Impresiones y pareceres

Los intérpretes de René Zavaleta Mercado

Se trata de uno de los pensadores más representativos del siglo XX, pero creer que este autor es un profeta al que hay que seguir ciegamente es algo equivocado.
viernes, 24 de julio de 2020 · 00:00

Freddy Zárate 
Abogado

El proceso de formación de toda sociedad está presidido por el surgimiento de ideas políticas, sociales, literarias y poéticas. Al adentrarnos al campo de la historia de las ideas en Bolivia, tenemos al pensador René Zavaleta que nos proporciona material amplio para el análisis de la política contemporánea. 

René Zavaleta Mercado nació en Oruro (1937) y murió en México (1984) a la edad de 47 años de intensa vida, sobre todo en tres campos: la política, la docencia y el pensamiento. Es considerado por la intelectualidad boliviana como un referente “obligatorio” en la teoría política. Al respecto, el periodista Fernando Molina dice: “Dos poderosas corrientes antiliberales atraviesan y moldean la historia de Bolivia: el nacionalismo y el marxismo. En ambas no hay nadie más destacado e influyente que René Zavaleta. Hasta hoy la izquierda boliviana se divide según el hincapié que hace en los aspectos nacionalistas o, al contrario, marxistas de su ideología. Y ambas facciones se inspiran en Zavaleta, sólo que tomando, cada una, un momento diferente de su producción intelectual, citándolo de distintas maneras”.

En su etapa marxista, Zavaleta experimentó las concepciones difundidas de ese tiempo, como la popular Teoría de la Dependencia. Sus máximos exponentes fueron Fernando Henrique Cardoso, Teothonio dos Santos y Raúl Prebisch. Esta teoría consideraba de forma implícita pero firme, que la historia es un proceso lineal  ascendente, que la naturaleza es la base y cantera sin derechos propios para los fines humanos y que la actividad social bien dirigida denota una inclinación inocultable al dinamismo, al crecimiento y al éxito. 

Las principales proposiciones de esta teoría advertían como algo negativo la “heterogeneidad estructural”; postularon nivelar los estilos de vida; brindar a todos sus moradores los “beneficios” de la cultura urbana; equiparar los ingresos, la educación y las pautas de comportamiento, entre otras.

Bajo estas premisas sociopolíticas, René Zavaleta Mercado fue muy fiel a su época y a su contexto. En la década de los 80, este pensador se presentó como modernizador. En su ensayo Forma clase y forma multitud (1983) manifestó: “En tal sentido, el Tío o la Virgen del Socavón difícilmente servirán en algo para explicar, por ejemplo, lo que fue la Asamblea Popular como objeto ideal de la política y como recuerdo del atraso obrero”. Se puede advertir que Zavaleta concebía como algo contradictorio a la modernidad la tradición y la heterogeneidad social en Bolivia. 

En su estudio titulado Lo nacional popular en Bolivia (1986), en el capítulo referido a la Querella del excedente dice: “Se puede sin duda considerar como algo inmediatamente falso el que se piense en una sociedad capitalista como algo más complejo, de hecho, que una sociedad precapitalista. Es cierto que el capitalismo multiplica el tiempo social, pero no lo es menos que torna homogénea (estandarizada) a la sociedad. Al fin y al cabo, las clases nacionales, la propia nación, las grandes unidades sociales relativamente uniformes son propias del capitalismo y, en este sentido, cualquier sociedad atrasada es más abigarrada y compleja que una sociedad capitalista”. 

En estos últimos años se produjo una notable revalorización de este pensador. Muchos intelectuales se preocupan por hacer estudios acerca del prolífico legado de Zavaleta. Lo cual es algo saludable para la historia de las ideas en Bolivia. Pero como acertadamente señaló Fernando Molina, “muchos ensayos interpretativos se escribieron desde dentro de la misma esfera intelectual en la que se movía el propio Zavaleta, en acuerdo con la mayor parte de sus principios políticos y su metodología de interpretación histórica”.

En tal sentido, Zavaleta es sin duda uno de los pensadores más representativos del siglo XX, pero creer que este autor es un profeta que hay que seguir ciegamente es algo equivocado. Curiosamente, muchos intelectuales utilizan sesgadamente frases zavaletianas para tratar de explicar la Bolivia del siglo XXI, forzando y tergiversando el sentido de la teoría de Zavaleta, que, por supuesto está anclada en un contexto histórico que ya no es el nuestro. 

Por ejemplo, basándome en el postulado que entrevió Zavaleta sobre la sociedad abigarrada como factor de atraso y ser algo sumamente negativo la heterogeneidad social, no es compatible con la visión de los intelectuales que acompañaron el proceso de cambio del Movimiento Al Socialismo (MAS). Los razonamientos de Zavaleta  fueron reinterpretados contrariamente a su esencia por la retórica del poder del MAS, que se plasmó en el denominado Estado Plurinacional. 

Este aspecto debería de llamar la atención a los cientistas sociales. Ya que la vanagloriada defensa de lo plurinacional tuvo una función instrumental por mantenerse en el poder. Hay que recordar que la pluralidad, la diversidad –como aspecto positivo–, no fue un éxito, ni privilegio, ni invento del gobierno del MAS, sino, que se dio en diferentes contextos que han visto en ella algo rescatable. Tal es el caso del contexto conservador de la Antigüedad clásica y la Edad Media; el periodo liberal, como la Europa del siglo XIX; y los ejemplos más claros son el Imperio austrohúngaro, el asiático, y el más interesante es la India. 

Los tres clásicos ejemplos mencionados siempre fueron criticados severamente por los marxistas de todas las líneas.

El escritor Jorge Luis Borges en su poema Fundación mítica de Buenos Aires dijo: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires / La juzgo tan eterna como el agua y el aire”. Por consiguiente, lo originario, lo autóctono, lo plurinacional, lo comunitario y los preceptos éticos de cultura aymara (ama sua, ama llulla, ama quella) no fueron reivindicaciones históricas en el plano político, sino, son postulados ideológicos de escasos años, y prueba de esto, es el legado de uno de nuestros pensadores más preclaros de nuestra historia contemporánea: René Zavaleta Mercado.

 

 

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