La sonrisa de Sísifo

El otro lado de la moneda

The Last of Us Part II es una historia que explora a sus personajes. Les da motivaciones, aficiones, preferencias, traumas, dudas.
viernes, 3 de julio de 2020 · 02:19

Adrián Nieve
Escritor

Cuando The last of us se estrenó en 2013, quienes lo jugamos estábamos sorprendidos. Para ser  un juego triple A (es decir, en el que se invirtió mucho para que genere todavía más), este título empujaba ciertos límites narrativos al traernos una historia llena de momentos intensos y muy cinematográficos, con un final que ponía al jugador a la merced del protagonista Joel. Un personaje que toma una decisión muy difícil, la que condena a la humanidad a ser los últimos de nosotros, solo para salvar a su hija adoptiva. 

¿Fue revolucionario? Sí, lo fue. Y no porque hayan inventado nada nuevo, o porque no existieran antes juegos que se atrevieron a contar historias con áreas morales grises, sino porque era llamativo que una desarrolladora popular tomara ese riesgo con un juego triple A. 

Siete años después nos llega la secuela a esta historia: The last of us part II (TLOU2), en la que controlamos a Ellie, la hija adoptiva de Joel, y a Abby, la rival de Ellie, ciudadanas de un mundo destruido por un apocalipsis zombie, en un juego que bien podría ser llamado una película de venganza acerca de  romper el ciclo de venganza. Sin traer nada nuevo a la jugabilidad de la saga, y más bien afinando las mecánicas de la primera entrega y refinando el motor gráfico, TLOU2 hace prácticamente la misma apuesta que hizo siete años atrás: pone todas sus fichas en el guion. 

TLOU2 es una historia que explora a sus personajes. Les da motivaciones, aficiones, preferencias, traumas, dudas. Es una historia sobre elecciones y consecuencias que no se detiene en trazar la clásica línea de buenos y malos, sino que a través de Ellie y Abby, sus dos protagonistas, intenta mostrarnos el otro lado de la moneda. ¿Por qué mi rival me odia tanto? ¿Cómo es mirar el mundo con los ojos de mi antagonista?  

TLOU2 no es revolucionario, es efectivo. Por donde uno la vea, su historia es trágica. Habitantes de un mundo post-apocalíptico y sin esperanzas, atrapadas en un ciclo de venganza, las protagonistas no solo sufren y lo pierden casi todo sino que, de alguna forma, siempre fallan. Y a cambio descubren que todavía pueden crecer. Que todavía son humanas en un mundo que ha perdido la cordura y la humanidad.  

Pero lo malo de ser la secuela de algo que marcó época es que quienes lo vivieron no quieren que cambie. Y eso fue lo que hizo que TLOU2 estuviera marcado por la controversia. El juego ni siquiera había salido y ya estaba siendo dilapidado por algunos fanáticos en base a ciertas imágenes filtradas de la trama. No lo habían jugado y ya lo estaban condenando.

A decir verdad, los entiendo. Sin revelar demasiado, estas imágenes mostraban la muerte de Joel, el anterior protagonista, a manos de una desconocida mujer musculosa. “¿Van a matar al héroe?”, nos preguntamos entonces, pues quienes jugamos la primera entrega amamos a Joel, pero habría sido mejor preguntarnos si iban a matar al tipo al que acompañamos a tomar una decisión que condenó a la humanidad. Pues Joel será muchas cosas, pero nunca fue un héroe. 

Si hay algo que es verdad, es que nos encantan los protagonistas. Los bien escritos, los carismáticos, los sufridos. Disfrutamos la narrativa que nos presenta una historia llena de drama y suspenso en la que un personaje tiene que tomar decisiones que a nosotros nos intimidan. ¡Y villanos! ¡Ufa! A ellos también los amamos. De la manera más cómoda nos muestran el otro lado de la moneda, dejando tan en claro que son malos que sabemos que no hay que estar de acuerdo con ellos en todo lo que dicen. Thanos, Sephirot, el Guasón… ya es moda estar de acuerdo con el villano, intentar comprenderlo, dejarnos conquistar por su carisma, pues mientras sea un villano, el mundo será blanco y negro. 

Pero, ¿qué pasa si al encarnar a un villano nos damos cuenta que no lo es? TLOU2 te lo hace vivir pues, a fin de cuentas, Abby es una persona más queriendo sobrevivir al mundo que le tocó. 

TLOU2 no toma muchos riesgos, pero el riesgo que sí toma es grande. Al hacerte vivir cada lado de la moneda de la rivalidad de Ellie y Abby, te obliga a ampliar tu perspectiva sobre el mundo en el que se mueven. Ya no se trata de ver lo blanco, lo negro, ni lo gris, sino de mirar los diferentes colores que hacen que el mundo de TLOU2 tenga vida.   

Y eso es lo lindo de un juego que está lejos de ser una obra maestra. Lo digo por los flashbacks que en TLOU2 quitan ritmo a la historia, o lo hacen extraño, como una especie de cliffhanger que no funcionó. A eso se añade que el juego intenta demasiado ser serio y trágico, lo cual le quita color y calor a ciertos momentos, mientras hace predecibles a otros.  

Pero con todo y eso, TLOU2 no merece las reseñas negativas que está recibiendo. Algunas nacidas del rechazo como mecanismo de defensa ante la muerte del anterior protagonista, otras como la expresión de que estamos en un momento en el que tal vez no queremos enfrentar la ambigüedad de la vida y muchas más como el resumen de personas ventilando sus prejuicios, condenando algo que ni siquiera terminaron de jugar.

Tus fijaciones son cosa tuya. Buscar la muerte más romántica de un hombre que no es un héroe, no es motivo para odiar algo. Y no porque te duela, significa que es malo. Insisto: TLOU2 no es una obra maestra, es efectiva. Es una buena historia, en un buen juego, que más allá de lo narrativo, no nos trae nada novedoso.

En resumen: The last of us part II es un juego con mecánicas demasiado familiares, de espectacular calidad visual y cinematográfica, que se mueve con un guion ambicioso y bien pensado que nos obliga a vivir los dos lados de la moneda en la historia de una rivalidad y de todas las consecuencias que trae el ciclo de la venganza. Es un buen juego, pese a lo que dicen la mayoría de las reseñas, que solo nos recuerdan que no nos tiene que gustar lo mismo a todos, pero que siempre es importante basar nuestras opiniones en nuestras experiencias y no en las proyecciones de los demás. 

Incluyendo esta columna.
 

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