Notas para romperse una pata

Espectros de las tablas y de los adoquines

Tío Ubico es el fantasma del teatro más lindo de esta ciudad, de uno de mis lugares preferidos, del espacio donde se desarrollaron las historias más lindas que hay.
viernes, 26 de junio de 2020 · 00:00

Fernanda Verdesoto Ardaya
Literata e investigadora teatral 

En  La Paz,  como en muchas ciudades del mundo, celebramos la Larga noche de museos. Este es uno de mis eventos culturales preferidos, ya que no solamente se realizan varias visitas a los museos que uno siempre dice que va a visitar y nunca lo hace, sino que también se aprovecha para conocer la obra de artistas que uno siempre dice que va a conocer y nunca lo hace, y para comprar las lindas artesanías que uno siempre dice que va a comprar y nunca lo hace. 

Me gusta la Larga noche de museos, porque es la única ocasión en la que uno disfruta de que le salgan ampollas. Y es la noche que es de otoño, que parece de primavera, pero que en realidad sabe a invierno. A veces, disfruto del frío más de lo que debería. Los pequeños ventarrones helados se sienten en la nariz, uno moquea un poco, pero no es nada que un tecito o la deliciosa cerveza de la fiesta post-museo/exposición/obra teatral/concierto no pueda solucionar. Lindo es.

 La bulla de miles de escenarios plantados en cada esquina, los colores de las decoraciones callejeras, los olores de la comida calentita. Pero nada de esto sucedió este año, porque la velada coincidió con el desgraciado virus que ya cansa. 

Pero de nuevo, como en todos los eventos culturales de la actualidad, todos prepararon la cámara y se organizaron para transmitir en vivo/grabar para que lo puedas ver después. Y así fue. Lo pude ver después. Pero estaba en camita mientras veía algunos de los eventos preparados, y no fue lo mismo. Necesitaba el frío y necesitaba el caos de calles y riadas de gente. 

Sin embargo, hubo un video que me llamó la atención (@TeatrosMunicipalesLaPaz, @LaPazCulturas), que fue una visita al Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez de   La Paz. 

Fundado en 1845, este es uno de los espacios escénicos más lindos que hay, y además que es uno de los teatros más antiguos de Sudamérica. Pero, también es el teatro donde residen los fantasmas más famosos de esta ciudad. Desde hace muchos años se dice que allí viven varios fantasmas de varios actores y directores que pasaron por sus tablas (y que están homenajeados en un simpático pasillo de exposición de fotografías, algunas antiquísimas, otras tan recientes que duelen). 

Pero el espectro más famoso es el del Tío Ubico, personaje que durante muchos años encarnó el actor y director paceño Wenceslao Monroy (1881-1954). Increíble es que el fantasma no sea el actor, sino el personaje, que claramente también murió con el actor. Todos los trabajadores de este teatro afirman haber sentido alguna vez al Tío Ubico, y en esta ocasión decidieron hacerle un muy simpático homenaje en la Larga noche de museos virtual-digital y que en realidad-duró una semana. 

Soy un poco ñoña al visitar museos y me encanta tener un guía y preguntar todo (pero todo), y amé que alguien me acompañe en una visita por el teatro, porque en este tour pasaron por lo todos los lugares que nunca llegué a conocer. 

Por el techo y plafón que siempre admiro cuando veo una obra desde el gallinero o galería, por encima de la lámpara araña gigantesca, por debajo de las tablas. Asimismo, esta visita fue una ronda de reconocimiento de las almas que siguen poniendo en escena las obras del más allá. 

Hay veces que uno piensa verlas o escucharlas (necesito una segunda vista para confirmar). Me pareció una experiencia tan bella, que quisiera conocer todos los teatros del mundo de esta forma (y luego en carne y hueso). 

Este video fue filmado en formato found footage (es decir, al estilo The Blair Witch Project o REC), y no sabría decir si los estruendos o apariciones son reales o no (lo más probable es que sean falsos, claro está), pero por un minuto me asusté, porque ya muchas veces escuché sobre el fantasma del Tío Ubico que –aunque sea desde mi ateísmo– ya le tengo muchísimo respeto. 

Es el fantasma del teatro más lindo de esta ciudad, de uno de mis lugares preferidos, del espacio donde se desarrollaron las historias más lindas que hay. Es a quien le piden la bendición antes de cualquier espectáculo, es con quien se charla en los camerinos y quien mira y da su opinión detrás del enorme telón de terciopelo. Así que no, no me atrevo a contradecir su existencia. 

El Teatro Municipal de la ciudad de La Paz tiene sus espíritus, y uno más famoso que otros. Ahora, en esta etapa de cuarentena, se han ido sintiendo más fantasmas. Tal vez el Tío Ubico se siente más, porque ahora el público también se ha vuelto un ente fantasmagórico. Puede ser que ahora se sienten más las almitas en las tablas, porque el teatro se está mimetizando con las calles vacías y sin ningún ser vivo.

 Aquí es donde me doy cuenta que el fantasma somos todos y lo es todo. Fantasmales son los adoquines sin los cuerpos caminantes de cada día. Aparecidos son los públicos que algún día pudieron aplaudir y espectros son las obras teatrales y los conciertos que no se pudieron dar en toda esta época. Espectro es la Larga noche de museos y sus versátiles puestas en escena. Sombras fantasmagóricas fuimos y somos todos en esta temporada.  

No me desagrada la idea de que dentro de 66 años, la gente camine con cautela las calles de la ciudad o tome con cuidado los objetos del teatro, pensando en que se encontrarán con nosotros, los fantasmas.  

 

Este artículo fue publicado originalmente el 5 de junio de 2020 en la revista Cartón Piedra (número de edición 423) del diario El Telégrafo (Ecuador).

 

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