La sonrisa de Sísifo

Surrealismo, espiritualidad y honestidad en bruto

viernes, 5 de junio de 2020 · 00:00

Adrián Nieve Escritor

Tenía una amiga que lo sabía “todo” sobre el yoga. Acababa de volver de un viaje por la India, donde había dejado su ego, para rencontrarse con él a su retorno cada que alguien hablaba de yoga, budismo o meditación. Y al principio era genial porque, la verdad sea dicha, no sabía nada sobre esas cosas y charlar con ella me obligaba a abrir los oídos, a investigar por mi propia cuenta y ampliar lo que creo que es el tercer ojo: la perspectiva.

Con el tiempo me di cuenta que lo suyo, más que charlas, eran prédicas: Palabras que necesitan llenar oídos, pero con una profundidad ensayada. Así que dejé de escucharla, pero de todas sus prédicas me quedó una inmensa curiosidad acerca la meditación. ¿Es quedarse quieto sin pensar? ¿Se respira así o asá? ¿Qué diablos significa eso de “vaciar la mente”? 

Luego descubrí que mi forma de meditación es trotar. Solo así pude entender que meditar significa silencio, quietud y amplitud, de cualquier manera que puedas procurarte. Y recién entonces las prédicas de mi amiga obtuvieron un nuevo significado. 

Sí, ella estuvo en la India, ella meditó con grandes maestros, sabe mil historias budistas, pero también estaba descubriendo qué significaba todo eso. Y me gusta pensar que nuestras charlas le servían para lograrlo. Al menos a mí me sirvieron para eso. 

Creo que algo parecido te sucederá con la serie animada The Midnight Gospel, una de las mejores apuestas que ha hecho Netflix en los últimos tiempos. En ella seguimos a Clancy, un muchacho que dedica sus días a visitar mundos simulados donde entrevista a los seres que los habitan para su podcast intergaláctico. Y lo más curioso es que, básicamente, esta serie es eso: Entrevistas para un podcast. 

Creada por Pendleton Ward –la mente detrás de la genial Adventure Time– y Duncan Trussell –un comediante con muchas inquietudes espirituales que conduce el podcast The Duncan Trussell Family Hour–, la serie es peculiar en más de un sentido. 

Es experimental e introspectiva. Sus dibujos son simples pero surrealistas. Su animación juguetea con encuadres rotos, perspectivas ilógicas y ritmos nada convencionales. Las entrevistas son momentos que se sienten íntimos, donde en tono casual se habla de cosas pesadas como la muerte, los traumas, las drogas o el cáncer. 

Cada uno de los ocho episodios de The Midnight Gospel está realizado en base a entrevistas en el podcast de Trussell. En pocas, las recortaron, les hicieron una animación y añadieron algunos diálogos guionizados para que la serie tuviera una trama y no fuera simplemente un podcast animado más. 

Suena sencillo, pero hay que pensar que el podcast de Trussell siempre fue honestidad en bruto. Eso sin contar que también estamos hablando de un producto en el que está involucrado Pendleton Ward, un hombre que hizo de una serie para niños uno de los productos más intensos, profundos y de mayor surrealismo visual en la época. 

Cada episodio es como una asociación libre. No hay guion, solo una charla. Clancy, interpretado por el mismísimo Trussell, entrevista a estos seres creando no una discusión, ni una prédica, sino más bien una exposición de la perspectiva de su entrevistado. 

Y mientras Trussell está en eso, Ward crea el movimiento de los personajes, los pone en escenarios y hace que les pasen cosas que no parecen estar relacionadas a la exposición filosófica y espiritual de todo lo que se está diciendo, pero que de una manera muy extraña refuerza cada punto de lo hablado. 

El resultado: una serie de muchas capas a la que necesitas dar cierto tiempo para procesar cada episodio. Y es por eso mismo que no sé si disfrutarás este show. 

Aun si te gusta, no es algo que puedas maratonear, mucho menos es algo con lo que puedas apagar tu cerebro. Es una serie donde están pasando muchas cosas, tanto a nivel de diálogos como a nivel visual. 

Es un show en el que a veces entenderás mucho, o poco, pero siempre te dejará algo que quizás entiendas algún día. Es una serie que te sobrecarga de imágenes e ideas para vaciar la mente. Es un show que funciona como una forma de meditación.     

Y sí, a ratos divagan mucho y a otros incomoda la certeza con la que hablan los entrevistados de cosas espirituales, así como molesta que Clancy, como personaje, hable con la sabiduría de Trussell durante las entrevistas, pero que no lo refleje en sus actos dentro la escasa trama de The Midnight Gospel. 

Pero creo que es bajo precio a pagar cuando estás frente a una serie que se atreve a ser diferente a todo lo que puedes encontrar en la televisión y la radio bolivianas, y casi todo lo que tienes a tu disposición en internet. 

En resumen: The Midnight Gospel es una serie experimental y espiritual, intensa y emocional, que trata temas complejos como las drogas, o la muerte, desde una perspectiva muy espiritual y se apoya en un estilo visual tan simple como surrealista que le agrega varias capas a un show que es capaz de decirnos que la libertad y la realidad son simulaciones. 

Que el ego es malo porque nos separa del dolor. Una serie que es lo que tú quieras que sea, pero que para su creador, Duncan Trussell, es la historia de cómo aceptó la muerte de su madre.

 

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