Impresiones y pareceres

¿Un Estado anómico?

La desintegración y la degradación sociopolítica son una sombra permanente en la historia contemporánea de Bolivia.
viernes, 10 de julio de 2020 · 00:00

Freddy Zárate
Abogado

El término anomia fue acuñado por el sociólogo Émile Durkheim (1858-1917) en su estudio sobre La división del trabajo social (1893), donde señaló ciertos tipos de comportamiento humano que tienden a debilitar su fuerza de integración y regulación individual, llegando a generar –en ciertas ocasiones– fenómenos sociales tales como el suicidio. Esta teoría sociológica fue reformulada y reinterpretada por la ciencia social contemporánea, se puede mencionar por ejemplo, los estudios de Robert K. Merton, Talcott Parsons, Robert Dublin, entre otros.

Actualmente la categoría anomia es fluctuante, pero, esencialmente hace referencia a lo siguiente: 1) El vacío de normas o reglas de conducta; 2) La constante colisión o incongruencia normativa que implica incertidumbre y desorientación de la conducta desviada; y 3) La falta de asimilación o reconocimiento de normas legítimas. 

Siguiendo estas premisas, el jurista y sociólogo alemán Peter Waldmann reorientó la noción de anomia de Émile Durkheim y la situó en el marco de la estatalidad latinoamericana en una investigación que  fue traducida al castellano en 2003 bajo el título El Estado anómico. Derecho, seguridad pública y vida cotidiana en América Latina.   

La tesis de anomia estatal que plantea Peter Waldmann se sustenta en cuatro puntos: 1) Los Estados latinoamericanos no ofrecen a sus ciudadanos un marco de orden legal-racional para su convivencia en el ámbito público, sino hay una inclinación al desorden por parte de la sociedad; 2) La debilidad de los órganos estatales conduce a que grupos sociales, movimientos sociales y gremios organizados impongan sus intereses sectoriales por encima de lo público; 3) Los funcionarios de la administración pública: jueces, fiscales y policías actúan contrariamente a la normativa vigente. Este punto podría resumirse bajo el precepto colonial que reza: “La ley se acata, pero no se cumple”; y 4) Un Estado que no logra otorgar a sus habitantes seguridad jurídica –desde el punto de vista de los involucrados– carece de legitimidad. Por ende, las conclusiones que arriba la investigación de Peter Waldmann tiende a enfatizar que los países latinoamericanos –bajo la institucionalidad democrática– no representan una garantía de seguridad y orden público; la igualdad de los ciudadanos ante la ley sigue siendo la excepción y no la regla. Estos hechos desnudan la debilidad estatal que se ve reflejada a través de una constante inseguridad, irregularidad, desacato y acentúa comportamientos opuestos a la normativa jurídica vigente, es decir, un Estado que está lejos de ser un garante de la paz interna y la seguridad pública, de aquí su carácter anómico. 

El sugerente estudio de Waldmann contiene un capítulo referido a Bolivia, específicamente a  Santa Cruz. Para elaborar el ensayo, denominado Comportamiento social en una región lejana del Estado: Santa Cruz de la Sierra,  el autor se basó en sus impresiones personales a través de las distintas y continuas visitas al oriente boliviano, que tuvieron lugar en los años 1997 y 2000. Por consiguiente, las apreciaciones de Waldmann pueden ser extensibles al resto de los departamentos de Bolivia.

Para explicar el comportamiento social de Santa Cruz, el jurista alemán esboza una breve descripción histórica partiendo de la idea “de pueblo olvidado a metrópolis”, esto con el fin de analizar algunos aspectos sociopolíticos del aislamiento de Santa Cruz a consecuencia de su irrelevancia económica, su incomunicación geográfica y su escasa actuación política en el siglo XIX. A partir del cambio de siglo comenzó a manifestarse cierta conciencia regionalista, “y, por primera vez, las élites regionales exigieron una mayor integración de las tierras bajas en la economía y en la sociedad del país, y sobre todo mejores vías comunicación con los demás centros urbanos”. 

Según indica Waldmann, nacieron círculos y gacetas con el único fin de conseguir la construcción de una línea de ferrocarril entre Santa Cruz y Cochabamba. Pero sin éxito alguno. 

El desenlace del conflicto bélico con el Paraguay (1932-1935) suscitó cierto temor de que Santa Cruz se aliara con el enemigo. Por tal razón, “se les negó a los cruceños no sólo la posibilidad de asumir un cargo de mando militar, sino hasta la de formar unidades de lucha propias, profundizó la brecha existente entre el centro y la región limítrofe y contribuyó a acentuar los resentimientos de los cruceños frente a los actores de poder de la capital”.

 A mediados del siglo XX, bajo las banderas de la revolución del 52, el departamento de Santa Cruz de la Sierra dio un viraje sustancial en su estructura social, económica y política. Esto debido a la implementación del Plan Bohan (diversificación económica) y la gradual integración a través de la construcción de la carretera asfaltada entre Cochabamba y Santa Cruz; este hecho originó un crecimiento económico y urbano.  Pero simultáneamente a este desarrollo de tinte moderno, se fue acentuando una burocracia ineficiente, una institucionalidad frágil ligada a intereses políticos y sectoriales.

 En consecuencia, la metrópoli cruceña vive entre la modernidad y la premodernidad. En resumen, la tesis de Peter Waldmann nos revela que la sociedad boliviana se rige por dos códigos de orientación, por un lado, los códigos formales (normas, leyes, decretos), y, por otro, los códigos informales (usos sociales, costumbres, valores), primando esta última, que es el uso beneplácito de los usos sociales frente a la normativa jurídica vigente.

Pero hay que recordar que el estudio sobre la anomia en Bolivia fue estudiado tempranamente por el filósofo René Antonio Mayorga en su investigación ¿De la anomia política al orden democrático?, que analiza la crisis de los gobiernos dictatoriales y la búsqueda de la democratización del poder. La década de los 80 significó el retorno a la democracia, pero, este hecho –asevera Mayorga– no significó dejar atrás la arbitrariedad y la ausencia de normas en la lucha política y la conducción del Estado. El problema esencial de la democratización en Bolivia y América Latina reside en las posibilidades de transformar la desobediencia civil, la desintegración, la degradación sociopolítica, que es una sombra permanente en la historia contemporánea de Bolivia. Bajo este complicado panorama, René Mayorga planteó el desafío de modernizar la política y fortalecer las instituciones estatales, esto, con el fin de enfrentar los problemas de gobernabilidad, y sin el cual serían inciertas sus perspectivas de consolidación institucional.

Las experiencias populistas del siglo XXI bajo el gobierno del MAS condujeron a “refundación” el Estado, pasando a denominarse Estado Plurinacional de Bolivia; se promulgaron “nuevos” códigos normativos; se reconocieron símbolos autóctonos; pasó a la discusión académica las teorías de la descolonización; y se enalteció la “moral indígena” en la función pública; pero, todas estas medidas bien intencionadas no lograron resultados sustantivos en cuanto al cumplimiento de normas jurídicas. 

Este hecho es ilustrativo y sirve de explicación acerca de la desobediencia de varios sectores de la sociedad boliviana, que por cierto, no se debe a la carencia de normas jurídicas, todo lo contrario, hay una inflación normativa. 

 

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