos en el gobierno americano y gobiernos de otros países.

Logan Roy es un patriarca, fundador y CEO de Waystar Royco. Un emigrante escocés que se hizo a sí mismo, un tiburón despiadado que se codea con ministros, presidentes y celebridades. Que maneja los medios de comunicación a su antojo y puede destruir a alguien con solo levantar un dedo.  En el ocaso de su vida se rehúsa a retirarse por más que sus hijos desean tomar el poder de una vez.

Los hijos son de lo más variopintos: está Kendall (Jeremy Strong) el hijo pródigo que supone que el “trono” le pertenece por derecho, está Roman (Kieran Culkin) la oveja descarriada que finge que nada le importa pero es uno de los que más desean la atención y afecto de Roy, está Connor (Alan Ruck) el hippie chic de la familia, que parece no tener ninguna ambición y siempre desea quedar bien con Dios y con el Diablo, y está Shiv (Sarah Snook) la ambiciosa, maquiavélica Shiv. 

Lo que más valoro de su guión es la capacidad que mezclar los entretelones del vórtice corporativo con lo que sucede a nivel emotivo y familiar en la vida de los personajes. Construye un mundo asfixiante y sórdido dentro de un mundo considerado frívolo. Va de lo general (el imperio de esta familia) a lo particular. 

Porque todo reinado tiene su fin, y el de Logan Roy no es la excepción, la serie se centra como lo dice su título en el proceso de Sucesión y lo que eso implica para la familia. 

Esta es una serie que desde su intro te deja claro el trabajo y la prolijidad de su propuesta: ese pequeño clip donde ves a los niños jailones viviendo una vida jailona, montando elefantes, comiendo en suntuosas mesas, jugando al tenis, mientras una maravillosa partitura en la que prima el piano intercala imágenes de edificios lujosos y la omnipresente figura de Logan Roy, ya sea posando para una foto o dando la espalda.

Estamos hablando de monstruos de cuello blanco.

 ¿Monstruos? Y sí. Mientras veía la serie no podía evitar pensar que era gente con millones y millones de dólares, y aún así pudiendo retirarse a vivir tranquila con ese dinero, con la solvencia asegurada para varias generaciones, se sumergía en una guerra donde las puñaladas traperas por la espalda estaban a la orden del día, todo por mantener el poder. 

Brian Cox está magnífico como Logan Roy. Es el regalo perfecto para un actor al que el cine nunca le hizo justicia. Y Jeremy Strong, como el atribulado Kendall, hizo un gran trabajo para darle todos los matices a un personaje tan complejo.

Succession consigue conmover. Conmueve el vacío, la soledad, y la infelicidad de gente rica. O tal vez, de gente a secas. Conmueve el infierno en el que viven. Y no, no es una mirada condescendiente a las altas esferas, en realidad es una extrapolación del ser humano común y corriente, ese que es incapaz de alcanzar la felicidad aun teniéndola al alcance.

Leí por ahí que aún haciendo un retrato poco halagador de una clase social privilegiada, la serie al final termina rescatándolos del estigma de dinero=felicidad y fuerza al espectador a tenerles simpatía. No sé si rescatar sea la palabra adecuada, lo que sí es cierto es que no los exime de su responsabilidad como agentes sociales, en la segunda temporada se descubre que han sido copartícipes de un hecho criminal, que más que criminal como delito, conlleva una inmoralidad y una falta de ética impresionante. Así que la culpa de la simpatía es de uno nomás.

Succession está filmada bellamente, con elegancia, con un diseño de arte impresionante, y con el lente puesto al servicio de la historia. La música es su mejor aliada, la misma partitura del inicio que corresponde al compositor Nichollas Brittel se vuelve versátil y la escuchás relantizada con violines y chelos cuando Kendall está intentando dar su primer “golpe de estado”. 

 “You are not a Killer” le dice Logan Roy a Kendall. Kendall, al que rompieron en la primera temporada y dejaron hecho un guiñapo, Kendall que intentó quitarle el poder a su padre dos veces, Kendall el chivo expiatorio de la corporación. 

Es el final de la temporada, un episodio llamado Esto no es por lágrimas, ya te han mostrado todo lo que esa gente está dispuesta a hacer para seguir en la cresta de la ola, ya simpatizás con ellos aún sabiendo que son unos hijos de puta y sabés que los tiburones son eso nomás, tiburones que ante el olor de sangre estarán dispuestos a arrasar con todo.

 

 

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

El coronavirus ha causado la peor crisis económica que me ha tocado vivir en casi 40 años de experiencia profesional y algunos expertos anticipan que la recuperación podría tomar un par de años.

La dramática caída de nuestros ingresos ha puesto en riesgo la estabilidad financiera de Página Siete.

Para salir de la crisis necesitamos reinventarnos hacia contenidos digitales y un paso en esa dirección es nuestra nueva aplicación PaginaSietePro, que está disponible en Apple Store y Google Play.

La aplicación contiene información en tiempo real, la versión completa del periódico impreso y próximamente, información y servicios exclusivos que no estarán disponibles en otras plataformas.

Tu suscripción a la aplicación nos permitirá seguir ejerciendo un periodismo de calidad, con la información completa y el análisis y contexto que nos caracteriza.

Medios de comunicación independientes y valientes son imprescindible para la vida en libertad y democracia. Página Siete lo demostró en varios momentos difíciles que nos tocó vivir durante los últimos años.

Muchas gracias por tu apoyo.

Para suscribirte, descarga la aplicación de Apple Store o Google Play haciendo clic en uno de los siguientes botones:

Apple Store

Google Play

Consultas


   

Valorar noticia

Otras Noticias